Nature publica las primeras imágenes HD de vórtices nunca vistos en la superficie del Sol

Un equipo internacional ha fotografiado por primera vez remolinos girando en la superficie del Sol con un detalle sin precedentes. El hallazgo, publicado en Nature, podría explicar el origen de las tormentas solares que afectan a la Tierra.

Nature ha confirmado esta semana algo que ningún telescopio había logrado captar hasta ahora: remolinos de plasma girando en la superficie visible del Sol, con un nivel de nitidez que deja en pañales a todo lo anterior. El hallazgo, firmado por un equipo internacional de astrofísicos, se publicó el pasado 5 de agosto de 2026 y ya está dando la vuelta al mundo científico.

Lo curioso es que el descubrimiento fue casi un accidente. Las imágenes se tomaron inicialmente para calibrar los instrumentos del telescopio, y solo al analizarlas después apareció un paisaje solar que nadie esperaba encontrar.

Nature confirma un fenómeno que llevaba siglo y medio en la teoría

Youtube video

El fenómeno detectado tiene nombre y apellido: inestabilidad de Kelvin-Helmholtz. Ocurre cuando dos corrientes de un mismo fluido se desplazan a velocidades distintas y generan una fricción que acaba retorciéndose en espiral, como cuando el viento riza la superficie de un lago.

Publicidad

Se había observado antes en las nubes terrestres y en las bandas de Júpiter, pero nunca directamente sobre la fotosfera solar. Ahora, gracias al telescopio Daniel K. Inouye, en Hawái, los científicos han podido verlo con sus propios ojos por primera vez.

Cómo se logró el hallazgo que publica Nature

El artículo de Nature recoge cómo el equipo, liderado por investigadores del Observatorio Solar Nacional de EE. UU., combinó observaciones directas con simulaciones informáticas del código MURaM para confirmar que lo que veían no era ruido óptico, sino un fenómeno físico real. La coincidencia entre ambas fue prácticamente perfecta.

Los remolinos captados corresponden a la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz, un mecanismo de dinámica de fluidos descrito por primera vez en el siglo XIX. Verlo confirmado en el Sol cierra un debate que llevaba décadas abierto entre los físicos solares.

El telescopio que hizo posible ver lo invisible

Youtube video

Todo esto ha sido posible gracias al Telescopio Solar Daniel K. Inouye (DKIST), situado en la cima del volcán Haleakalā, en Maui. Con un espejo primario de casi 4 metros, es el instrumento solar más potente jamás construido, capaz de resolver detalles de apenas 19 kilómetros sobre una estrella de más de un millón de kilómetros de diámetro.

Para hacerse una idea de la precisión: distinguir uno de estos remolinos equivale a identificar una moneda de un euro desde 180 kilómetros de distancia, según ha explicado el Instituto Max Planck. Una proeza técnica que ha tardado años en materializarse.

Qué son exactamente estos remolinos solares

Los vórtices detectados tienen tamaños de entre 20 y 200 kilómetros de diámetro y se mueven a velocidades cercanas a los 3 kilómetros por segundo. Aparecen, evolucionan y desaparecen en cuestión de segundos, siempre en los bordes de las regiones donde el campo magnético solar es más intenso.

Aunque diminutos en comparación con el Sol, los investigadores creen que desempeñan un papel clave en el transporte de energía hacia las capas superiores de la atmósfera solar. Estos son los datos que definen el hallazgo:

Publicidad
  • Resolución espacial alcanzada: 19 kilómetros, un récord histórico.
  • Tamaño de los vórtices: entre 20 y 200 kilómetros de diámetro.
  • Velocidad de giro: hasta 3 kilómetros por segundo.
  • Instrumento clave: cámara alemana FastCam, con 740 imágenes por segundo.

Por qué esto importa más allá de la curiosidad científica

Estos remolinos no son solo un espectáculo visual. Los científicos sospechan que son el motor que trenza las líneas del campo magnético solar, acumulando energía que después se libera en forma de llamaradas y eyecciones de masa coronal, es decir, el llamado clima espacial que puede afectar a satélites y redes eléctricas en la Tierra.

Entender este mecanismo podría mejorar la capacidad de predecir tormentas solares con más antelación, algo cada vez más relevante en un mundo dependiente de la tecnología satelital. Un avance que conecta directamente ciencia básica con seguridad tecnológica cotidiana.

Qué viene ahora en la investigación solar

Los próximos pasos incluyen campañas de observación con varios instrumentos a la vez y nuevas simulaciones magnetohidrodinámicas para medir con precisión cuánta energía transportan realmente estos vórtices. El objetivo es entender si este mecanismo es constante o varía según la actividad solar.

Lo cierto es que, cada vez que se mira al Sol con un telescopio más potente, aparecen fenómenos que nadie había anticipado. Y si esta tendencia se mantiene, la próxima década de física solar promete ser tan reveladora como esta primera imagen de sus remolinos ocultos.