Nadie, ni Sam Altman ni Dario Amodei, tiene claro si la inteligencia artificial te va a quitar el empleo. Esa incertidumbre ya está generando ansiedad laboral entre la Generación Z, que se prepara para un futuro laboral incierto. Si tú también sientes que la IA te mira por encima del hombro, no eres el único: los datos muestran que el miedo es tan real como la tecnología que lo provoca.
Lo que dicen Sam Altman y Dario Amodei (y por qué no se aclaran)
Sam Altman, el jefe de OpenAI, ha pasado del catastrofismo al optimismo en cuestión de meses. “Pensé que la eliminación de puestos de trabajo administrativos de nivel inicial ya habría tenido un mayor impacto del que realmente ha ocurrido”, reconocía hace poco. Ahora se alegra de haberse equivocado. Pero el giro coincide con la salida a bolsa de su compañía, lo que le quita credibilidad a más de uno.
En la otra esquina, Anthropic no afloja. Su cofundador Dario Amodei y su equipo insisten en que existe una posibilidad real de sustitución a gran escala. No hablan de una transición suave, sino de un golpe duro y repentino al empleo. Dos visiones opuestas que dejan a cualquiera con la cabeza hecha un lío.
Si los que construyen la IA no se ponen de acuerdo, imagina lo que siente quien está terminando la carrera.
El coste real de la IA: ni tan barata ni tan mágica
Mientras ellos discuten, las empresas empiezan a ver que sustituir empleados por IA no sale tan rentable como pensaban. El llamado tokenmaxxing (gastar sin control en tokens de IA sin calcular el retorno) ha disparado facturas. El director de operaciones de Uber admitió que los costes de IA son cada vez más difíciles de justificar, y en Microsoft ya han reducido licencias de Claude Code entre sus empleados por el alto coste.
Lejos de eliminar puestos, la implementación masiva de IA está creando demanda de nuevos perfiles: ingenieros de software (vacantes +18% en el último año, según Indeed) y analistas de seguridad. Más código escrito por máquinas significa más supervisión humana, y ese criterio sigue siendo escaso y caro. En España, aunque los salarios tecnológicos han dejado de crecer al mismo ritmo, los puestos relacionados con la seguridad o la auditoría de IA son los que más se revalorizan.
La Generación Z ya le ha cogido miedo a la IA (y no se queda de brazos cruzados)
La encuesta de Gallup es clara: el entusiasmo por la IA entre los más jóvenes bajó 14 puntos en solo un año, y la rabia frente a esta tecnología subió hasta el 31%. No es solo ansiedad difusa. Un 44% de los empleados de la Generación Z admite sabotear activamente los planes de implantación de IA en su empresa, muy por encima del 29% del conjunto de la plantilla, según un sondeo de Writer y Workplace Intelligence.
Estamos ante el nacimiento de una nueva forma de ansiedad laboral, tan válida como la que produce el cambio climático o la precariedad. Y tiene sentido: si ni los jefes de OpenAI y Anthropic se aclaran, ¿cómo va a planificar su carrera alguien que acaba de entrar en el mercado?
Boicotear la IA en tu empresa puede aliviar momentáneamente, pero a largo plazo solo retrasa una adaptación que, de todos modos, va a llegar.
No es la primera vez que una tecnología nos pone los pelos de punta. En los 80, los ordenadores personales generaron alarmas similares. El empleo no desapareció: se transformó. La diferencia ahora es en en la velocidad, pero la receta sigue siendo la misma: aprender, adaptarse y no comprar todo el catastrofismo sin un poco de escepticismo sano.
La incertidumbre no va a desaparecer, pero al menos ya no estás solo. La Generación Z está haciendo ruido, y aunque sabotear no sea la solución, sí que demuestra que hay ganas de que las cosas se hagan con cabeza.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 💸 ¿Qué ha cambiado? La IA genera tanta incertidumbre que ni sus creadores se ponen de acuerdo sobre si nos dejará sin trabajo.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? Sobre todo a los jóvenes de la Generación Z, que ven peligrar su primer empleo y ya muestran ansiedad y rabia.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Mantente informada, invierte en formación continua y no dejes que el pánico te paralice: la adaptabilidad es tu mejor defensa.



