El James Webb descubre una sorpresa de sal en el famoso 'planeta rosa' a 57 años luz

El telescopio espacial ha detectado nubes de sal en el exoplaneta GJ 504b, un fenómeno que hasta ahora solo existía en la teoría. Te contamos por qué este descubrimiento cambia lo que sabíamos de los planetas fríos.

El telescopio James Webb nos ha dado una sorpresa de las que se comentan en la cena: el 'planeta rosa' tiene nubes de sal. Sí, has leído bien. Ese mundo gigante y esquivo, situado a 57 años luz de aquí, esconde una atmósfera tan rara que los astrónomos llevaban una década sin poder analizarla.

Descubierto en 2013, GJ 504b orbita una estrella muy parecida a nuestro Sol. Pero es un bicho difícil de catalogar: con una masa 25 veces la de Júpiter, está a medio camino entre un planeta gigante y una enana marrón. Y encima, es increíblemente tenue. 'Muchos equipos intentaron estudiarlo desde la Tierra, pero era demasiado débil para los telescopios terrestres', explica Aneesh Baburaj, el investigador de la Universidad Northwestern que ha liderado el estudio.

Un planeta rosa con más dudas que certezas

Lo llaman 'planeta rosa' porque las primeras imágenes mostraban un brillo rosado, pero no te imagines un algodón de azúcar cósmico. Su temperatura ronda los 290 grados Celsius, como un horno de pan a pleno rendimiento. Y aunque parezca mucho, para un gigante gaseoso es casi un congelador. La mayoría de los exoplanetas que habíamos fotografiado directamente superan los 1.000 grados.

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Esa frialdad (relativa) hacía que su luz fuera un susurro. Hasta que llegó el James Webb. En una observación de apenas dos horas, el telescopio espacial consiguió lo que los observatorios terrestres no lograron en noches enteras: tomar el espectro del planeta. 'Cuando empezamos a analizar los datos, nos pareció algo que no habíamos visto nunca', cuenta Baburaj.

Por primera vez, tenemos pruebas directas de nubes de sal en un objeto tan frío, un fenómeno que los científicos teorizaron hace más de 15 años.

Cómo dos horas de James Webb superaron años de intentos fallidos

El espectro es como un arcoíris químico: cada color revela un elemento. Y el de GJ 504b era de traca: vapor de agua, metano, dióxido de carbono, amoníaco y más. Pero al encajarlo en los modelos, algo no cuadraba. Las simulaciones solo funcionaban si la atmósfera contenía características físicamente imposibles.

Entonces probaron a meter nubes en la ecuación. Y la pieza encajó. Las nubes de sal actuaban como un velo, atenuando la señal de las moléculas ocultas en las capas profundas. 'Cuando añadimos nubes de sal, los resultados se volvieron físicamente posibles', explica el equipo. Probaron tres tipos de nubes y las saladas fueron las únicas que cuadraban.

El espectro también sugiere que GJ 504b es extrañamente rico en elementos pesados, metales. Pero el misterio de cómo se formó sigue abierto: pudo nacer como un planeta o como una estrella pequeña. Lo que está claro es que el James Webb ha abierto una ventana a mundos fríos que parecían inalcanzables.

Lo que significa para tu próximo café y para la ciencia

Más allá del asombro, este hallazgo tiene miga. Las mismas técnicas que han destapado las nubes de sal en el planeta rosa podrían ayudar a desentrañar cómo son las nubes de Júpiter (compuestas de hielo de amoníaco) o incluso atmósferas de otros mundos donde algún día busquemos señales de vida.

Como dice Baburaj, 'es un buen recordatorio de que debemos tener en cuenta las nubes en nuestros modelos'. Y es que, a veces, lo que no vemos (esas partículas de sal flotando a 57 años luz) es justo lo que nos cambia la foto.

🧠 Para soltarlo en la cena

Nubes de sal en el planeta rosa: un hallazgo inesperado.

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