Jensen Huang vuelve a Japón y reconoce su deuda con Sega: la inversión de 5 millones que salvó a Nvidia

El CEO de la empresa más valiosa del mundo viajó a Tokio para agradecer a Sega una inyección de 5 millones de dólares que evitó la quiebra en 1995. Aquella inversión, hoy, se habría convertido en un billón de dólares.

Si hoy Nvidia vale cinco billones de dólares, en 1995 no valía ni lo que un coche de segunda mano. Tres amigos en un garaje con un chip equivocado y una cuenta atrás de 30 días para la quiebra. Su CEO, Jensen Huang, acaba de volar a Japón para darle las gracias a Sega —la empresa que le tendió la mano cuando no había garantías— y de paso recordarnos que la historia del negocio techno está llena de 'what ifs' que duelen más que un pisotón en el metaverso.

El NV1: cuando apostar por la geometría equivocada te sale caro

El primer chip de Nvidia, el NV1, usaba superficies curvas para el renderizado. Una idea con buena pinta en el papel. Pero Microsoft acababa de imponer DirectX y su método basado en triángulos como estándar de la industria del PC. El NV1 quedó en papel mojado y los pedidos que Sega había hecho para la Dreamcast se cancelaron de golpe. La consola de Sega terminó montando un PowerVR de NEC, y Nvidia se quedó sin su tabla de salvación.

La caja de la compañía apenas daba para un mes más de nóminas. Jensen Huang contaba después que solo le quedaba un cartucho: ser honesto. Voló a Tokio, se plantó ante Irimajiri Shōichirō, el presidente de Sega, y le soltó algo así como: «Si inviertes este dinero, lo vas a perder. Pero si no lo haces, quebramos y ya no tendrás ninguna posibilidad».

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La jugada kamikaze de Huang: 'Si inviertes, perderás tu dinero'

Irimajiri, que apreciaba a aquel joven fundador, se la jugó. Convenció a la junta directiva de de aportar 5 millones de dólares de la época. Un gesto que compró a Nvidia medio año de oxígeno y que Huang ha calificado 30 años después como el momento que diferenció a una empresa viva de una quebrada.

Con ese dinero, Nvidia se centró en un chip triangular: el RIVA 128. Salió en 1997 y vendió un millón de unidades en cuatro meses. Luego vino la GeForce 256, la salida a bolsa en 1999, y el resto es historia. Sega vendió sus acciones poco después por 15 millones de dólares —triplicó la inversión—, pero el verdadero pelotazo no estaba en vender, sino en no vender.

Nvidia era una apuesta kamikaze en 1995, y 30 años después, esa decisión es la que ha financiado la era de la IA.

El 'what if' que vale un billón (y un dolor de estómago para Sega)

Huang no oculta la cifra: si Sega hubiera aguantado aquellas acciones, hoy valdrían cerca de un billón de dólares. Él mismo lo ha dicho con una sonrisa, pero en el mundo de Silicon Valley esa clase de confesiones son puñaladas retrospectivas. Sega no hizo un mal negocio —triplicar en cuatro años no está nada mal—, pero el mercado de los gráficos y la IA la ha convertido en la protagonista de uno de los mayores «y si...» de la historia corporativa.

El viaje de Huang a Japón también sirvió para agradecer a Yu Suzuki, el creador de Virtua Fighter, cuyo trabajo pionero en 3D fue una base técnica para los gráficos de PC. Treinta años de colaboración entre una Sega que ya no fabrica consolas y una Nvidia que domina el planeta.

La lección de liderazgo que pocos CEOs se atreven a imitar

En un ecosistema donde los pitchs suelen ir cargados de triunfalismo, la jugada de Huang en el 95 es un raro ejemplo de transparencia radical. No fue a vender humo; fue a decir que la tecnología era incorrecta y que el dinero se evaporaría. Esa honestidad le valió el cheque y, tres décadas después, el gesto de volver a Japón para homenajear a quienes confiaron en él. El mundo tech está lleno de empresas que estuvieron al borde del abismo —Apple, AMD, la propia Microsoft—, pero pocas pueden contar una historia de salvación tan humana y tan brutalmente rentable.

Hype-O-Meter

Nivel de hype: 9/10. No es un lanzamiento ni un producto, es un capítulo de la historia del tech que parece guion de Hollywood. La anécdota tiene emoción, honestidad y un «what if» de esos que quitan el sueño. Le bajo un punto porque el titular de «casi un billón perdido» es un poco clickbait del bueno —al fin y al cabo, Sega triplicó su inversión y nadie llora por haberse quedado sin Bitcoin en 2011—, pero la historia es de las que dejan huella.

El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? Jensen Huang volvió a Japón para dar las gracias a Sega por los 5 millones que salvaron a Nvidia en 1995.
  • 🔥 ¿Por qué importa? Aquel gesto permitió que Nvidia no quebrara y hoy valga cinco billones de dólares. Si Sega no hubiera vendido, tendría un billón.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es un recordatorio de que la honestidad en los negocios puede ser la apuesta más rentable, aunque entonces parezca una locura.