El escudo de azúcar que ayuda a pacientes con cáncer a vivir más tiempo

Una investigadora ha encontrado la forma de blindar con azúcar las células que combaten el cáncer, logrando que sobrevivan el doble de tiempo en los primeros ensayos. Su hallazgo podría abaratar y mejorar una de las terapias más prometedoras contra los tumores.

El azúcar que llevamos años evitando en la báscula podría convertirse en un aliado inesperado contra el cáncer. Así lo defiende una investigación de la Universidad Internacional de Florida que ha encontrado un "escudo protector" hecho de azúcares capaz de ayudar a las células inmunitarias a resistir mejor los ataques del tumor.

No hablamos del azúcar de mesa, sino de una capa de moléculas que recubre nuestras células por dentro y por fuera. Los científicos la han modificado para hacer más eficaz la inmunoterapia CAR-T, y los primeros resultados en animales han doblado el tiempo de supervivencia frente a la terapia estándar.

Cómo funciona el escudo de azúcar contra el cáncer

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La investigadora nicaragüense Lee Seng Lau lidera el proyecto en la FIU junto al profesor Charles Dimitroff, y su punto de partida es sencillo: las células usan azúcares en su superficie para comunicarse entre ellas y enviarse señales. El cáncer aprovecha ese lenguaje para desactivar a los glóbulos blancos antes de que hagan su trabajo.

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El equipo decidió intervenir justo ahí. Al modificar genéticamente esa cubierta de azúcares en las células CAR-T, lograron bloquear la interacción que el tumor utiliza para crear un ambiente hostil a su alrededor. El resultado: células inmunitarias más resistentes y con mayor capacidad de ataque.

Qué es la terapia CAR-T y por qué el azúcar la mejora

El azúcar no solo endulza nuestra dieta, también forma parte de estructuras biológicas esenciales, y ahí es donde entra la inmunoterapia CAR-T, un tratamiento que modifica genéticamente los glóbulos blancos del propio paciente para que reconozcan y destruyan las células tumorales. El estudio, publicado en Frontiers in Immunology, analizó muestras de sangre de 62 personas, entre sanas y con linfoma.

Los investigadores probaron después cómo se comportaban esas células modificadas en ratones con cáncer sometidos a la terapia. La diferencia fue notable: los animales que recibieron las células con el azúcar alterado sobrevivieron el doble de tiempo que aquellos tratados con la terapia convencional, sin ninguna otra modificación.

Un tratamiento que podría llegar a más pacientes

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Uno de los grandes obstáculos de la terapia CAR-T actual es su coste, que en España puede rondar los 300.000 euros por paciente según los datos disponibles sobre fármacos ya aprobados. Lau explica que, si las células modificadas son más eficaces, harán falta menos unidades para lograr el mismo efecto terapéutico.

Eso abre la puerta a tratamientos más baratos y accesibles, algo especialmente relevante en un tipo de terapia que hasta ahora ha quedado reservada a un número limitado de hospitales y pacientes. La propia investigadora reconoce que el hallazgo podría beneficiar sobre todo a quienes hoy no responden bien a la inmunoterapia convencional.

De la sangre a otros tipos de tumores

Por ahora, el trabajo se ha centrado en cánceres de la sangre, como la leucemia y el linfoma, que son también los primeros en los que la terapia CAR-T ha demostrado resultados sólidos en la práctica clínica. Es el terreno natural donde probar primero cualquier mejora antes de dar el salto a tumores más complejos.

El equipo de la FIU ya mira más allá. Su siguiente objetivo es comprobar si esta misma estrategia de modificar los azúcares celulares puede aplicarse a tumores sólidos, mucho más difíciles de tratar con inmunoterapia por el entorno hostil que generan a su alrededor.

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Entre los próximos pasos de la investigación destacan:

  • Ampliar los ensayos a cáncer de ovario y de mama, dos tumores sólidos donde la CAR-T apenas ha dado resultados hasta ahora.
  • Confirmar la seguridad del procedimiento en modelos animales más avanzados antes de pasar a humanos.
  • Buscar financiación para iniciar los primeros ensayos clínicos en pacientes oncológicos.
  • Colaborar con otros centros para validar los resultados de forma independiente.

Lo que viene: una inmunoterapia más inteligente

La ciencia lleva décadas viendo el cáncer como una guerra de fuerza bruta, y este hallazgo apunta a algo distinto: entender el lenguaje químico que usan las células para comunicarse y aprovecharlo a nuestro favor. Es un cambio de enfoque tan sutil como prometedor.

Todavía queda camino hasta que este escudo de azúcar llegue a un hospital español, pero el mensaje de fondo es alentador. La combinación de una terapia ya aprobada con una mejora relativamente sencilla de aplicar podría acercar la inmunoterapia a muchos más pacientes de los que hoy pueden acceder a ella.