Hasta 30 euros por persona. Esa es la nueva tasa que pagarán los cruceristas que desembarquen en Barcelona menos de doce horas. La enmienda pactada por PSC, ERC y los Comuns ha recibido el visto bueno del Parlament con el objetivo de frenar el turismo de escala que apenas deja gasto en la ciudad condal.
La propuesta, impulsada por tres grupos parlamentarios, convierte a Barcelona en una de las ciudades del Mediterráneo con el impuesto turístico más alto para los viajeros de paso. Actualmente la tasa máxima municipal está en 5 euros, pero con el nuevo recargo se triplica hasta los 30 euros por visitante que pase menos de doce horas en puerto.
Cuánto sube la tasa y cómo se desglosa
El nuevo canon se compone de un recargo municipal de 24 euros y una tasa turística regional de 6 euros, sumando los 30 euros por persona. Hasta ahora, el Ayuntamiento de Barcelona ya venía aplicando el tope de 5 euros que permite la ley catalana, con la intención de subirlo a 8 euros en 2029. Este paso adelanta y amplía la presión fiscal sobre las escalas cortas.
El director general de Turismo de Cataluña, Jordi Valls, explicó que la medida busca “atajar la masificación turística” que provocan especialmente los barcos que atracan por unas horas sin que los pasajeros pernocten ni consuman apenas en la ciudad. Según datos del departamento, estos turistas gastan muy poco pero utilizan de forma intensiva los servicios públicos.
Qué tipo de crucerista se verá afectado
La subida apunta directamente a los visitantes de cruceros de escala corta, aquellos que pasan menos de 12 horas en tierra. Se calcula que pasan unas cinco horas de media en Barcelona, con un gasto reducido porque la mayoría duermen y comen a bordo. Las excursiones suelen estar organizadas por la naviera, no por empresas locales, lo que limita el impacto económico positivo para la ciudad.
Actualmente solo tres ciudades catalanas reciben cruceros: Barcelona, Tarragona y Palamós. Sin embargo, la Generalitat espera que únicamente Barcelona active este incremento, por ser el puerto mas afectado por la saturación turística. El Puerto de Barcelona cerró 2025 con cifras récord: 895 escalas, un 13,1% más que el año anterior, y casi cuatro millones de pasajeros de crucero.
El plan del Ayuntamiento: menos cruceros, más ingresos y un giro hacia el residente
La recaudación extra prevista supera los 20 millones de euros anuales. Parte de esos fondos podrían destinarse a bonificar en un 50% el coste del comedor escolar, según apuntó la portavoz republicana Ester Capella, una propuesta que refuerza el vínculo entre la fiscalidad turística y las políticas sociales locales.
El alcalde Jaume Collboni ya había defendido en mayo la idea de gravar con mas fuerza las escalas cortas como paso previo a eliminar los cruceros de la ciudad con el horizonte de cero escalas. Esta tasa turística complementa además otras medidas en marcha, como la prohibición de los pisos turísticos a partir de 2028 en toda la ciudad, un giro drástico en la estrategia de gestión del turismo.
En julio de 2025, el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria firmaron un acuerdo para reducir las terminales de cruceros: de siete a cinco en 2030, recortando la capacidad de 37.000 a 31.000 viajeros simultáneos. La nueva tasa acelera esa desconexión entre el turismo masivo de paso y la vida cotidiana de los barceloneses.
El Consistorio calcula que solo Barcelona dejará de ingresar cerca de 20 millones si los cruceros deciden evitar el puerto, pero prioriza la calidad de vida vecinal.
Mientras, otras ciudades europeas como Venecia o Dubrovnik también han impuesto tasas disuasorias. La estrategia catalana se alinea con un movimiento cada vez mas extendido en el Mediterráneo: el residente primero, el turista después.
La aprobación de esta enmienda supone un paso firme en esa dirección y convierte a Barcelona en un laboratorio de políticas de contención turística. El reto estará en medir hasta qué punto los armadores asumen el coste o lo repercuten en el precio del pasaje, y si la tasa frena realmente el número de escalas.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: El Parlament de Cataluña ha aprobado una enmienda para subir la tasa turística a 30 euros por crucerista que desembarque menos de doce horas en Barcelona.
- Por qué te importa: Los ingresos extra —más de 20 millones al año— podrían destinarse a servicios públicos como becas escolares, además de reducir la presión turística en la ciudad.
- A quién afecta: A los pasajeros de cruceros de escala corta, que ahora pagarán hasta seis veces más; al sector de las agencias locales y al propio Ayuntamiento, que apuesta por una política de contención.
- Hacia dónde vamos: El Ayuntamiento planea seguir endureciendo las restricciones, con la prohibición de pisos turísticos en 2028 y la reducción de terminales de cruceros, para limitar aún más el turismo masivo.



