Tokio, 22 de julio de 2026. El termómetro roza los 35 grados, la guerra de Irán ha puesto el petróleo por las nubes y la gobernadora Yuriko Koike ha tenido una idea: que los funcionarios vayan a la oficina en pantalón corto. No es una broma. En abril, la administración metropolitana autorizó a sus empleados masculinos a enseñar las piernas. El gesto pretende aliviar la factura energética y dar ejemplo al sector privado, pero los resultados están siendo más divertidos que las previsiones.
Una tradición de veinte años que ahora se sube de tono
El invento no es nuevo. En 2005, Japón lanzó la campaña Cool Biz, un plan de ahorro energético que pedía a los oficinistas dejar la chaqueta y la corbata en casa. La lógica era sencilla: si los empleados van más frescos, el aire acondicionado puede ponerse a 28 grados sin que nadie se derrita. Aquello costó, pero hoy casi nadie usa corbata en verano. Koike, entonces ministra de Medio Ambiente, fue la artífice. Ahora, como gobernadora, ha vuelto a la carga: “Por favor, pantalón corto”.
Su oficina lo presentó como una medida de sentido común en plena crisis energética. Japón importa el 90% de su petróleo por el estrecho de Ormuz, cerrado desde principios de año, y cada kilovatio cuenta. La reacción, sin embargo, está siendo un termómetro sociológico.
El 16% que se atrevió y el ejército de los pantalones largos
Un periodista de The New York Times se plantó la semana pasada en la oficina de Noboru Watanabe, un funcionario de 53 años que se había sumado a la iniciativa. Contó once hombres con shorts entre setenta empleados: apenas un 16%. Watanabe reconoce que al principio le daba vergüenza. “Ahora me siento más joven”, suelta, como quien confiesa una aventura clandestina.
La mayoría prefiere seguir achicharrándose con traje. Una columna de The Japan Times lo resumió con ironía: “El Gobierno quizás ha ido demasiado lejos”. Incluso un empresario nipón de 56 años explicó que en sus viajes a Pakistán, Tailandia o Filipinas nunca ha visto a nadie en shorts durante una reunión importante. El choque entre clima, ahorro y etiqueta está servido.
El verdadero nudo, sin embargo, no es solo el qué dirán. En Japón se ha acuñado un concepto nuevo que da para un artículo entero: sune-hara, o “acoso por el vello de las piernas”.
De los gemelos al debate de género
Ahora que los hombres pueden mostrar las piernas, algunas voces preguntan: ¿sentirán ellos la presión que cargan las mujeres para tenerlas impecables? ¿Por qué a un funcionario se le permite el vello y a su compañera se le sigue exigiendo depilación, medias o faldas largas? La usuaria de Weekly Women’s Prime que lanzó la polémica lo clavó: “Si es aceptable que los hombres enseñen las piernas, las nuestras también deberían serlo”.
La campaña Cool Biz nació para ahorrar energía, pero ha terminado removiendo los cimientos de la oficina japonesa. Con las temperaturas disparadas y la gobernadora aferrada a su idea, lo que está en juego ahora no es solo el pantalón corto: es quién puede mostrar qué y por qué. El sune-hara no es solo pelo, es el espejo incómodo de una sociedad que cambia de ropa pero aún no sabe cómo cambiarse de normas.
El conflicto no es el pantalón corto, sino todo lo que este destapa: una etiqueta de género heredada que ya se tambalea.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Tokio permite pantalón corto a sus funcionarios para ahorrar energía; solo uno de cada seis hombres se atreve.
- 🔥 ¿Por qué importa? La medida revive la campaña Cool Biz y saca a la luz el debate del sune-hara, un doble rasero estético y laboral.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? A más de 35 grados, la discusión japonesa sobre piernas y pelo nos toca a todos: ¿hasta dónde llega la etiqueta cuando el planeta se calienta?




