Plasencia, junto al río Jerte y en el norte de Cáceres, es una de las ciudades más monumentales de Extremadura. Fundada en 1186 por Alfonso VIII, fue sede episcopal, lo que explica la abundancia de palacios e iglesias. Su casco histórico, declarado conjunto histórico-artístico, conserva la trama medieval con muralla, casonas y templos góticos. Esta lista reúne diez monumentos imprescindibles para comprender su evolución, desde la Catedral hasta el Acueducto y la Plaza Mayor, el corazón de la ciudad desde hace siglos.
El criterio de selección ha sido la relevancia histórica y arquitectónica, así como la variedad de estilos, usos y funciones. Se ha querido reunir tanto edificios religiosos como civiles, representativos de distintas épocas. La lista abarca desde el conjunto catedralicio hasta la Plaza Mayor, pasando por palacios nobiliarios y elementos urbanos como la Muralla y el Acueducto. Además, la mayoría de ellos pueden visitarse fácilmente o contemplarse desde el espacio público, lo que permite un agradable paseo a pie por la historia de Plasencia.
1La Catedral de Plasencia (conjunto catedralicio)
El conjunto catedralicio de Plasencia es, en realidad, dos catedrales adosadas longitudinalmente: la Catedral Vieja de Santa María, iniciada a comienzos del siglo XIII en románico de transición al gótico, y la Catedral Nueva, cuyas obras arrancaron en 1498 y nunca llegaron a terminarse, desistiendo el cabildo en 1761. Ese carácter inacabado, lejos de restarle interés, lo convierte en un caso casi único en España: al caminar entre sus muros se percibe el proceso constructivo de un gran templo como una fotografía detenida en el tiempo, con la obra renacentista "tragándose" a la medieval y reutilizando incluso sus sillares. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 y hoy es Bien de Interés Cultural, además de un hito urbano con peso simbólico: a sus puertas juró Fernando el Católico defender los fueros de la ciudad, y en su interior se custodian siglos de historia de la diócesis.
Dentro, lo más llamativo es el contraste de estilos. De la Catedral Vieja se conservan la portada románica con su rosetón, el claustro de inspiración cisterciense con una fuente gótica del siglo XV y la Capilla de San Pablo, conocida como Torre del Melón, un cimborrio del grupo de Zamora y Salamanca rematado por una bola estriada; hoy alberga además el Museo Catedralicio, con pinturas de Luis de Morales o Gérard David. La Catedral Nueva despliega sus tres fachadas platerescas —la norte, obra de Juan de Álava, es el culmen del estilo— y un interior de bóvedas elevadas donde destacan el retablo mayor con esculturas de Gregorio Fernández y pinturas de Francisco Ricci, la sillería del coro de Rodrigo Alemán y la reja plateresca que la protege. La visita se completa con el Enlosado, desde donde se divisa el perfil de la Torre del Melón.
