Pasar de una cocina fría de azulejo a un espacio acogedor no necesita una gran reforma. A veces basta con pintura y un poco de criterio cromático para que la estancia gane calidez y se integre visualmente con el resto de la casa. Es lo que defiende el arquitecto e interiorista Adrià Ferruz, director de Ferruz Studio, un despacho con larga trayectoria en proyectos residenciales.
¿Por qué la pintura le está ganando la partida al azulejo?
Pasamos de media entre 1 y 2 horas al día en la cocina, lo que suma hasta 14 horas semanales. Una encuesta de Whirlpool y OnePoll cifra en mil las horas anuales. Y ya no solo cocinamos: trabajamos, charlamos y recibimos visitas entre fogones. La cocina se ha convertido en el corazón social de la vivienda, explican los expertos. Ferruz apunta que esa transformación ha cambiado los materiales: “Años atrás el azulejo era el material estrella porque buscábamos soluciones fiables y duraderas, sin preocuparnos tanto por la estética”. Hoy, sin embargo, la cocina es una estancia más del hogar.
Colores y acabados que caldean sin gastar de más
La clave está en elegir pinturas mates o satinadas en tonos que evoquen calma y continuidad. Los cremas, terracotas, grises cálidos y pasteles crean sombras suaves y sensación de amplitud, justo lo contrario al efecto frío del azulejo blanco. Ferruz recomienda dejar el azulejo solo en la zona de cocción y aplicar pintura en el resto de paredes para que el ambiente fluya. “Materiales como la pintura o la madera envejecen bien, tienen textura y transmiten sensaciones que los acabados industriales no consiguen”, afirma.
El truco no está en el material, sino en la mirada
El cambio no implica renunciar a la funcionalidad. El azulejo sigue siendo imbatible en resistencia y mantenimiento, pero la pintura aporta algo más: unifica la cocina con el salón y borra la sensación de estancia separada. En los pisos actuales, con cocinas abiertas a la zona de estar, la continuidad visual es casi una necesidad. Ferruz lo resume: “Los materiales no solo cumplen una función técnica, también condicionan cómo vivimos los espacios”. Y añade que hoy ya no proyectamos la cocina como una pieza técnica, sino como un lugar de bienestar.
Ya no basta con que la cocina funcione: queremos sentirnos bien en ella, y la pintura lo consigue sin obras ni un desembolso importante.
La buena noticia es que este giro decorativo no exige un presupuesto alto. Pintar una cocina pequeña puede costar menos de 50 euros si eliges pintura lavable y te animas a hacerlo tú mismo. El resultado: un ambiente más cálido, personal y sin rastro del azulejo de toda la vida.
🏠 Las llaves de la noticia
- 🔑 Qué te importa: Cambiar el azulejo por pintura en la cocina aporta calidez y unifica visualmente el espacio con el salón.
- 💡 Por qué te importa: Es una solución low cost que transforma la estancia sin obras, ideal para pisos pequeños o abiertos.
- 📊 Apunta estas cifras: Tonos crema, terracota o grises cálidos; pintura lavable desde 50 euros; una capa de pintura ya cambia la sensación térmica.




