Israel ha abierto una grieta diplomática de imprevisibles consecuencias con la Unión Europea. El Gobierno de Tel Aviv ha declarado persona non grata a la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, y ha cortado todo contacto con ella. La acusación: un supuesto antisemitismo por comparar el trato israelí a los palestinos con el apartheid sudafricano. Pero, mientras la diplomacia comunitaria guarda un incómodo silencio, otros hechos alimentan la tormenta.
La crisis se desató la semana pasada, cuando el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, anunció la ruptura de relaciones con la exprimera ministra estonia. Según un artículo del medio Euractiv —no confirmado ni desmentido por Bruselas—, Kallas habría equiparado en reuniones a puerta cerrada la situación en Gaza y Cisjordania con el régimen de segregación que oprimió Sudáfrica. Sa'ar exigió una retractación y calificó las declaraciones de “libelo de sangre”.
El veto israelí y la fractura europea
El portazo israelí no ha sido el único episodio tenso. Casi al mismo tiempo, la comisaria europea para el Mediterráneo, Dubravka Suica, realizó una visita a Israel sin apenas repercusión pública. Allí se reunió con el presidente Isaac Herzog y con el propio Sa'ar, intercambiando sonrisas y, según la oposición, sin reproche alguno por el ataque a su colega. El malestar en sectores de la UE es evidente.
La portavoz comunitaria, Paula Pinho, evitó entrar en detalles cuando se le preguntó si Suica defendió a Kallas durante su viaje. “La Comisión respalda a todos los miembros de su Colegio”, dijo. Pero no quiso comentar las palabras del ministro israelí. Esa ambigüedad ha encendido las críticas de quienes ven una política exterior fragmentada y liderada, en la práctica, por la presidenta Ursula von der Leyen.
Borrell alza la voz y destapa las costuras de la UE
El antecesor de Kallas en el cargo, Josep Borrell, no se ha mordido la lengua. En sus redes sociales, lamentó que Israel declare “persona non grata” a la estonia y, al día siguiente, una comisaria europea “intercambie sonrisas y ningún reproche con Gideon Sa'ar”. El exjefe de la diplomacia europea, visiblemente indignado, ha denunciado la falta de solidaridad y la descoordinación entre las instituciones comunitarias.
La polémica trasciende lo personal. Hace apenas unos días, el Financial Times publicó un documento de Francia y Alemania que proponía reformar la arquitectura exterior de la UE. Una de las ideas más llamativas: que el Servicio de Acción Exterior, que dirige Kallas, pase a estar bajo el control directo de Von der Leyen. El debate de fondo es quién maneja la diplomacia europea y con qué criterios.
Israel corta lazos con la jefa de la diplomacia europea mientras un comisario de la UE visita Tel Aviv sin hacer mención al conflicto.
La polémica se enmarca, además, en una disputa soterrada por el liderazgo. Suica ya fue enviada por Bruselas a la Junta de Paz de Trump para Gaza, un foro que generó críticas internas por considerarlo incompatible con el marco de la ONU. Muchos vieron en aquella decisión un intento de Von der Leyen de ganar protagonismo en un terreno que, en teoría, corresponde a la alta representante. Ahora, el veto israelí vuelve a poner de manifiesto esa doble vía diplomática.
Un pulso de poder con las políticas hacia Israel en juego
El episodio de Kallas no es un hecho aislado. Ya en anteriores ocasiones, altos responsables de Naciones Unidas y organizaciones como Amnistía Internacional han trazado paralelismos entre las políticas israelíes y el apartheid. Sin embargo, el veto diplomático de Sa'ar ha servido para evidenciar las profundas divisiones internas en la UE sobre cómo relacionarse con Israel y sobre si Bruselas debe endurecer su postura.
El último Consejo Europeo, celebrado el viernes, instó a la Comisión a proponer nuevas medidas para restringir el comercio con los asentamientos israelíes. Pero hasta ahora, las propuestas para retirar privilegios comerciales chocan con el bloqueo de varios Estados miembros, con Alemania a la cabeza. La crisis con Kallas retrasa aún más cualquier decisión y expone la fragilidad de la política exterior común.
Lo que está en juego va más allá de una crisis diplomática puntual. La filtración interesada de documentos, la rivalidad entre Von der Leyen y su alta representante, y las dudas sobre el papel real de la Comisión en la escena internacional alimentan la sensación de que la UE carece de una voz única en uno de los conflictos más espinosos del planeta. Mientras, el silencio de Bruselas sigue sin aclarar cómo responderá al veto israelí.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: Israel ha vetado a Kaja Kallas, alta representante de la UE, acusándola de antisemitismo por comparar la política israelí con el apartheid.
- Por qué te importa: La crisis revela divisiones internas que pueden afectar futuras relaciones comerciales y diplomáticas de la UE, con posible impacto en España.
- A quién afecta: A los Estados miembros de la UE, a la credibilidad de su política exterior y a la estabilidad de las relaciones con Israel y Palestina.
- Hacia dónde vamos: La Comisión debe decidir si acata el mandato del Consejo para restringir el comercio con asentamientos, en un clima de creciente descoordinación institucional.



