La molécula con azufre más grande jamás detectada en el espacio fue identificada por telescopios españoles

Investigadores del Centro de Astrobiología del CSIC-INTA han confirmado, usando dos radiotelescopios ubicados en España, la presencia de la molécula con azufre más compleja hallada en el espacio. El descubrimiento refuerza la hipótesis de que los ingredientes químicos de la vida se formaron en nubes de gas y polvo miles de millones de años antes de que existiera nuestro planeta.

A 27.000 años luz de la Tierra, en el corazón oscuro de la Vía Láctea, hay una nube de gas y polvo donde la química lleva millones de años preparando los ingredientes de la vida. Allí, investigadores del CAB (CSIC-INTA) y del Instituto Max Planck han detectado la molécula con azufre más grande jamás identificada en el espacio interestelar: la tiepina, un compuesto de 13 átomos publicado en Nature Astronomy en enero de 2026. La confirmación fue posible gracias, en buena parte, a dos radiotelescopios españoles que llevan años siendo los mejores del mundo encontrando moléculas en el cosmos.

Lo que hace especial este hallazgo no es solo el tamaño de la molécula, sino lo que implica para nosotros: el azufre es esencial en los aminoácidos, las proteínas y las enzimas que sustentan toda la biología conocida. Encontrarlo ensamblado en una estructura tan compleja, en una región del espacio donde aún no ha nacido ninguna estrella, significa que los ladrillos de la vida empiezan a construirse mucho antes de lo que se creía.

El azufre que faltaba en el espacio interestelar

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Había un problema que llevaba décadas desconcertando a los astroquímicos: el azufre es el décimo elemento más abundante del universo, pero en el espacio interestelar solo se habían detectado moléculas sulfuradas muy pequeñas, de seis átomos o menos. En cambio, los meteoritos y los cometas que han llegado a la Tierra traían compuestos de azufre mucho más elaborados. El hueco entre ambos escenarios era inexplicable.

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La tiepina viene a cerrar, al menos en parte, esa brecha. Con sus 13 átomos organizados en un anillo estable de seis miembros, es el compuesto con azufre más sofisticado confirmado en el medio interestelar hasta la fecha. Antes de este hallazgo, el récord lo tenía una molécula de apenas nueve átomos, ya de por sí una rareza. La nueva detección demuestra que la química del cosmos es bastante más rica de lo que imaginábamos.

El azufre llegó al laboratorio antes que al telescopio

Para identificar una molécula en el espacio no basta con apuntar un telescopio: hay que conocer de antemano su "huella espectral", la frecuencia exacta de radio que emite al vibrar. El equipo del Instituto Max Planck sintetizó la tiepina en laboratorio sometiendo tiofenol líquido —un precursor de azufre de olor especialmente desagradable— a una descarga eléctrica de 1.000 voltios. El resultado fue una "huella de radio" de precisión extraordinaria que después se buscó en los datos del espacio.

Esa firma espectral coincidió de forma inequívoca con las observaciones recogidas por los investigadores del CAB en la nube molecular G+0.693–0.027. La confirmación se logró cruzando datos de dos instrumentos: el radiotelescopio IRAM de 30 metros en Pico Veleta (Granada) y el de 40 metros del Observatorio de Yebes (Guadalajara). Ambos llevan años a la vanguardia mundial en la detección de moléculas interestelares.

Los radiotelescopios españoles que escuchan el universo

El radiotelescopio de Yebes ostenta un récord que muy pocos conocen: es el instrumento más eficiente del mundo para encontrar nuevas moléculas en el espacio interestelar. Desde que comenzaron las observaciones, el Observatorio Astronómico Nacional ha identificado más de 90 especies moleculares nuevas con este instrumento, lo que representa cerca del 28% de todas las moléculas detectadas en el espacio a lo largo de la historia de la radioastronomía. Una proporción asombrosa para un telescopio situado en la provincia de Guadalajara.

El IRAM de Pico Veleta, por su parte, es una instalación compartida entre Francia, Alemania y España que opera en frecuencias de hasta 340 GHz, las más altas del mundo para un instrumento de este tipo. Ambos telescopios llevan tiempo cartografiando la misma nube molecular, acumulando datos espectrales que en este caso resultaron decisivos para confirmar la presencia de azufre en una configuración nunca antes vista en el cosmos.

Lo que la tiepina nos dice sobre el origen de la vida

Una molécula que ya estuvo en los cometas

La tiepina no es solo una rareza química: su estructura está directamente emparentada con los compuestos orgánicos que se han encontrado en muestras de meteoritos y cometas que llegaron a la Tierra primitiva. Esto significa que existe un "puente" químico real entre el espacio interestelar y los ingredientes que dieron lugar a la vida en nuestro planeta. La molécula pudo haber viajado millones de años en el interior de cuerpos menores hasta impactar con la Tierra en su etapa más temprana.

El azufre en la biología terrestre

El azufre no es un elemento secundario en la química de la vida: forma parte de la cisteína y la metionina, dos aminoácidos esenciales, y está presente en enzimas que regulan procesos metabólicos básicos. Su detección en una molécula compleja en el espacio refuerza la idea de que estos ingredientes no son exclusivos de la Tierra, sino que la galaxia lleva miles de millones de años fabricándolos en sus nubes moleculares más frías y densas.

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Qué significan estos hallazgos para la búsqueda de vida en el universo

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El descubrimiento de la tiepina se suma a una serie de hallazgos recientes que van construyendo un argumento cada vez más sólido: los precursores químicos de la vida están ampliamente distribuidos por el cosmos. En los últimos años, otros equipos europeos han confirmado que los péptidos —otro ingrediente clave— también pueden formarse de forma espontánea en el espacio interestelar. Juntos, estos resultados apuntan a que la química prebiótica no es una rareza terrestre, sino un proceso que ocurre de manera natural en entornos muy distintos.

Los investigadores del CAB ya anticipan que hay muchas más moléculas complejas con azufre por descubrir en nubes como G+0.693–0.027. A medida que mejoran los receptores de los radiotelescopios —el IRAM acaba de renovar completamente su sistema de servocontrol y electrónica— la sensibilidad aumenta y el catálogo de moléculas interestelares sigue creciendo. Cada nueva especie molecular que se identifica en el espacio hace más plausible que la vida, tal y como la conocemos, tenga un origen verdaderamente cósmico. Y que España, con sus dos grandes radiotelescopios, siga siendo protagonista de esa historia.