Científicos crean células artificiales con ADN de laboratorio que se alimentan, crecen y se multiplican

El ADN ya no es solo una molécula que se lee: ahora también se escribe desde cero, letra a letra, para dar vida a algo nuevo. Un equipo de la Universidad de Minnesota acaba de anunciar SpudCell, una célula artificial construida íntegramente con componentes químicos no vivos que se alimenta, crece, copia su material genético y se divide.

El hallazgo, presentado el 2 de julio, no ha pasado aún por revisión de pares —la revista Cell lo rechazó alegando que "no era biología"— pero varios expertos consultados por medios internacionales lo consideran un paso genuino, aunque limitado, hacia la definición química mínima de la vida.

El ADN sintético que hace latir a SpudCell

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SpudCell no nació: fue construida pieza por pieza. Su interior guarda unos 90.000 pares de bases de ADN repartidos en siete plásmidos, moléculas circulares que programan por separado cada función de la célula. Es un genoma 50 veces más pequeño que el de cualquier microbio natural.

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La bióloga Kate Adamala, líder del proyecto, lo resume así: "sabemos exactamente qué sustancias y qué moléculas contiene, y en qué concentración". Esa transparencia total es la que permite, según su equipo, rediseñar la célula pieza por pieza sin las limitaciones heredadas de la evolución natural.

Cómo se alimenta la célula hecha de ADN de laboratorio

El proceso de alimentación es una de las partes más curiosas del experimento. SpudCell no tiene metabolismo propio: su ADN codifica una proteína de superficie, llamada αHL, que actúa como un gancho para fusionarse con liposomas cargados de nutrientes. Es, en esencia, una célula artificial que come enganchándose a su comida.

Cada generación necesita ser alimentada de nuevo por los propios investigadores, y el ciclo completo tarda unas 12 horas a 30 grados, muy lejos de los 30 minutos que tarda en dividirse una bacteria E. coli común. Es un organismo lento, frágil y absolutamente dependiente del laboratorio que lo creó.

El vídeo que explica qué es realmente una célula artificial

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Conviene aclarar algo: SpudCell no es la primera célula artificial de la historia, pero sí la primera que combina alimentación y división celular reguladas desde su propio genoma. Otros equipos habían logrado antes que gotitas similares fabricaran proteínas o se dividieran, pero nunca ambas cosas a la vez y de forma autónoma.

El propio nombre es un guiño científico. "Spud" significa patata en inglés, y su sonoridad recuerda a Sputnik, el primer satélite artificial. Adamala lo compara con el primer vuelo de los hermanos Wright: torpe, corto, limitado, pero real y documentado paso a paso.

Lo que SpudCell puede —y no puede— hacer todavía

El experimento más llamativo demostró que estas células artificiales también pueden competir entre sí. Los investigadores introdujeron una mutación que aumentaba la producción de la proteína de alimentación, y esas variantes crecieron y se reprodujeron más rápido que las originales. Tras cinco generaciones, dominaban la población, sobre todo cuando escaseaban los nutrientes.

Pero no hay que confundirlo con vida real ni con evolución espontánea. La mutación fue insertada a propósito por el equipo, y la propia revista Science aclaró que no hubo selección natural genuina, sino un experimento controlado de principio a fin.

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Lo que sí logra

  • Alimentarse fusionándose con liposomas nutritivos
  • Copiar su genoma de 90.000 pares de bases
  • Dividirse en células hijas funcionales
  • Transmitir mutaciones ventajosas a su descendencia

Lo que todavía no logra

  • Fabricar sus propios ribosomas
  • Mantener un metabolismo autónomo
  • Sobrevivir más de unas pocas generaciones
  • Regular sus propios procesos sin ayuda externa

Qué opinan los expertos españoles sobre este avance

No hace falta cruzar el Atlántico para encontrar voces cualificadas sobre SpudCell. Víctor de Lorenzo, investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología, ha valorado el trabajo con matices, mientras que Juli Peretó, catedrático de Bioquímica en la Universidad de Valencia, lo calificó como "espectacular dentro de la estrategia de la biología sintética", aunque recordó que no se trata de una célula diseñada completamente de cero, sino construida a partir de componentes mínimos tomados de otras células.

Fuera de España, Yuval Elani, del Imperial College de Londres, añade una idea clave: construir una célula desde cero significa dejar de estar sujetos a la carga evolutiva de la biología natural, lo que abre la puerta a diseñar sistemas que la naturaleza nunca produciría por sí sola.

  • Diagnóstico compartido: es un avance técnico real, no la creación de vida
  • La célula sigue dependiendo por completo de insumos externos
  • El genoma reducido facilita entender qué es imprescindible para "vivir"
  • El debate ético sobre biología sintética ya está sobre la mesa

Hacia dónde va la biología sintética a partir de aquí

El siguiente objetivo del equipo de Minnesota es que SpudCell logre fabricar sus propios ribosomas y gane algo más de independencia del laboratorio. También trabajan en mejorar la transmisión genética entre generaciones y, a largo plazo, acercarse a una evolución espontánea sin intervención humana directa.

Para eso ya existe Biotic, la organización sin ánimo de lucro que Adamala ha cofundado junto a otros científicos, con un respaldo inicial de unos 10 millones de dólares. El objetivo declarado es coordinar la investigación en células sintéticas de forma abierta. Todavía queda un largo camino hasta hablar de vida artificial en sentido estricto, pero el primer vuelo, torpe y corto, ya ha despegado.