"No quiero saber nada de mi madre": Los errores y verdades más graves de Kiko Rivera

El perfil público de Kiko Rivera sigue siendo el de un hombre en constante conflicto entre su deseo de ser feliz y su incapacidad para frenar sus impulsos ante un micrófono. Aunque ahora celebra haber recuperado el contacto con su madre —“No nos echamos nada en cara. Hubo llantos. Fue una conversación complicada”, asegura sobre su reciente llamada—, sigue teniendo asignaturas pendientes.

Su madre, su hermana, sus tíos y sus exparejas conocen de sobra lo que significa ser el blanco de la verborrea de Kiko Rivera. Pese a que el pasado mes de agosto juró que jamás cargaría públicamente contra Irene Rosales para proteger a sus hijas, la realidad le ha pasado por encima. La pasada semana lanzó dardos envenenados que hirieron a su exmujer, desatando una oleada masiva de críticas. Ahora, el mediático DJ regresa al foco mediático pidiendo respeto para él y para su actual pareja, Lola García.

Da la sensación de que las consecuencias de sus actos no logran frenar su impulsividad. Aunque su faceta como personaje del corazón empaña constantemente su carrera musical, Kiko Rivera parece tropezar siempre con la misma piedra. A lo largo de su vida, ha cruzado líneas rojas imperdonables que se han transformado en auténticas armas arrojadizas.

Los siete graves patinazos verbales que Kiko Rivera no puede borrar

Los siete graves patinazos verbales que Kiko Rivera no puede borrar
Los siete graves patinazos verbales que Kiko Rivera no puede borrar | Fuente: Telecinco

El primer golpe bajo fue dirigido hacia Isa Pantoja en febrero de 2022. Tratando de justificar el polémico episodio de la manguera, soltó en la revista Lecturas: "Pegué a mi hermana una vez, cuando quiso cortarse las venas". Exponer un intento de suicidio sin consentimiento le costó un veto televisivo y casi una demanda. El segundo error histórico llegó en octubre de 2020 durante el especial de Telecinco sobre la herencia de su padre, donde sentenció su ruptura familiar alegando por temas económicos un tajante "Quiero olvidaros para poder ser feliz".

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El tercer y cuarto gran tropiezo tuvieron a Isabel Pantoja y al resto de su familia como protagonistas. Afirmó: "Mi madre me ha engañado toda la vida", sumando perlas como "He vivido engañado 36 años" y un "No quiero saber nada de mi madre". En 2021, su furia en redes sociales escaló al asegurar "Me avergüenzo de mi familia" y rematar con un "he tocado fondo por culpa de mi familia".

Tampoco se libró su propia historia. El quinto error fue renegar de sus orígenes privilegiados diciendo "No me han dejado ser feliz nunca" o "mi infancia no fue feliz". El sexto desliz vino al hablar de su carrera, ignorando el peso de su apellido al afirmar altivamente "Todo lo que tengo me lo he ganado yo" y "La fama me la he currado yo". Finalmente, el séptimo patinazo fue su forma de abordar sus adicciones, excusándose en factores externos tras confesar "Me he gastado mucho dinero en droga" y "la droga me ha hecho perder mucho dinero". Tardó demasiado en asumir su responsabilidad personal.

La guerra con Irene Rosales y el choque por las vacaciones

Ahora, intentando rebajar la tensión tras su última aparición en '¡De Viernes!', Kiko Rivera ha entonado el mea culpa. Hasta su propia madre le reprochó su actitud reciente. Al entrar al plató de Santi Acosta y Beatriz Archidona, reconoció su exceso verbal asegurando: "Me arrepiento, por supuesto que me arrepiento. Al fin y al cabo, es importante mantener un respeto hacia la madre de mis hijos. Me arrepiento de las formas". Sin embargo, no cede en el fondo del asunto y mantiene su postura: "Perdí los papeles, pero tengo mi razón".

El detonante de este último conflicto con la sevillana radica en la organización familiar. "La entrevista se graba un Miércoles Santo. Irene decide escoger ella la primera parte de las vacaciones y dejarme a mí la segunda parte. Le comunico que, por favor, si existe la posibilidad de que me deje a mí la primera parte porque, aparte de que viernes y sábado tenía que trabajar, quería aprovechar esos días para llevar a las niñas a ver a la abuela, a Canarias. Me dice que no, que tiene un viaje programado con las niñas y que no puede cambiar los billetes. Vuelvo a insistir y me dice que no". La chispa saltó cuando vio a su ex disfrutando sin las pequeñas. "Yo estaba viendo la Semana Santa con Lola y mi prima Anabel, y de repente me encuentro de frente a Irene con su pareja y sin las niñas. Me molesta, porque yo quería aprovechar esos días… y al final no hubo viaje. Soy un ser humano y cuando algo te sienta mal, al final estallo”.

La tensión aumentó con un mal gesto hacia su actual pareja durante una videollamada. "Mis hijas se llevan muy bien con Lola y en una de las videollamadas que hace Irene a mi teléfono, yo directamente lo cojo y se lo paso a Carlota. Y es que Carlota estaba precisamente con Lola. Entonces, Carlota le dice: "Mira, mamá, que estoy aquí con Lola...". Yo estaba escuchando y dije: "Hostia, ahora es el momento de que Irene diga: 'Hola, Lola, encantada' al igual que yo hice en el cumpleaños con Guillermo. ¿Sabes lo que hizo Irene? Ignorarla".

