Hoy, 26 de junio, la Iglesia celebra a San Josemaría Escrivá de Balaguer, el sacerdote español que murió precisamente en esta misma fecha en 1975 y cuya festividad coincide con el aniversario de su fallecimiento. Un dato que no es casual: la Iglesia quiso recordarle el día en que se fue, porque para él la muerte no era el final sino la culminación de todo lo ordinario. Más de 500.000 personas acudieron a su canonización en Roma en 2002, convirtiendo aquel acto en uno de los más multitudinarios de la historia reciente del Vaticano.
Nacido en Barbastro (Huesca) en 1902, San Josemaría vivió de cerca el fracaso económico familiar, la pérdida de tres hermanas pequeñas y la persecución religiosa durante la Guerra Civil. Lejos de amargarse, transformó cada golpe en argumento a favor de su idea central: que la santidad no es monopolio de los conventos sino territorio de cualquiera que trabaje, cuide a sus hijos o haga la compra con amor.
Quién fue San Josemaría y por qué cambió la espiritualidad laica
La gran aportación de San Josemaría a la espiritualidad del siglo XX fue sencilla de enunciar y radical en sus implicaciones: los laicos no son ciudadanos de segunda en la Iglesia. En 1928, en Madrid, fundó el Opus Dei convencido de que Dios llamaba a la santidad a médicos, abogados, amas de casa y estudiantes, no solo a monjas y curas. Esa intuición fue tan disruptiva que tardó décadas en recibir el respaldo oficial de Roma, aunque hoy es doctrina del Concilio Vaticano II.
Durante la Guerra Civil tuvo que ejercer el sacerdocio de forma clandestina en Madrid, llegando incluso a refugiarse en una clínica psiquiátrica con identidad falsa. En 1937 cruzó los Pirineos junto a un grupo de fieles para llegar a la zona nacional. Esa tenacidad ante la adversidad es la misma que luego predicó en sus conferencias y en su libro Camino, una colección de aforismos breves que se ha traducido a más de cuarenta idiomas.
San Josemaría, el Opus Dei y un libro que vendió millones de ejemplares
San Josemaría y el Opus Dei son inseparables: la prelatura que fundó en 1928 cuenta hoy con más de 93.000 miembros en todo el mundo, el 57% mujeres, y actúa en más de ochenta países. Lo que empezó como una reunión de universitarios en una academia madrileña se convirtió en la única prelatura personal de la Iglesia católica, reconocida formalmente por Juan Pablo II en 1982.
Su obra más conocida, Camino (1939), es considerada el cuarto libro en español más traducido de la historia. Frases como «Dios no te arranca de tu ambiente… ¡pero ahí te quiere santo!» resumen su propuesta vital: no huir del mundo sino santificarlo desde dentro, desde el puesto de trabajo, desde el mostrador o la cocina.
El santo de lo ordinario: un apodo que lo explica todo
Juan Pablo II le llamó «el santo de la vida ordinaria» en la ceremonia de canonización del 6 de octubre de 2002, y el apodo quedó. San Josemaría entendió que los ritmos espirituales de un padre de familia no son los de un monje: no puede detenerse a rezar las horas canónicas cuando un hijo llora a las tres de la madrugada. Por eso enseñó a convertir ese mismo llanto en oración, esa misma urgencia en un acto de amor.
Sus últimos años los dedicó a recorrer Latinoamérica y Europa en lo que él llamaba «correrías apostólicas», encuentros masivos donde hablaba sin guión durante horas a decenas de miles de personas. Murió el 26 de junio de 1975 de un infarto fulminante en Roma, con la misma sencillez con la que había vivido: sentado en su despacho, después de trabajar.
La canonización más rápida del siglo XX
El proceso de beatificación de San Josemaría se abrió en 1981, apenas seis años después de su muerte. Fue beatificado en 1992 y canonizado en 2002: veintisiete años desde la muerte hasta los altares, un ritmo inusualmente veloz para los estándares del Vaticano. Esto generó tanto admiración como debate, pero el respaldo fue aplastante: un tercio del episcopado mundial había pedido por carta la apertura de su causa.
¿Qué hace falta para ser canonizado?
La canonización requiere un proceso oficial con investigación de vida, virtudes heroicas y, normalmente, dos milagros verificados por médicos y teólogos. En el caso de San Josemaría, los milagros atribuidos a su intercesión se documentaron en España y América Latina.
El debate sobre la velocidad del proceso
Algunos sectores eclesiásticos cuestionaron la rapidez, argumentando que no había suficiente distancia histórica. La Santa Sede respondió que los criterios son los mismos con independencia del tiempo transcurrido desde el fallecimiento.
Legado vivo: lo que San Josemaría dejó en España
Hoy, San Josemaría tiene huella directa en instituciones como la Universidad de Navarra, el centro educativo Tajamar en Vallecas o el santuario mariano de Torreciudad en Huesca, este último impulsado por él en 1975 y vinculado a una promesa de su madre cuando Josemaría tenía apenas dos años. Son proyectos que mezclan fe, cultura y acción social de un modo que él habría calificado simplemente de trabajo bien hecho.
Su influencia también se percibe en la forma en que millones de personas organizan su espiritualidad fuera de las iglesias: lecturas breves, trabajo santificado, familia como vocación. Cuatro generaciones después de que escribiera Camino, su pregunta sigue siendo la misma —¿qué harías hoy si lo hicieras por Dios?— y sigue sin tener respuesta fácil.
San Josemaría en 2026: por qué su mensaje resuena más que nunca
En un momento en que las encuestas muestran un alejamiento progresivo de las instituciones religiosas en España, San Josemaría representa una vía que no exige salir del mundo: trabajar en remoto, criar hijos en pisos pequeños o emprender en entornos inciertos también caben en su propuesta espiritual. No es casualidad que su popularidad crezca entre jóvenes que buscan sentido sin renunciar a sus proyectos vitales.
El reto para el futuro es trasladar ese mensaje a formatos y lenguajes contemporáneos sin vaciarlo de contenido. Las comunidades vinculadas al Opus Dei ya experimentan con pódcasts, grupos de WhatsApp y retiros urbanos de fin de semana. San Josemaría no inventó la red, pero sí entendió que la santidad va donde van las personas.





