Gianni Infantino se ha quedado solo. O casi. La FIFA está en su enésimo incendio y esta vez no es un miembro cualquiera quien le planta cara, sino Kevin Loumar, director de operaciones del organismo, que acaba de soltar un misil que ha dejado temblando los cimientos de Zúrich.
Qué ha pasado con Kevin Loumar
En un comunicado remitido a Associated Press, Loumar ha sido demoledor: el personal ha sido “engañado” con la venta de una parte del Mundial y el proyecto de crear una filial comercial para ceder participaciones a inversores externos es, literalmente, “de una sola persona”. Gianni Infantino, en solitario.
El directivo ha ido incluso más allá ante las cámaras de la BBC, asegurando que lo que se ha anunciado en los últimos días —y lo que ha estado ocurriendo entre bastidores— “desafía toda lógica e imaginación”. Una frase que retrata el clima de opacidad que se respira en la cúpula del fútbol mundial.
Loumar no ha presentado su dimisión, pero ha dejado claro que no le tiembla el pulso: “Si eso significa que pierdo mi trabajo, que así sea. Al menos dormiré bien esta noche”. Toda una declaración de guerra.
Por qué esta crisis es diferente
La salida de Carlos Cordeiro, asesor sénior que dimitió horas antes, ya había encendido las alarmas. Pero que ahora sea el responsable de operaciones quien alce la voz cambia las reglas del juego. Loumar no es un perfil técnico ni un veterano retirado: es la persona que hace funcionar el día a día de la FIFA. Su rebeldía es un síntoma de que la desconexión entre Infantino y su propia administración es total.
El fondo de la disputa es la privatización encubierta del Mundial. Infantino pretende que la FIFA deje de controlar sus eventos estrella en exclusiva y permita a inversores privados meter mano en el negocio. Un movimiento que, según Loumar, se ha cocinado sin transparencia y pisoteando al resto de la plantilla. “Todos queremos sentirnos orgullosos de trabajar para la FIFA, y hoy, lamentablemente, ya no es así”, ha lamentado.
La FIFA no recuerda una rebelión interna tan grave desde los días de Blatter.
La grieta es tan profunda que el propio Loumar ha apelado a los dirigentes políticos del fútbol para que tomen las riendas y frenen el plan. “Este proyecto no solo no debe seguir adelante, sino que ha llegado el momento de que se hagan las preguntas correctas”, ha sentenciado.
¿El principio del fin para Infantino?
Aunque Infantino ha sobrevivido a numerosos escándalos, este tiene una pinta distinta. La oposición ya no viene solo de las federaciones díscolas o de los medios, sino de dentro de su propia oficina. Cada nuevo comunicado de un alto cargo debilita su autoridad y apuntala la imagen de un presidente que gobierna a golpe de ocurrencia y sin consenso.
En los próximos días toca ver si Loumar formaliza su renuncia, cómo reacciona el Consejo de la FIFA y si aparecen más voces críticas. Porque cuando el director de operaciones te acusa de engaño e intimidación, la única salida airosa suele ser un portazo. Y ese portazo ya está a medio abrir.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 Qué ha pasado: Kevin Loumar, director de operaciones de la FIFA, acusa a Infantino de engañar a la plantilla y de gestionar el organismo como un proyecto personal.
- 🔥 Por qué arde: Es el segundo alto cargo que planta cara en 24 horas y la rebelión interna compromete el plan de privatizar el Mundial.
- 📲 Lo que viene: Se espera la posible dimisión de Loumar y la reacción del Consejo de la FIFA ante la fractura total de la cúpula.


