Las olas de calor en España se han duplicado en número y duración en el primer cuarto del siglo XXI. Así lo revela un estudio de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) que confirma el agravamiento del cambio climático en el país. La noticia llega en plena primera ola de calor del año, que comenzó el pasado domingo y se prolongará hasta el miércoles con avisos rojos en varias comunidades.
El salto en las cifras: 91 olas de calor frente a 43
El informe compara dos bloques temporales de 25 años cada uno. Entre 2001 y 2025 se registraron 91 olas de calor en todo el territorio, casi el doble que las 43 contabilizadas entre 1976 y 2000. Al desglosar por zonas, en la península, Ceuta y Melilla se pasó de 26 a 50 episodios, mientras que en Canarias el aumento fue de 17 a 41.
Pero el dato más llamativo es la duración. Los días de calor extremo sumaron 510 en el último cuarto de siglo, frente a los 210 del periodo anterior. Es decir, no solo hay más olas de calor, sino que cada una tiende a ser más larga.
Para realizar el análisis, la AEMET seleccionó 137 estaciones meteorológicas —seis en Canarias— atendiendo a criterios de antigüedad, funcionamiento actual y distribución geográfica. La definición oficial de ola de calor exige al menos tres días consecutivos en los que un 10% de las estaciones registre máximas por encima del percentil 95 de su serie histórica de julio y agosto (1971-2000). El estudio excluyó a Canarias del análisis de olas de frío por su clima suave, pero sí la incluyó en el de calor, donde el archipiélago también ha experimentado un incremento notable.
Un reflejo del calentamiento global
La evolución encaja con los datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus. En el último cuarto del siglo XX, el incremento de la temperatura global apenas llegó a 0,9 °C; en el primer cuarto del siglo XXI, ese valor se disparó a 1,48 °C, un 64 % más. España es uno de los países europeos donde el calentamiento se manifiesta con mayor intensidad, y la duplicación de las olas de calor es una de sus consecuencias más visibles.
El patrón no solo afecta al verano. Los investigadores señalan que las temperaturas extremas se adelantan cada vez más en primavera y se alargan hasta bien entrado el otoño, alterando los ciclos naturales y aumentando la demanda energética.
Estos datos resultan clave para los servicios de emergencia y salud pública, que ya trabajan con protocolos adaptados a veranos cada vez más tórridos. La AEMET recuerda que disponer de series largas permite anticipar episodios y activar alertas con más precisión.
En solo 25 años, los días de ola de calor han pasado de 210 a 510, un salto que los expertos vinculan directamente al calentamiento global.
Los episodios históricos y la realidad de hoy
Entre los 91 episodios analizados, la ola de calor más larga en la península y Baleares ocurrió entre el 27 de junio y el 22 de julio de 2015, con 26 días consecutivos. La más intensa se vivió en Canarias del 25 al 27 de junio de 2012, cuando los termómetros marcaron 7,1 grados por encima de lo habitual. Y la más extensa, del 9 al 26 de julio de 2022, afectó a 44 provincias.
Este martes, el escenario recuerda esos episodios. Diez comunidades autónomas están en aviso naranja por altas temperaturas y tres —Andalucía, Cantabria y País Vasco— en nivel rojo. La AEMET prevé máximas de 44 °C en Córdoba y valores cercanos a los 40 en amplias zonas del interior peninsular y Baleares.
Las autoridades insisten en la necesidad de extremar la precaución. Protección Civil recomienda beber agua con frecuencia, evitar la exposición al sol en las horas centrales del día y prestar especial atención a personas mayores y niños. Además, el elevado consumo de electricidad por el uso de aires acondicionados puede tensionar la red en las horas de más calor.
📌 El foco social: las claves
- 🔎 Qué es lo importante: Las olas de calor se han duplicado en número y días de duración en los últimos 25 años.
- 👥 Quiénes son los afectados: Toda la población, en especial las zonas bajo avisos rojos por calor extremo.
- ➡️ Qué consecuencias puede traer: Mayor riesgo para la salud, incremento del consumo energético y más alertas meteorológicas.




