Esta semana hemos conocido la cancelación por parte de PlayStation Studios de Physint, un proyecto esperadísimo del reputado creador Hideo Kojima (Metal Gear, Death Stranding...). Y casi que ni nos sorprende; porque esto ha sido, más bien, el último eslabón de una cadena de decisiones incomprensibles que llevan meses erosionando la confianza de los jugadores y que, sumadas, dibujan un panorama tan difícil de explicar como de justificar.
Sony sigue dominando el mercado de las consolas, sí, pero su imagen de marca se encuentra en uno de los momentos más delicados de su historia. Esa imagen de marca que durante décadas fue sinónimo de apuestas creativas, alianzas con autores de primer nivel y títulos que definían generaciones.
Este Physint, el juego de acción y espionaje presentado en enero de 2024 por Kojima Productions, como heredero espiritual de la saga Metal Gear, era el mejor ejemplo de asociación con un título que te va a dar prestigio. Tras los comunicados de PlayStation y del propio Kojima, ahora sabemos que el acuerdo terminó a mediados de junio y que la decisión fue unilateral. Tras casi 30 años de relación profesional con PlayStation, el creador japonés se enteró de que su proyecto era descartado por una notificación inesperada, según relató.
Para colmo, Xbox, la competencia directa, recogió el guante sin dudarlo. En cuestión de semanas, Kojima Productions alcanzó un acuerdo con la división de videojuegos de Microsoft para continuar el desarrollo de Physint bajo su paraguas editorial, sumándose así a OD, el otro título que ambas partes ya tenían en marcha.
Lo peor es que el compromiso de Sony con Physint parecía firme. En septiembre de 2025, Hermen Hulst, máximo responsable de Sony Interactive Entertainment, participó en un vídeo para el décimo aniversario de Kojima Productions en el que aseguró estar deseando ver hacia dónde llevaba la colaboración. Meses después, en febrero de 2026, nueve ejecutivos de Sony viajaron a Japón para visitar las oficinas del estudio. Ese mismo encuentro coincidió con la proyección de un tráiler no confirmado oficialmente.
¿Qué cambió entre febrero y junio? PlayStation no ha ofrecido una respuesta clara más allá de un comunicado corporativo que habla de "una cuidadosa reflexión" y de una relación que "sigue siendo sólida". Al final, el resumen es que Sony ha dejado marchar a uno de los autores más relevantes de la industria directamente a los brazos de su rival.
El cementerio de estudios y juegos cancelados de PlayStation
Pero esto es solo parte de una dinámica que viene repitiéndose desde el inicio de la generación de PS5 y que ha convertido a PlayStation Studios en algo muy diferente a lo que fue durante los años de PS4, qué te voy a contar...
Desde 2019, Sony adquirió cerca de una docena de estudios con el objetivo declarado de reforzar su catálogo de exclusivos y ampliar su presencia en nuevos mercados. El resultado ha sido, en muchos casos, exactamente el contrario.

Firewalk Studios, comprado en 2023, fue cerrado en octubre de 2024 tras el estrepitoso fracaso de Concord, un hero shooter que apenas sobrevivió dos semanas en el mercado y que, según diversas fuentes, habría costado más de 200 millones de dólares de presupuesto, tal y como publicó Kotaku. El juego vendió unas 25.000 copias en su primera semana y ocupó el puesto 147 en el ranking de juegos de PlayStation más jugados. Sony retiró el juego de la venta, cerró el estudio y dejó sin empleo a 172 personas. Junto a Firewalk cayó Neon Koi, el estudio de juegos para móviles que tampoco logró lanzar ningún producto.
En febrero de 2026, Bloomberg informó del cierre de Bluepoint Games, el estudio texano fundado en 2006 y adquirido por Sony en 2021 tras el aclamado remake de Demon's Souls. Bluepoint no publicó ningún juego desde su adquisición. Según las informaciones publicadas por Jason Schreier, el equipo fue redirigido hacia un proyecto de God of War como juego como servicio que acabó cancelado en enero de 2025. Sin otra asignación clara, PlayStation decidió echar el cierre en marzo de 2026, dejando a unos 70 empleados en la calle. Además, la pérdida de Bluepoint resulta especialmente simbólica porque era un estudio que funcionaba, que generaba beneficios y que tenía una identidad reconocible para millones de jugadores. Simplemente no encajaba en la nueva hoja de ruta.
A estos cierres hay que sumar los de Japan Studio, London Studio y Firesprite, además de los despidos sufridos por equipos como Insomniac Games o Bungie, esta última adquirida por 3.600 millones de dólares y sumida en una crisis que ha visto cómo Destiny 2 pasaba de 300.000 jugadores simultáneos en Steam a apenas 10.000, según datos que extraemos de SteamDB. En total, durante la generación de PS5, Sony ha cerrado al menos seis estudios propios y ha cancelado más de una docena de proyectos, muchos de ellos vinculados a la apuesta fallida por los juegos como servicio que impulsó el anterior CEO, Jim Ryan. La estrategia que debía dominar el mercado ha terminado siendo un lastre que arrastra el legado creativo de la compañía.
Estudios como Bend Studio, responsables de Days Gone, llevan prácticamente toda la generación encadenando proyectos descartados y cambios de rumbo, y Haven Studios, la compra personal de Jade Raymond, sigue sin haber lanzado Fairgame$, un título cuyas pruebas internas fueron tan negativas que provocaron la salida de su propia fundadora. Es un desastre.
Subida de precios y adiós a los juegos físicos
Y seguimos para bingo, porque si la gestión de los estudios y los proyectos creativos ha sido cuestionable, la política de precios de Sony durante los últimos años merece un capítulo aparte. La PS5 se lanzó en noviembre de 2020 a un precio de 499 euros en su versión estándar y 399 euros en la edición digital. Desde entonces, la consola no ha dejado de encarecerse, algo inédito en la historia del sector, donde las máquinas siempre tendían a abaratarse con el paso del tiempo.
La primera subida llegó en 2022, con un incremento de 50 euros en algunos modelos. En abril de 2025, la versión digital volvió a encarecerse otros 50 euros. Y en abril de 2026, Sony aplicó la subida más agresiva hasta la fecha, con aumentos de hasta 100 euros en todos los modelos. La PS5 estándar pasó a costar 650 euros, la digital 600 y la PS5 Pro alcanzó los 900 euros.
Para poner esto en perspectiva, en apenas seis años la PS5 estándar se ha encarecido un 30 % respecto a su precio de lanzamiento. La compañía achacó la medida a "las presiones continuas del panorama económico mundial", pero el argumento no ha convencido a una comunidad harta de ver cómo luego en los informes financieros las compañías no hacen más que declarar más y más beneficios.

