La exposición Anna Turbau en el Palau Robert descubre un archivo inédito del fotoperiodismo

La muestra, abierta desde ayer en el Palau Robert, rescata más de 40.000 imágenes del archivo de la pionera del fotoperiodismo catalán. Las instantáneas, muchas inéditas, documentan protestas y realidades silenciadas en la Transición.

Si ayer paseabas por los jardines del Palau Robert, es posible que te toparas con una cola inusitada. Acababa de inaugurarse la muestra ‘Anna Turbau. En veu pròpia’, una retrospectiva que recupera la obra de una pionera del fotoperiodismo catalán y que se podrá visitar hasta el 30 de agosto.

La exposición, comisariada por el fotógrafo documental Adra Pallón, Maria Planas y Sílvia Omedes (de la Fundación Photographic Social Vision), propone una relectura de de todo el material de Turbau, que atesora más de 40.000 fotografías, entrevistas y declaraciones. Una cifra que habla de una vida entera pegada a la cámara y al pulso de la calle. Esa relectura recupera para el gran público imágenes que durante décadas permanecieron ocultas en cajas y negativos.

Una pionera esencial del fotoperiodismo catalán

Sílvia Omedes lo explica con claridad: “Hemos mantenido viva la voz de Anna con todo el trabajo de búsqueda de sus negativos y la destilación de sus palabras para que nos acompañe de principio a fin”. Para la comisaria, esta exposición no es un simple recopilatorio, sino una forma de restituir su mirada al debate cultural actual.

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Y es que la exposición no se limita a colgar fotografías en la pared. La selección se ha construido a partir de las propias reflexiones de Turbau, rescatadas de entrevistas y notas personales. Cada sala respira la coherencia de una artista que nunca separó su cámara de su conciencia.

Instantáneas que dignifican la protesta y la esperanza

La muestra sorprende por la actualidad de muchos de los conflictos que Turbau documentó, como la defensa del territorio o la reivindicación de derechos básicos. Las paredes del Palau Robert se llenan de imágenes que capturan manifestaciones, protestas y momentos clave de la Transición. Turbau retrató las movilizaciones contra la construcción de la AP-9, las protestas por el naufragio del Marbel, la vida de las comunidades gitanas de Ripollet o a las internas del centro penitenciario de mujeres de Wad-Ras. También están ahí la primera Diada de Catalunya tras el franquismo, el referéndum para la aprobación de la Constitución en Barcelona e incluso la actuación de Ella Fitzgerald en el Festival de Jazz de Barcelona a mediados de los setenta. Cada imagen es un testimonio de una época convulsa, pero también de una mirada que se negó a mirar hacia otro lado.

Adra Pallón destaca que Turbau se posicionaba ideológicamente con cada disparo: “Su forma de mirar era una declaración de intenciones que mostraba una profunda humanidad, presente en toda su obra y que hace que tenga una voz muy reconocible”. Esa voz, añade, se convierte en un hilo conductor que recorre toda la exposición.

Maria Planas abunda en esa idea y recuerda que la fotoperiodista concebía su trabajo como una herramienta de transformación. “Pensaba que el mundo se podía transformar a través de las fotografías, o al menos servían para visibilizar las injusticias sociales. Siempre decía que su fotografía era militante”, afirma. Esa militancia, sin embargo, no se traducía en un tono panfletario: Turbau entendía que para cambiar algo había que mostrarlo con honestidad, pero también con empatía.

Anna Turbau no se conformaba con denunciar la desigualdad: su cámara se convertía en una herramienta para dignificar a quienes sufrían las injusticias.

Uno de los aspectos más llamativos de su trabajo es la proximidad con los protagonistas. Turbau no buscaba el sensacionalismo ni la imagen lacrimógena; al contrario, se acercaba a las realidades más duras con un respeto casi reverencial. “No hacía las fotos solo para enviarlas a la redacción, sino porque quería ser honesta con la realidad”, subraya Pallón. Esa honestidad se traduce en encuadres que huyen del morbo y en la elección de un blanco y negro que, lejos de ser frío, resulta profundamente humano.

Planas insiste en que ese compromiso nace de una implicación personal profunda. “Su trabajo muestra la aproximación que tenía con las causas sociales y las desigualdades, y sus fotografías son respetuosas porque quería dignificar por encima de todo, por eso tiene esa belleza inusitada”. Esa belleza, sin coartadas estéticas, es lo que hace que la muestra resulte tan impactante. Y lo que convierte una visita al Palau Robert en algo más que un paseo dominical.

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Por qué la exposición es una cita imprescindible en Barcelona

La lectura que propone el Palau Robert va más allá del puro documento histórico. La voz de Anna Turbau, destilada en sus fotografías y en sus propias palabras, resuena hoy con la misma fuerza que en los años setenta. En un momento en que el fotoperiodismo se enfrenta a retos como la precariedad laboral y la saturación de imágenes, recuperar su legado es un recordatorio de que la cámara puede ser un arma de construcción masiva de memoria. Por eso, la exposición no solo interesa a los amantes de la fotografía, sino a cualquier persona con sensibilidad social.

La exposición, que se ha inaugurado ayer, 15 de junio, se mantendrá abierta hasta el 30 de agosto. La entrada es gratuita y se puede visitar en el horario habitual del Palau Robert. Para consultar los horarios exactos y posibles actividades paralelas, como visitas guiadas o encuentros con los comisarios, se recomienda acudir a la web oficial del centro.

Ficha técnica

  • Título: ‘Anna Turbau. En veu pròpia’
  • Autor o autora: Anna Turbau
  • Qué puedes ver: Más de 40.000 imágenes de archivo, fotografías inéditas de protestas y eventos de la Transición, y material documental.
  • Recinto y ciudad: Palau Robert, Barcelona