Receta con una lata de sardinas: el truco de Martín Berasategui para cenar gourmet sin esfuerzo

Con una lata de sardinas, quesitos y perejil, el chef transforma una conserva básica en una crema untable que parece de restaurante. Ideal para cuando la pereza gana por goleada.

Hay días en los que solo de pensar en encender los fogones ya te entra el bajón. El cansancio acumulado, el calorcito de junio y una nevera que te mira con cara de pocos amigos no ayudan a improvisar una cena que ilusione. La solución de emergencia es la que todos conocemos: abrir una lata y que pase lo que tenga que pasar. Pero hoy tengo un as bajo la manga, el truco que Martín Berasategui compartió en televisión y que transforma una simple lata de sardinas en una crema gourmet que no te crees ni tú.

Porque, seamos sinceros, la lata de sardinas ya es un comodín de despensa bastante apañado: proteínas, omega-3, calcio y un sabor potente que alegra cualquier plato. El problema suele ser la textura y la sensación de estar comiendo 'conserva de supervivencia'. Aquí es donde el chef vasco mete la tijera: convierte ese fondo de armario en una salsa untable, suave y con aires de restaurante, usando solo otros tres ingredientes que todos tenemos en casa.

Un comodín de despensa con estrella Michelin

La magia de esta receta está en la emulsión. Berasategui tritura las sardinas escurridas (guardando parte del aceite del envase, no lo tires) con agua, unos cuantos quesitos —esos en porciones que tantos salvavidas nos han dado— y perejil fresco. Luego, incorpora poco a poco un buen chorro de aceite de oliva virgen extra mientras sigue batiendo, como si estuvieras montando una mayonesa ligera. El resultado es una crema finísima que gana enteros después de un ratito en la nevera. El contraste con una tostada crujiente es una pasada y te hace olvidar que llevas puesta la camiseta del sofá.

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Un detalle curioso: entre los seguidores del chef se conoce como 'la receta de los 100', porque las cantidades tienen una simetría casi musical. No hace falta pesar nada con precisión de laboratorio: un tercio de lata, un par de quesitos, un dedal de agua y perejil al gusto; la clave es ir ajustando la textura hasta que esté cremosa. Ideal para esos martes en los que lo único que te apetece es algo rápido pero con un mínimo de orgullo culinario.

La técnica de los 100 que convierte cualquier lata en una crema de lujo

Aquí el paso a paso para que no falles ni de coña. Primero, abre la lata de sardinas en aceite de oliva y escúrrelas ligeramente, pero no tires todo el aceite. Mete las sardinas en el vaso de la batidora junto con los quesitos, un chorrito de agua y perejil picado. Tritura hasta obtener una pasta uniforme. Después, sin dejar de batir, añade el aceite de oliva virgen extra en un hilo muy fino, como si hicieras mayonesa. Notarás que la mezcla emulsiona y se vuelve más clara y untuosa. Prueba de sal, que las sardinas ya llevan, y un puntito de limón si te gusta el toque fresco (esto es cosecha propia, no del chef). Mete la crema en la nevera media hora y sírvela sobre unas buenas tostadas.

Un plato de restaurante con tres ingredientes de despensa y cinco minutos de trabajo.

No me digas que no te pica la curiosidad por probarlo.

Por qué esta receta funciona y cuándo no merece la pena

El éxito de esta crema no es casualidad. Las sardinas en conserva ya son un producto con mucho umami, y al combinarlas con la grasa del quesito y la emulsión del aceite se consigue una textura similar a un paté o una brandada. Pero ojo, que no todo es color de rosa. Si no tienes una batidora potente, la mezcla puede quedar grumosa y la gracia se va al traste. Y si las sardinas son de baja calidad, con espinas grandes y sabor metálico, mejor ahórrate el experimento y opta por unos huevos fritos. En cambio, con una conserva decente el resultado es tan sorprendente que te plantearás dejar de comprar patés de supermercado.

Martín Berasategui la preparó en directo con la naturalidad de quien sabe que está dando en el clavo. No le hizo falta ingrediente raro ni técnica de estrella Michelin: solo sentido común y saber que la cocina de verdad empieza donde acaba la pereza. Así que la próxima vez que llegues tarde y sin ganas, ya sabes: abre esa lata de sardinas que llevas viendo en la despensa desde el año pasado y dale una oportunidad. Ya me contarás.

💡 El truco del almendruco

Tiempo total: 5 minutos (más 30 minutos de reposo en nevera opcional). Nivel de dificultad: facilísimo. Un consejo extra: aprovecha el aceite de la lata para emulsionar, pero no te pases con el agua o la crema quedará demasiado líquida.