Más de 3.300 familias se quedaron sin su casa en los tres primeros meses del año, la cifra más alta para un primer trimestre desde 2022. El Instituto Nacional de Estadística acaba de publicarlo y el dato es un tortazo: las ejecuciones hipotecarias sobre vivienda habitual se dispararon un 38,5% respecto al mismo periodo del año anterior.
Una escalada del 38,5% que no es casualidad
El INE contabiliza 3.328 ejecuciones hipotecarias sobre viviendas habituales entre enero y marzo. Son 923 más que hace un año. De cada diez desahucios iniciados, más de un tercio corresponde a la casa donde vivía una familia. Y el 70% de todas las ejecuciones afectan a viviendas. El dato, aunque parezca seco, arrastra a miles de personas a una situación de emergencia habitacional.
Pero hay que leerlo con lupa. No todas las ejecuciones terminan en desahucio: el camino judicial es largo y algunos deudores llegan a acuerdos. Aun así, el Colegio de Registradores advierte de que la mayoría de estos procesos provienen de hipotecas firmadas entre 2005 y 2008, los años del ladrillo desbocado.
De quién son esas hipotecas y por qué debería importarte
El 44,3% de las ejecuciones iniciadas este año proceden de hipotecas contratadas en plena burbuja inmobiliaria. Hablamos de créditos de hace 15, 16 o incluso 20 años. “No son, en su mayoría, consecuencias directas de las subidas de tipos o de los problemas financieros surgidos en los últimos ejercicios”, explica Ricardo Gulias, consejero delegado de RN Tu Solución Hipotecaria. Pero ese retraso no suaviza el golpe: casi la mitad de los afectados tiene nombre y apellidos y un cerrojo en la puerta.
Mientras los desahucios fantasma del boom resucitan, el presente inmobiliario tampoco da tregua. La compraventa de vivienda cayó un 3,2% en abril y encadena cuatro meses de descensos. Los precios, sin embargo, se dispararon un 16,9% en mayo. Traducido a calle: quien no hereda o tiene un sueldo alto se enfrenta a un mercado imposible, y quien arrastraba una hipoteca vieja, al desahucio.
El drama de las ejecuciones no es solo el cierre de una puerta: es la constatación de que el sistema falla a quienes menos pueden defenderse.
La sombra de la burbuja y el presente que no cierra la herida
España sigue encadenada a aquella burbuja. Las ejecuciones actuales son la cola de un cometa de desahucios que arrancó en 2008. Pero lo nuevo es que ahora la vivienda se encarece sin control, las hipotecas suben y el alquiler ahoga. El resultado es que el Estado de Bienestar se tambalea para miles de familias, como denunció el presidente de la patronal inmobiliaria FADEI.
La estadística no cuenta cuántas de esas personas acabaron en la calle, pero la experiencia lo grita: los procedimientos pueden durar años, pero cada nueva certificación de ejecución hinca el miedo en un hogar. Y el contexto no ayuda. Los jóvenes que hoy buscan piso chocan con precios récord y sueldos congelados. Las ayudas al alquiler son un pañuelo en medio del incendio. Mientras, las ejecuciones que ahora saltan a los titulares recuerdan que las heridas de la crisis no están cerradas, solo dormidas.
Que casi la mitad de estas ejecuciones nazcan de hipotecas que se firmaron antes de que muchos de nuestros lectores tuvieran edad para votar demuestra que el problema es estructural. No es un repunte pasajero, es la factura de décadas de mala política de vivienda. Y seguirá llegando mientras no se construya un parque público digno, se controle el alquiler especulativo y se proteja de verdad a quien pierde su techo. Hoy los datos son números; mañana, en la puerta de al lado, pueden ser tu compañera de trabajo.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: Las ejecuciones hipotecarias sobre vivienda habitual se han disparado un 38,5% en el primer trimestre de 2026, con 3.328 casos.
- Por qué te importa: Detrás de cada cifra hay una familia expulsada de su hogar, y el mercado actual no ofrece alternativas de vivienda asequible.
- A quién afecta: Principalmente a personas con hipotecas antiguas (2005-2008) y, en general, a inquilinos y compradores jóvenes que ven cómo el precio sube sin control.
- Hacia dónde vamos: Las ejecuciones seguirán aflorando mientras no se refuerce la protección social y se regule un mercado inmobiliario cada vez más caro.