A la subida de las consolas se sumó la prueba de los precios dinámicos en PS Store y, en mayo de 2026, el encarecimiento de PlayStation Plus. La suscripción mensual del plan Essential pasó de 8,99 a 9,99 euros, y la trimestral de 24,99 a 27,99 euros. Miles de jugadores anunciaron la cancelación de sus suscripciones, y muchos señalaron la ironía de que Xbox acabara de bajar el precio de Game Pass justo antes de que Sony decidiera subir el de su servicio. Y, bueno, lo de que en 2026 se siga cobrando por acceder al juego online sigue siendo algo inverosímil.
Sea como fuere, Sony tiene varios legales abiertos simultáneamente. En los Países Bajos, la organización de defensa del consumidor Massaschade & Consument presentó una demanda colectiva acusando a PlayStation de mantener precios "artificialmente altos" en PlayStation Store, con una estimación de daños que ronda los 457 millones de euros. En Estados Unidos, un grupo de jugadores demandó a la compañía en mayo de 2026 por considerar que se benefició doblemente de los aranceles impulsados por el gobierno de Donald Trump. Y en el Reino Unido, Sony enfrenta una reclamación de aproximadamente 7.900 millones de dólares relacionada con las comisiones de su tienda digital.
Como colofón, el pasado 1 de julio, Sony anunció que a partir de enero de 2028 dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation. La decisión provocó un movimiento de protesta entre los jugadores, que organizaron un blackout de una semana desconectándose de sus consolas. La polémica se avivó aún más cuando, pocos días después del anuncio, Sony promocionó su nuevo tocadiscos de vinilo invitando a los consumidores a "redescubrir la calidez del formato físico", una contradicción que los usuarios no dejaron pasar por alto. Ahora, en cada comunicación pública de PlayStation o de sus estudios no faltan las respuestas masivas de usuarios recriminando la eliminación de los discos.

Lo que resulta más llamativo de todo este relato no es que una empresa cometa errores, porque todas lo hacen. Lo que llama la atención es el patrón. PlayStation construyó su posición de dominio durante décadas apostando por los creadores, por las obras que trascendían lo comercial y se convertían en referentes culturales. Desde la primera colaboración con Naughty Dog hasta los acuerdos con Kojima, pasando por Japan Studio, Bluepoint o Santa Monica, el mensaje siempre fue que en PlayStation se hacían cosas que no se hacían en ningún otro sitio. Ese era el factor diferencial respecto a sus competidores. No era una cuestión de hardware ni de precio; es identidad.
La generación de PS5, sin embargo, ha estado gobernada por la obsesión por los juegos como servicio, las adquisiciones agresivas sin un plan claro de integración, las subidas de precio continuadas, el abandono del formato físico sin ofrecer contrapartidas al consumidor y, ahora, la ruptura con Hideo Kojima. Todo configura una imagen que se parece cada vez menos a la compañía que millones de jugadores aprendieron a admirar. Sony sigue vendiendo más consolas que nadie, pero la cuestión que flota en el ambiente es cuánto tiempo puede mantenerse esa ventaja si el vínculo emocional con su comunidad sigue deteriorándose a este ritmo. Y esa es una pregunta que las hojas de cálculo, por muy bien que cuadren los números del trimestre, no saben responder.



