Cuatro de cada diez jóvenes afectados por la crisis de la vivienda sufren mala salud mental

El 42% de las personas de 25 a 34 años que padecen la crisis habitacional perciben su salud como regular o mala, según un estudio. El elevado coste del alquiler y la precariedad laboral se señalan como los principales desencadenantes.

El 42% de los jóvenes de 25 a 34 años que sufren la crisis de la vivienda perciben su salud mental como mala o regular.

Así lo revela el informe Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural, presentado este martes por el Consejo de la Juventud de España (CJE), Fad Juventud y Oxfam Intermón. El 42% de las personas de entre 25 y 34 años afectadas por la crisis habitacional percibe su salud mental como regular o mala, según el documento. El estudio traduce en cifras una advertencia que muchos psicólogos llevan tiempo haciendo: la imposibilidad de emanciparse por los precios de la vivienda pasa factura a la salud emocional.

La psicoterapeuta Sarah Belén Olarte ya lo reflejó en su libro El cortisol no sube solo, sube con el alquiler: muchos problemas que se tratan en consulta tienen su origen en la precariedad económica. “El dinero importa porque te da acceso a las cosas que importan. Si no sé si podré pagar el alquiler de mi casa, ¿cómo no voy a tener ansiedad?”, declaró en una entrevista reciente.

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¿Qué dice el estudio sobre la salud mental de los jóvenes?

El trabajo señala que la tasa de emancipación juvenil se sitúa en un 14,5%, el peor dato desde que existen registros. El sobreesfuerzo económico es evidente: los jóvenes de 16 a 34 años dedican de media entre el 40% y el 50% de sus ingresos a la vivienda. En hogares unipersonales, la cifra supera el 80% del salario.

El último Observatorio de Emancipación del CJE sitúa el alquiler medio en 1.176 euros mensuales. Una persona joven asalariada debe destinar el 98,7% de su sueldo a esa renta. Compartir piso, opción ya forzosa, se lleva el 33,6% del salario.

“Las soluciones no pueden ser solo sanitarias: no podemos responder con más psicólogas a un problema que tiene su raíz en alquileres que se comen nuestra capacidad de ahorro, en salarios que no alcanzan y en una generación que ha normalizado la incertidumbre como forma de vida”, afirmó Andrea González Henry, presidenta del CJE.

La crisis habitacional no solo retrasa la emancipación: está directamente vinculada a un deterioro de la salud mental que se agrava con cada subida del alquiler.

¿Cómo afecta la precariedad al bienestar emocional?

La inestabilidad laboral pesa igualmente en la salud psicológica juvenil. El 63% de las personas jóvenes con carencia material severa declaró algún problema psicológico en el último año, frente al 52% de quienes no tienen esas dificultades. Quienes apenas logran ahorrar presentan más síntomas de malestar.

La falta de recursos también limita los vínculos sociales, un pilar básico del bienestar. Entre los jóvenes con privaciones graves, casi cuatro de cada diez sienten soledad no deseada con frecuencia; en el grupo sin estrecheces económicas, la proporción baja a casi dos de cada diez.

Por qué la vivienda es un factor estructural de malestar

La investigación desvela un círculo vicioso: disponer de pocos recursos empeora la salud mental, lo que dificulta pagar atención psicológica. Al no recibir ayuda, el malestar se cronifica. De hecho, entre los 25 y 34 años la mala salud mental saltó del 7% al 19% para quienes renunciaron al apoyo psicológico por falta de dinero en el último año. La sanidad pública cuenta con seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, tres veces menos que la media europea.

Julia García, coautora del informe y experta en desigualdades de Oxfam Intermón, subrayó que la vivienda no es solo un techo: “La crisis habitacional se ha convertido en un factor estructural de desigualdad que afecta a su salud mental, a sus relaciones y a sus expectativas de futuro”. Por eso las entidades reclaman políticas de vivienda ambiciosas, refuerzos en protección social y, al mismo tiempo, más recursos de salud mental para romper este bucle.

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📌 El foco social: las claves

  • 🔎 Qué es lo importante: El 42% de los jóvenes de 25 a 34 años que sufren la crisis habitacional perciben su salud mental como mala o regular.
  • 👥 Quiénes son los afectados: Jóvenes de 25 a 34 años con dificultades para emanciparse y que destinan gran parte de sus ingresos a la vivienda.
  • ➡️ Qué consecuencias puede traer: Un círculo vicioso de malestar emocional y exclusión que requiere políticas integradas de vivienda, protección social y salud mental.