Una alumna de 14 años ha sido detenida por vender tusi, la llamada cocaína rosa, dentro de su propio instituto en Alicante. La noticia ha caído como un jarro de agua fría en los grupos de WhatsApp de madres y padres, y ha vuelto a abrir el debate sobre una droga que lleva meses colándose en fiestas, festivales y, ahora, también en patios escolares.
El caso lo investiga la Policía Nacional y, según ha trascendido, la menor estaría suministrando dosis a otros compañeros del centro. Otro menor de 17 años habría sido quien le pasaba la mercancía, lo que apunta a una pequeña red de distribución entre adolescentes. Y sí, da bastante vértigo.
Qué es exactamente la cocaína rosa y por qué preocupa tanto
El tusi (también escrito tusibí, del 2C-B original) no es cocaína, aunque el nombre comercial despiste. Es un cóctel sintético de color rosa fosforito que suele mezclar ketamina, MDMA, cafeína y, según el lote, lo que el camello tenga a mano esa semana. Justamente esa es la trampa: cada papelina puede llevar una composición distinta y un riesgo impredecible.
Lleva un par de años escalando posiciones en el ocio nocturno español, con un perfil de consumidor cada vez más joven. Que ahora aparezca en un instituto, en manos de una chica de 14, no es un accidente aislado: es la consecuencia lógica de una droga que se vende en redes con estética de chuche y precios accesibles. Tela.
Por qué el caso de Alicante ha disparado todas las alarmas
Hay tres detalles que han hecho saltar el caso a primera plana. Uno, la edad: 14 años, segundo de la ESO. Dos, el escenario: un centro educativo, donde se supone que el control adulto es máximo. Y tres, la cadena: una menor que vende, otro menor que le suministra. El esquema reproduce a escala adolescente las estructuras de menudeo que ya conocíamos en el ocio adulto.
En redes, el tema lleva días moviéndose. Madres compartiendo el enlace, profesores señalando que llevaban meses avisando, y un sector adolescente que reconoce que el tusi circula desde hace tiempo en los botellones. La conversación, esta vez, no va de pánico moral: va de hasta qué punto las familias y los centros están equipados para detectar algo así a tiempo.
Eso sí, conviene no convertir a la menor en titular eterno. Es responsable penalmente desde los 14 según la Ley Orgánica del Menor, pero el foco debería estar en quién le pone el producto en la mano y en por qué llega tan abajo en la cadena de edad.
Lo que ya sabíamos y nadie quiso ver venir
El aviso lleva tiempo encima de la mesa. El Plan Nacional sobre Drogas y los informes europeos del observatorio de Lisboa vienen detectando un aumento sostenido del consumo de drogas sintéticas entre menores de 18 años desde 2023, con el tusi como producto estrella por su marketing visual y su precio. La última encuesta ESTUDES situaba la edad media de inicio en sustancias por debajo de los 15 años, una cifra que entonces se leyó como dato técnico y hoy se entiende como aviso a navegantes.
El paralelismo con lo que pasó hace dos décadas con el éxtasis es claro: droga colorida, nombre simpático, percepción de riesgo bajísima, y un sistema escolar que descubre el problema cuando ya está dentro del aula. La diferencia es que ahora, ademas, la distribución se organiza por Telegram y se paga por Bizum, lo que multiplica la velocidad. El próximo paso depende de cómo respondan ahora familias, centros y administraciones: si con prevención de verdad o con la enésima campaña de cartelitos. La sensación, viendo el caso de Alicante, es que el reloj corre.



