Si hoy llegas tarde y lo último que te apetece es meterte en la cocina, estas tres recetas de calabacín al microondas te van a venir de perlas. No necesitas horno, ni sartén, ni tiempo: en 10 minutos tienes una cena completa sin ensuciar apenas nada.
El truco infalible para que no se convierta en una sopa
La gran barrera mental con el calabacín al microondas es el miedo a que quede aguado. Pero el truco es bien sencillo: precocínalo tres minutos y retira todo el líquido antes de añadir los demás ingredientes. Corta el calabacín en rodajas finas, mételo en un recipiente apto para microondas y dale tres minutos a máxima potencia. Después, saca el agua que ha soltado con cuidado y listo. Así partes con una base firme.
Frittata exprés con tomate y feta: la original
Añade unos tomates cherry partidos por la mitad y tacos de queso feta directamente sobre el calabacín ya seco. Bate dos huevos con sal y pimienta, viértelos encima y remata con otro pellizco de queso. Cocina en intervalos de minuto y medio, vigilando que los bordes estén firmes y el centro cuaje sin pasarse. Deja reposar dos minutos fuera del microondas para que la estructura del huevo asiente y no te quede líquido en el interior.
Si tu microondas tiene función grill, dale un golpe al final para que el queso se gratine un poco. La textura cambia por completo.
Pero la gracia de esta base es que puedes improvisar con lo que tengas en la nevera. Aquí van dos giros que te van a gustar.
Si no escurres el calabacín después de los tres minutos de micro, la frittata se convierte en sopa. Sin más.
Mediterránea: aceitunas y orégano para darle carácter
Puedes añadir un puñado de aceitunas negras cortadas y una pizca de orégano seco justo antes de los huevos. El punto salado de las aceitunas contrasta con la suavidad de la verdura y el resultado tiene un aire rústico que te sorprende. El proceso de cocción y reposo es idéntico. No falla.
Caprese con mozzarella: el capricho que hila
Sustituye el queso feta por mozzarella rallada y, en el último momento, espolvorea albahaca fresca picada. La mozzarella funde y crea una textura elástica e hilada que resulta mucho más satisfactoria. El contraste de la albahaca fresca al final lo eleva todo. Si además activas el grill, consigues esa costra dorada que pide a gritos un trozo de pan.
¿De verdad cunde más que pedir una pizza?
He probado las tres variantes en semanas de mucha prisa y, sinceramente, salvan la cena con una limpieza ridícula. No sustituyen a un plato de dieta estricta, pero para esas noches de pereza máxima son un puntazo. En diez minutos reales, sin humos ni cacharros, tienes un plato caliente, sabroso y que no repite. Y si controlas la cantidad de tomate para no añadir humedad extra y no te saltas el reposo, el resultado es tan digno como una tortilla al horno de las de toda la vida.
💡 El truco del almendruco
Tiempo total: 8-10 minutos. Nivel de dificultad: fácil. Un consejo extra en una frase corta: “No te saltes el reposo de 2 minutos o el centro te quedará líquido”.



