El Museo del Prado reclama un 'endowment' para garantizar su solvencia futura

Miguel Falomir, director del museo, defiende que su superávit anual se convierta en un fondo de inversión. La institución acumula credibilidad tras años de cuentas impecables.

El Museo del Prado reclama al Gobierno un fondo de inversión propio que le dé autonomía financiera frente a los vaivenes políticos. La petición la ha verbalizado su director, Miguel Falomir, en el encuentro del Día de los Museos que mantuvo el pasado lunes con Manuel Segade, responsable del Reina Sofía. Una frase bastó para encender el debate: «¿Por qué no podemos tener un endowment?». Falomir recordó que la pinacoteca compite en la máxima división cultural con «presupuestos de segunda regional».

Para quien no maneje el término, un endowment es un capital fundacional que se invierte a largo plazo. Los rendimientos anuales —procedentes de renta fija, variable o activos reales— cubren los gastos operativos de la institución, desde exposiciones hasta programas educativos, sin depender de la taquilla ni de subvenciones puntuales. El modelo anglosajón lo aplica desde hace siglos en universidades y museos; en España, el ejemplo más claro es la Fundación Juan March.

Qué es exactamente un 'endowment' y por qué el Prado quiere el suyo

La March nació en 1955 con un capital fundacional de 300 millones de pesetas y 1,2 millones de dólares, que fue ampliado hasta alcanzar 2.328 millones de pesetas y cinco millones de dólares. Hoy su fondo patrimonial supera los 700 millones de euros y sus rendimientos financian la totalidad de su actividad. Javier Gomá, director de la fundación, lo resume así: «En la pandemia pregunté si habría que recortar y me dijeron que estuviese tranquilo». Una tranquilidad que nace de una estrategia de inversión conservadora y a largo plazo.

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El Museo del Prado maneja un presupuesto anual de 80 millones de euros. Su capacidad para generar ingresos propios —taquilla, tienda, cesión de espacios— supera la de cualquier otro museo español. De hecho, en los últimos ejercicios ha obtenido un superávit cercano a los 20 millones de euros cada año. Sin embargo, su naturaleza pública le impide reinvertir ese excedente en un fondo patrimonial. Solo puede mantener una reserva de tesorería, pero no capitalizarse.

El Prado demuestra cada año su eficiencia, pero las reglas del sector público no le permiten capitalizar ese éxito financiero.

Falomir no pide una independencia total del erario público, sino que se le permita acumular esa eficiencia. «Llevamos quince años presentando cuentas impecables, sin una sola pega. Pero persiste la desconfianza de Hacienda, como si fuéramos a hacer un mal uso de nuestros recursos», denunció. La asignatura pendiente, según el director, es que las leyes reconozcan la credibilidad que el museo ha demostrado y le concedan la flexibilidad para planificar a medio plazo.

El laberinto legal: precedentes que invitan al optimismo

La idea no es nueva. En 2010, 2011 y 2018 hubo iniciativas parlamentarias —de CiU y Ciudadanos— que contemplaban herramientas de endowment para instituciones públicas. Todas quedaron atascadas en el tortuoso camino de la Ley de Mecenazgo. Más recientemente, en 2023, el Congreso debatió un proyecto de ley para la Fundación del Teatro Real que apuntaba en la misma dirección, pero que se perdió con el cambio de legislatura.

El Real, como el Prado, tiene una ley propia que le otorga más autonomía. Sin embargo, el gran referente es la Fundación Lázaro Galdeano: nació privada, pero fue declarada pública en 1949 y se financia hoy con un fondo patrimonial de 9,6 millones de euros. Sus rendimientos anuales —491.000 euros— representan la principal fuente de ingresos. El modelo, a pequeña escala, ya funciona en España.

La petición de Miguel Falomir cobra aún más sentido si se mira el contexto. Desde 2023, los Presupuestos Generales del Estado se prorrogan año tras año y la asignación del Prado sigue congelada por debajo de los 50 millones. Cualquier institución cultural sería más vulnerable si el grifo político se cerrara, pero un endowment permitiría al museo blindar su programación durante varios ejercicios, sin sobresaltos.

Por qué este cambio beneficiaría a toda la cultura española

Más allá del Prado, la posibilidad de que un gran museo público consolide un fondo de inversión propio enviaría un mensaje de madurez a todo el sector. Los grandes museos anglosajones —el Metropolitan, la National Gallery— basan parte de su estabilidad en sus endowments. El Prado compite con ellos en prestigio, pero no en herramientas financieras. Dotar a la pinacoteca de un colchón así no la alejaría del Estado, sino que la haría más resistente frente a ciclos económicos adversos.

Además, generaría un círculo virtuoso: el superávit que hoy se queda en una caja sin rentabilidad pasaría a trabajar para el propio museo, sufragando exposiciones, restauraciones o programas educativos sin depender de la partida anual que decida el ministerio. Es, en el fondo, una cuestión de confianza en la gestión cultural y de reconocer que la excelencia debe ir acompañada de autonomía financiera.

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Merece la pena recordar que el Prado no es un museo cualquiera. Conserva una colección de referencia mundial y compite con el Louvre o la National Gallery. Si la pinacoteca puede generar superávit de manera consistente, ponerle trabas para que lo invierta en su propio futuro parece un lujo que la cultura española no debería permitirse.

Puedes seguir la actualidad del Museo del Prado en su web oficial.

Ficha técnica

  • Quién lo propone: Miguel Falomir, director del Museo Nacional del Prado.
  • Qué solicita: Autorización para crear un endowment (fondo de inversión) a partir del superávit anual del museo.
  • Superávit anual del Prado: Cerca de 20 millones de euros en los últimos ejercicios.
  • Presupuesto total del museo: 80 millones de euros anuales (incluye asignación estatal de aproximadamente 50 millones).
  • Locación: Madrid.