Las princesas del Antiguo Egipto no eran un adorno: sus huesos demuestran que usaban armas de verdad

Un equipo de investigadores egipcios y británicos vuelve a analizar los esqueletos de Dahshur y confirma que las marcas de desgaste son propias de quien tensó arcos y empuñó dagas de verdad. Adiós al mito de las princesas florero.

Las princesas egipcias no se pasaban el día tocando el arpa. Ni esperando al príncipe azul con el Nilo de fondo. Un nuevo análisis de sus huesos lo deja claro: empuñaban armas de verdad, y a juzgar por las marcas, las usaban bastante. La arqueología acaba de darle un revolcón al tópico de la princesa florero que la egiptología clásica había mantenido durante más de un siglo.

Adiós a la princesa decorativa: los huesos no engañan

Cuando en 1895 el arqueólogo francés Jacques de Morgan desenterró las tumbas de la necrópolis real de Dahshur, aparecieron joyas, amuletos y un buen puñado de armas junto a los cuerpos de varias princesas. La interpretación de la época fue rápida y cómoda: eran ajuares simbólicos, un detalle de prestigio vinculado al título mesu-nisut ("Hijas del Rey"), no herramientas de combate. Durante más de cien años la idea se quedó ahí, sin que nadie se molestara en mirar los esqueletos con otros ojos.

Hasta ahora. Un equipo liderado por Zeinab Hashesh, de la Universidad de Beni-Suef, y con colaboradores británicos, ha vuelto a examinar los restos del rey Hor y de cinco mujeres de la realeza: Ita, Khenmet, Itaweret, Noub-Hotep y una quinta sin identificar (probablemente la princesa Sathathormeryt). Lo que han encontrado ha cambiado las reglas del juego.

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Los huesos no mienten. Las cinco princesas presentan un desarrollo muscular desproporcionado en las inserciones del hombro, el brazo y la mano. Es el mismo patrón que deja quien tensa un arco de forma repetida. Pero hay más: en Ita aparecen adaptaciones óseas consistentes con el manejo continuado de dagas o mazas, y Noub-Hotep tiene un metacarpiano arqueado, una deformación típica de los arqueros que disparan flechas con regularidad. El entrenamiento no era un pasatiempo de palacio; era una rutina intensa.

Que las princesas entrenaran con armas no significa que comandaran ejércitos, pero sí que su papel era más activo de lo que el tópico de la 'Hija del Rey' nos había hecho creer.

Lo que dicen (y lo que callan) los esqueletos

El estudio, publicado en Frontiers in Environmental Archaeology, es el primer análisis osteológico completo del grupo desde 1895. Aquellos cuerpos pasaron más de cien años almacenados en el Museo Egipcio de El Cairo sin que nadie los tocara. En 2020, el Bioarchaeological Remains Curation Project los rescató para radiografiarlos y analizarlos con técnicas modernas, desde espectroscopia infrarroja hasta estudios biomecánicos.

Los resultados son un mazazo para la vieja escuela. Las marcas de desgaste encajan con gestos muy concretos: tensar la cuerda del arco, rotar el antebrazo para golpear con una maza, sujetar un escudo. Y no son lesiones aisladas, sino un patrón simétrico y bilateral. En el caso de Ita además de las marcas de hombro y brazo, se aprecian inserciones musculares propias de quien maneja armas cortas a diario. La ciencia pone en jaque la idea de que las armas de los ajuares femeninos eran meros adornos.

Eso sí, los propios investigadores piden cautela. Cinco princesas son una muestra muy reducida para generalizar. Faltan los cráneos de casi todos los individuos y la conservación es parcial. Además, las alteraciones óseas no aclaran si esas mujeres cazaban, se entrenaban para la guerra o participaban en combates reales. Lo único seguro es que sus cuerpos acumulaban el mismo desgaste que los de un arquero profesional.

Más allá del mito: ¿guerreras, cazadoras o simplemente en forma?

Aquí es donde conviene separar el hype de la arqueología seria. Durante décadas, la egiptología asumió una división de tareas por género: los hombres luchaban, las mujeres tejían y gestionaban el hogar. Cualquier indicio de actividad física femenina se interpretaba como excepción o simbolismo. Este estudio derriba ese prejuicio de un plumazo, pero no convierte a las princesas en una división de operaciones especiales.

La cultura del Antiguo Egipto ya conocía mujeres con poder militar, como la reina Ahhotep, a quien se le atribuye haber dirigido tropas durante la expulsión de los hicsos. Quizás estas princesas de Dahshur formaban parte de una élite que, además de gobernar, manejaba el arco por prestigio, por deporte o para defender el palacio. Lo que ya no se puede sostener es que las armas de sus tumbas fueran bisutería ritual.

El hallazgo abre una puerta fascinante y deja claro que los estereotipos de género del siglo XIX han condicionado lo que creíamos saber sobre el pasado. A veces hace falta un radiólogo y un poco de sentido común para ver lo que tenemos delante de las narices — y de los huesos.

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El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? Un análisis de los esqueletos de varias princesas egipcias revela marcas de desgaste compatibles con el uso real de arcos, mazas y dagas.
  • 🔥 ¿Por qué importa? Rompe el tópico de que las armas en tumbas femeninas eran solo decorativas y obliga a repensar el papel de las mujeres de la élite egipcia.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es un mazazo histórico a los estereotipos de género que arrastra la arqueología desde el siglo XIX. Y sí, mola bastante.