China, culpable de tres de los cuatro peores episodios de basura espacial del siglo XXI

La explosión del cohete Zhuque-2E ha esparcido más de 100 fragmentos a apenas unos kilómetros de la ISS y de los satélites Starlink. China acumula el 75% de los grandes desastres de basura orbital desde 2000 y los expertos no ven voluntad de cambio.

A ver, que China y la basura espacial es ya un meme recurrente, pero la última explosión de un cohete Zhuque-2E el 9 de junio nos recuerda que la cosa no mejora. En lugar de reutilizar cohetes como SpaceX, Pekín los abandona con combustible dentro y, zas, fragmentos a tutiplén.

Más de 100 piezas de escombro nuevo se esparcieron por la órbita baja, a apenas unos kilómetros de la Estación Espacial Internacional y de los satélites Starlink. La Fuerza Espacial de Estados Unidos dio la voz de alarma y la empresa de inteligencia orbital LeoLabs estimó entre 100 y 150 fragmentos, una barbaridad para una misión que, en apariencia, había terminado sin incidencias.

La buena noticia es que la resistencia atmosférica residual se encargará de estos escombros en unos meses. La mala es que estamos ante la tercera explosión de una etapa superior china en cuatro años. Y eso convierte al gigante asiático en el responsable de tres de los cuatro peores eventos de liberación explosiva de basura espacial en órbita baja en lo que llevamos de siglo.

Publicidad

Un historial que da vergüenza ajena

El currículum chino en desastres orbitales asusta. En 2007, la prueba antisatélite contra el Fengyun-1C generó 3.500 fragmentos. Una década después, en 2022, la etapa de un Long March 6A estalló y soltó 500 trozos; en 2024, el mismo modelo de cohete volvió a explotar, dejando entre 700 y 900 escombros. Y ahora, el Zhuque-2E suma otras 100 a 150 piezas peligrosas a la colección.

El único evento que no lleva la firma de Pekín es la destrucción rusa del satélite Cosmos 1408 en 2021, con 1.800 fragmentos. Pero que el podio sea básicamente chino —con Rusia colándose en cuarta posición— revela que el problema no es solo tecnológico, sino de actitud.

Tres de los cuatro grandes eventos de basura espacial del siglo llevan sello chino. No es casualidad.

El síndrome de Kessler ya no es ciencia ficción

Lo de la basura espacial no es un capricho de agencias. El temido síndrome de Kessler —un efecto dominó donde un fragmento choca con otro, lo rompe, y genera una cascada de colisiones que inutiliza órbitas enteras— está cada vez más cerca de ser un riesgo real. China, con sus cohetes desechados sin pasivación (vaciado de combustible) y sin desorbitaciones controladas, alimenta esa posibilidad.

‘China no reutiliza cohetes como SpaceX, y además parece no tomarse en serio la desorbita’, advierten los expertos. Basta ver las cifras: en los últimos cinco años, los fragmentos asociados a lanzamientos chinos han aumentado un 150%, mientras que los de Estados Unidos y Rusia disminuyen. La tendencia es clara y preocupante.

Las soluciones existen: desorbitar controladamente, enviar los cacharros a una órbita cementerio o, al menos, vaciar los tanques para evitar explosiones. Pero Pekín no invierte lo suficiente en esto. Y mientras tanto, los satélites Starlink y la ISS tienen que esquivar fragmentos como en un videojuego de naves.

Hype-O-Meter

Nivel de hype: 7/10. El riesgo de basura espacial es real, pero este evento concreto no es el apocalipsis: los fragmentos caerán en meses. Lo que más hype merece es la trayectoria china, que si no se corrige, nos acerca a un escenario de película de desastres orbital — y no es ciencia ficción.

Publicidad

El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? La etapa superior del cohete chino Zhuque-2E explotó el 9 de junio y esparció más de 100 fragmentos cerca de la ISS y Starlink.
  • 🔥 ¿Por qué importa? China es responsable de tres de los cuatro peores eventos de escombros espaciales del siglo XXI y no muestra intención de cambiar sus prácticas.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Afecta de verdad: el riesgo de colisiones crece y alimenta el peligro del síndrome de Kessler. Y no, no tiene gracia.