El marketing de IA acaba de sumar un nuevo capítulo a su particular libro de los desastres. Y lo ha hecho a base de influencers, viajes de ensueño y un montón de mal rollo en las redes. Porque OpenAI, la misma compañía que nos promete la inteligencia artificial general, ha decidido financiar su primer brand trip —un viaje con todos los gastos pagados para un puñado de creadores de contenido— y el asunto les ha estallado en la cara con la fuerza de un prompt mal diseñado.
La idea, sobre el papel, parecía inofensiva: llevarse a varios influencers a una escapada de lujo fuera de Nueva York, regalarles experiencias exclusivas y esperar que sus publicaciones inundaran TikTok e Instagram de buen rollo tecnológico. Según The Verge, el fin de semana pasado varios de estos creadores empezaron a compartir contenido patrocinado en el que mostraban las bondades del viaje. Y ahí, justo cuando la estrategia debía convertirse en puro oro de marca, las redes hicieron lo que mejor saben hacer: convertir un sueño en una pesadilla tuitera.
No hay peor desastre en marketing que intentar parecer cool y acabar proyectando elitismo, frivolidad y un desfase generacional con la realidad que representa tu propio producto.
Las críticas no tardaron en llegar. Primero, los influencers que no habían sido invitados pusieron el grito en el cielo, sintiéndose agraviados por una selección que nadie explicó. Después, la comunidad general de usuarios empezó a preguntarse si de verdad la empresa que lidera la carrera hacia la AGI necesita quinceañeras lujosas para promocionar sus modelos. La conversación viró rápido hacia la frivolidad y la desconexión con los problemas reales que la IA debería ayudar a resolver.
El problema no es el viaje, es quién lo paga
Los brand trips son pan de cada día en el universo de la moda rápida o la cosmética. Marcas como Shein o Glossier llevan años volando a creadoras a Tulum o Mykonos para que sus feeds se llenen de fotos con bañador y hashtag publicitario. Pero OpenAI no vende camisetas. Vende un futuro en el que las máquinas razonan, escriben y diagnostican enfermedades. El contraste es tan violento que la marca ha quedado retratada como una empresa que no entiende ni su propio papel en la sociedad.
Algunos analistas en redes señalaron que la operación olía a desesperación por parte del departamento de comunicación: en plena crisis de confianza sobre la seguridad de la IA y con los reguladores afilando los dientes, dedicar presupuesto a este tipo de acciones parece un despropósito. Incluso hubo quien bromeó con que han probado el modo «Shein» de ChatGPT y se lo han tomado demasiado en serio.
El precedente que OpenAI debería haber estudiado
No es la primera vez que una gran tecnológica patina con los influencers. Meta organizó en 2024 un evento en un resort de lujo que acabó con críticas similares: «Gastáis millones en aparentar mientras vuestros algoritmos destruyen la salud mental de los adolescentes», fue el resumen de la trifulca. Google también tuvo su momento cringe cuando intentó humanizar a su asistente de IA con una campaña protagonizada por creadores que no tenían ni idea de tecnología.
La diferencia es que OpenAI carga con la losa de ser la empresa que promete cambiar el mundo, con un discurso público que roza lo mesiánico. Sam Altman habla con frecuencia del impacto social de la inteligencia artificial, de la necesidad de regulación y de un futuro en el que todos nos beneficiaremos de la automatización. Cuando ese mismo altavoz se convierte en el patrocinador de un fin de semana de lujo para un puñado de elegidos, la disonancia cognitiva es tan bestia que hasta los propios fans de la compañía salen a pedir explicaciones.
Lo más curioso es que la polémica, con sus dosis de envidia, indignación y chistes, ha logrado más repercusión que cualquier reportaje serio sobre los logros de la empresa. Y quizá ese sea el verdadero bug de este viaje: no se trataba tanto de vender la IA como de generar ruido mediático. Ruido han conseguido. Del otro, el que conviene, ya hablaremos.
Hype-O-Meter
Nivel de hype: 2/10. El viaje ha generado interés, sí, pero del tipo que hace que los inversores se froten las sienes y los profesionales del marketing tomen notas de lo que no hay que hacer. OpenAI ha dilapidado credibilidad en una campaña que debería estar estudiándose en todas las facultades de publicidad como ejemplo de manual sobre cómo desconectar de tu audiencia objetivo.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? OpenAI ha financiado su primer viaje de marca para influencers y ha recibido una avalancha de críticas por frivolidad y falta de criterio.
- 🔥 ¿Por qué importa? Porque evidencia una grieta entre la imagen pública de la compañía (seriedad, futuro, responsabilidad) y sus decisiones de comunicación, muy alejadas de esa promesa.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Mientras la empresa gasta dinero en este tipo de acciones, los usuarios seguimos esperando que mejoren la privacidad, la veracidad de sus modelos y, sobre todo, que nos bajen el precio de la suscripción.



