Llega el temido "horno ibérico" a España y la AEMET manda un serio aviso

La Agencia Estatal de Meteorología advierte del inicio de un episodio anómalo protagonizado por el temido horno ibérico que elevará los termómetros por encima de los 40 grados.

Los mapas meteorológicos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) para este comienzo de julio de 2026 muestran un escenario de calor asfixiante que se instalará de manera persistente sobre la geografía española. Según los últimos pronósticos elaborados por los expertos del organismo, nos enfrentamos a una subida térmica excepcional que disparará los termómetros muy por encima de los valores habituales para esta época del verano, a pesar incluso de haber superado la primera ola de calor.

Amplias zonas del centro peninsular, la mitad sur y el valle del Ebro registrarán marcas que superarán con facilidad la barrera de los 40 grados centígrados, configurando un episodio extremo que podría extenderse durante más de cinco jornadas consecutivas sin ofrecer treguas significativas durante las horas de máxima insolación.

Aunque en las semanas previas nuestro territorio logró mantenerse relativamente al margen de la devastadora masa de aire cálido que ha batido récords históricos en el continente europeo, la dinámica atmosférica ha cambiado de rumbo. El escudo protector que desvió los flujos más ardientes hacia latitudes más septentrionales ha desaparecido y ahora nos enfrentamos a un escenario meteorológico radicalmente distinto.

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Altas temperaturas AEMET
Personas con calor en las calles de Sevilla | Fuente: AEMET

l origen de este nuevo episodio no proviene de una irrupción repentina de aire sahariano cargado de polvo en suspensión como ocurre en otras ocasiones, sino de un fenómeno meteorológico puramente autóctono que se gesta sobre nuestra propia geografía y que ha ganado gran popularidad debido a sus efectos implacables.

El mecanismo del horno ibérico

Los meteorólogos de la AEMET prefieren alejarse del término domo de calor al considerarlo un concepto importado sin un criterio técnico estricto, para centrarse en lo que realmente está ocurriendo sobre el suelo español mediante el denominado horno ibérico. Este fenómeno se desencadena cuando una potente dorsal anticiclónica se estaciona sobre nuestra geografía bloqueando cualquier atisbo de viento y nubosidad. Ante la ausencia de circulación de aire y bajo la constante radiación solar de principios de julio, la superficie terrestre actúa como un inmenso acumulador de calor que calienta progresivamente las capas de aire más cercanas al suelo de forma ininterrumpida.

A este calentamiento desde la base se le suma un proceso físico fundamental conocido como subsidencia atmosférica. La presencia de las altas presiones obliga al aire de las capas superiores de la atmósfera a descender lentamente hacia la superficie. A medida que este aire baja y se comprime por el aumento de la presión atmosférica, experimenta un incremento drástico de su temperatura. El resultado final es una masa de aire atrapada sobre la Península Ibérica que se retroalimenta día tras día, elevando sus grados de forma sostenida sin necesidad de que ninguna corriente externa inyecte calor desde el continente africano.

El diseño orográfico de España juega un papel crucial en la eficacia de este particular sistema de autocalentamiento masivo que afecta a tantas comunidades autónomas. La disposición de los principales sistemas montañosos en la periferia de la gran meseta central y los valles del interior actúa como una muralla natural que impide la ventilación y atrapa el aire abrasador en las zonas más deprimidas. Valles como el del Guadalquivir o el del Ebro se convierten en auténticas ollas a presión donde la masa de aire recalentado no encuentra vías de escape naturales, permitiendo que las temperaturas máximas escalen posiciones hasta tocar techos insoportables durante las horas centrales del día.

Riesgo durante las madrugadas

El verdadero peligro para la salud pública derivado de este pronóstico de la AEMET no reside únicamente en los picos térmicos diurnos, sino en la ausencia de refrescamiento nocturno. El suelo ha acumulado una cantidad de energía solar tan enorme durante el día que continúa irradiando calor hacia la atmósfera mucho después de que el sol haya desaparecido por el horizonte. Este proceso impide que el aire se enfríe lo suficiente como para proporcionar un alivio térmico al cuerpo humano, generando un estrés fisiológico continuo que las autoridades sanitarias vigilan con extrema preocupación durante esta primera quincena del mes.

Los registros previstos por los modelos meteorológicos indican que nos enfrentaremos a madrugadas ecuatoriales de forma generalizada en numerosos puntos de la geografía nacional. Las temperaturas mínimas se mantendrán estancadas por encima de los 25 grados centígrados en la vertiente mediterránea y en amplias zonas del interior sur, unas marcas que impiden el descanso nocturno adecuado y agravan la sensación de fatiga extrema. El observatorio meteorológico alerta de que encadenar varias jornadas con estas condiciones incrementa de manera exponencial los ingresos hospitalarios y las complicaciones en personas con patologías previas.

Mientras tanto, el extremo noroeste de Galicia y la franja cantábrica experimentarán una situación ligeramente más suave gracias a la brisa marítima y a la orografía del norte, aunque no quedarán completamente al margen del ascenso térmico generalizado. En el resto del país, la inmovilidad del anticiclón asegura que el aire caliente siga estancado sin que se perfile un cambio de masas a corto plazo.

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