El ‘Guernica’ de Picasso vuelve al centro del debate cultural. Miren Arzalluz, directora del Museo Guggenheim Bilbao, defiende su traslado temporal como una oportunidad para la memoria y la reparación histórica. En una entrevista concedida a ABC, la responsable del centro bilbaíno reivindica que la solicitud para exponer el mural en la capital vizcaína no es un capricho político, sino una demanda social arraigada.
«Está claro que la reclamación está motivada por una cuestión simbólica, que tiene que ver con la reparación histórica. Esa es su fundamental motivación», afirma Arzalluz. La directora insiste en que nadie desea que la obra sufra y que los avances en el transporte de piezas delicadas permiten hoy entablar un diálogo técnico que hace unos años era impensable. El informe de 1998 que desaconsejaba cualquier movimiento, según Arzalluz, podría revisarse a la luz de las nuevas ingenierías mecánicas.
Arzalluz, hija del histórico dirigente del PNV Xabier Arzalluz, conoce bien el peso simbólico de esta reivindicación. Recuerda que la petición de traer el ‘Guernica’ a Euskadi se remonta a los años setenta y ha sido respaldada por amplios sectores sociales y culturales. «No es un intento aislado ni responde a una coyuntura partidista. Es una reivindicación histórica de memoria de reparación y de justicia con el pueblo vasco», subraya.
La directora se muestra firme al descartar cualquier uso político de la obra como moneda de cambio. «Lo que desearía es que se abra una conversación para valorar las distintas posibilidades», explica. Insiste en que todos los profesionales implicados anteponen la conservación del mural y que el debate no debería convertirse en un conflicto institucional. «El ‘Guernica’ no tiene nada que ver con nuestros intereses de programación; es una cuestión de memoria colectiva», zanja.
Reclamar el ‘Guernica’ no es un antojo museístico: es una forma de que el arte contribuya a una reparación histórica que la sociedad vasca lleva décadas esperando.
La reclamación del ‘Guernica’: ¿arte o memoria?
La postura de Arzalluz abre un nuevo capítulo en el pulso entre dos posturas aparentemente irreconciliables. Por un lado, los conservadores del Museo Reina Sofía, que custodian la obra, se aferran al informe del simposio de 1998 para descartar cualquier desplazamiento. Por otro, el Gobierno vasco y numerosas entidades culturales ven en el 90.º aniversario del bombardeo de Gernika una oportunidad irrepetible. La directora del Guggenheim intenta colocar la discusión en un plano distinto: «Lo que se pide es una apertura al diálogo, no una imposición».
La fragilidad del mural es el gran argumento técnico en contra. Con sus casi ocho metros de ancho, la pintura sobre lino de yute ha sufrido numerosos traslados en el pasado, pero los especialistas coinciden en que volver a enrollarlo supondría un riesgo muy alto. Arzalluz no niega esa realidad, pero subraya que el transporte de obras extremadamente delicadas ya se ha realizado en otros museos del mundo con garantías. «Se han producido muchos avances en ingeniería mecánica avanzada», apunta, convencida de que una evaluación actualizada podría abrir nuevas posibilidades sin comprometer la integridad del cuadro.
Mientras el debate continúa, la directora trabaja en el futuro de un museo que el año pasado rozó su récord de visitantes. Su hoja de ruta pasa por la calidad de la experiencia, no por las cifras. «Lo más importante no es el número, sino la forma en que atraemos a un público diverso», asegura. El museo prepara ya la programación del 30.º aniversario, que se celebrará en octubre de 2027.
Una directora con doble arraigo
Miren Arzalluz no es una recién llegada al mundo del arte. Historiadora del arte, dirigió entre 2018 y 2025 el Palais Galliera-Museo de la Moda de París y antes fue responsable de Colección y Exposiciones en el Museo Balenciaga de Guetaria. Su nombramiento al frente del Guggenheim Bilbao, mediante un concurso internacional, estuvo envuelto en cierta polémica por la inclusión del conocimiento de la realidad vasca como mérito valorable. Ella se encoge de hombros: «Si hubiera tenido en cuenta esos juicios, no habría hecho nada en mi vida».
Su retorno a Bilbao coincide con un momento de fuerte presencia femenina en la cúpula de la Fundación Guggenheim: Melissa Chiu en Nueva York, Karole Vail en Venecia y Mariët Westermann como directora ejecutiva global. Para Arzalluz, no es una coincidencia buscada, sino «un reflejo de cómo se va consolidando el reconocimiento de las mujeres en la cultura». Eso sí, lamenta que todavía sea necesario «redescubrir» a artistas como Ruth Asawa o Helen Frankenthaler, que gozaron de prestigio en vida.
El museo como espacio de memoria y transformación
La reivindicación del ‘Guernica’ entronca con una tendencia global: los museos ya no son únicamente contenedores de obras maestras, sino actores clave en la reparación de heridas históricas. Desde las devoluciones de arte expoliado a antiguas colonias hasta las exposiciones que revisan narrativas oficiales, las instituciones culturales asumen cada vez más un papel de agentes de memoria. El Guggenheim Bilbao, a juicio de su directora, puede contribuir a ese movimiento desde su propia identidad, arraigada en un territorio que todavía siente las cicatrices del bombardeo de 1937.
«Todos los museos internacionales nos movemos en esa tensión entre lo global y lo local», reflexiona Arzalluz. La petición de exhibir el mural en la capital vizcaína no es un gesto vacío: aspira a cerrar un capítulo simbólico en la historia de Euskadi. Y en ese empeño, la directora confía en que primen el diálogo y el rigor técnico. Mientras, el ‘Puppy’ de Koons, cubierto de andamios a la entrada del museo, sigue cambiando de flores cada temporada. Una metáfora de que, en el arte y en la memoria, todo puede —y debe— renovarse.
Ficha técnica
- Título: Miren Arzalluz reclama el ‘Guernica’ como reparación histórica
- Autor o autora: Entrevista a Miren Arzalluz, directora del Museo Guggenheim Bilbao
- Qué puedes ver: Análisis de la postura de la directora sobre el traslado del ‘Guernica’ y el futuro del museo
- Recinto y ciudad: Museo Guggenheim Bilbao (entrevista realizada en el museo)