El dinero y los tensos acuerdos de custodia

El dinero y los tensos acuerdos de custodia
El dinero y los tensos acuerdos de custodia | Fuente: Telecinco

El aspecto económico también ha dinamitado la paciencia del DJ. "En el momento en el que ella quiere cambiar el convenio para pedir más dinero, yo acepto la primera vez, acepto la segunda, la tercera pero en la cuarta le digo: 'Oye, ya está bien, que el acuerdo ya está firmado". Ahí es cuando le digo que voy a pedir una custodia compartida, asumiendo lo que venga, porque ya no quiero más cambios. ¿Sabes cuál es la respuesta de Irene? "No, no, no. Lo dejamos como al principio, lo dejamos como al principio". Sobre su polémico comentario llamándola mantenida, no recula: "Sí, por supuesto que quise decir que era una mantenida. Creo que se entendió perfectamente. Durante los primeros meses yo pago todo y llega un momento en que yo le digo: 'Oye, ¿me vas a ayudar en algo?'. Y ella empezó a pagar su móvil. Entiendo que es la casa de mis hijas, por eso sigo pagando esa casa".

Sus condiciones eran claras desde el principio. "Yo con Irene tengo un convenio firmado de mutuo acuerdo en el que me comprometo a pagar la casa, el coche… Ella me dice que tiene una mano delante y otra detrás y yo le digo que no se preocupe, que la voy a ayudar”. Pero los constantes cambios le agotaron. "Lo que pido es que cuando pase ese año y encuentres trabajo, que me ayude y paguemos las cosas a medias, porque yo también tengo que pagar mi casa (...) Mi malestar empieza cuando, teniendo ese convenio ya firmado, empieza a modificar algunas cosas. Pide un aumento de la pensión alimenticia y yo la acepto".

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La gota que colmó el vaso ocurrió frente al juzgado. "Vamos a firmar al juzgado y en la puerta me dice que no firma porque me vuelve a pedir un aumento económico y quiere cambiar la organización con las niñas. Yo hasta ese momento me quedaba todas las semanas con las niñas los martes y los jueves, así como los fines de semana alternos. Me dijo que los martes y jueves, en las semanas en las que las tenía ese fin de semana, no se quedaran conmigo. Quería que solo las recogiera del colegio, las llevara a clases extraescolares y las devolviera en su casa a las 7”. Defiende que sus peticiones buscaban lo lógico: "Además, yo puse que si a alguno de los dos le surge un evento por temas de trabajo, se puede avisar con 24 horas de antelación. Yo incluí a los dos en la cláusula. Otra cosa es que ella no lo haya visto (...) En ese momento entendí que era lo mejor para las niñas, que si su padre o su madre están trabajando, en lugar de quedarse con otra persona, estén con sus padres. Ahora, desde luego que no lo contemplo”.

A nivel personal, reconoce el daño. "No me atrevo a expresar lo que sienten mis hijas porque lo están viviendo a su manera. Para ellas, es su mamá y su papá, adoran a las dos y evidentemente, pues habrá algo dentro de sus cabecitas que no entiendan. A mí mis niñas me han dicho algo, imagino que a su madre también". Asume su parte de culpa indicando: "Irene quiere lo mejor para sus hijas, pero estamos en un momento en el que quizás no estamos actuando bien. Yo creo que mis formas, no ayudan al bienestar de mis hijas. No han ayudado. Pero creo que, que aunque mis formas no han sido las más correctas, lo único que he querido expresar es que también la manera de actuar que está teniendo Irene, pues tampoco le viene bien a las niñas".

Curiosamente, su trato con la nueva pareja de Irene fue cordial. "Yo no tengo relación con Guillermo. Se celebra el cumpleaños de mi hija. Es el último cumpleaños que celebramos juntos. Y yo le saludo y le doy un abrazo. Yo no tengo ningún tipo de problema. Ninguno. Además, fui yo quien le dije a Irene: "Oye, si tú quieres, a mí no me importa que venga Guillermo, porque al final es tu pareja, va a estar conviviendo con mis hijas y me parecía, pues un buen momento para conocerle". Incluso añade: "Yo soy un tío muy natural, a veces peco de ser tan natural y al despedirme le di hasta un abrazo, que luego yendo para mi casa digo: "¿Qué hago yo dando un abrazo a este tío?". Me pareció un tío simpático. Vi cariño hacia mis hijas. Lo que un padre desea de la pareja de la madre de sus hijas. Para mí, ideal".

El aislamiento post-ruptura le hizo reflexionar profundamente. “Cuando me separo, me voy a mi casa, vivo solo. Y ahí empiezo a recapitular muchas cosas de mi vida. Empiezo a verlo todo desde otra perspectiva. La mayoría de la gente, cuando se separa, se va a casa de su madre. Y yo no puedo ir... Me ha tenido que pasar algo así para darme cuenta de que estoy echando de menos a mi familia'. Esa familia de la que tan mal he hablado, de la que he perdido las formas. Pero en el fondo de este corazoncito, empiezo a echar de menos a mi familia". Todo cambió en una fecha clave. "Era mi cumpleaños, Lola lo pasa conmigo en casa. Y yo me levanto triste. Me acordé de mi madre. En ese momento mi cabeza me dio un clic y decidí dar el paso".

Anabel Pantoja fue la mediadora: “Yo había borrado el número de mi madre. Escribo a mi prima Anabel para que me dé el teléfono de mi madre y fue ella la intermediaria para que pudiera hablar con ella. Yo estaba acojonado, porque he dicho cosas horribles y podía entender que mi madre me dijera que no quería hablar o que necesitaba su tiempo”. El alivio llegó rápido. "Mi prima me dice: 'Voy a llamar y, con lo que me diga, te digo'. Yo pensaba que iba a tardar un montón en decirme algo. Y la conversación con mi madre sucedió esa misma noche”.

Esa llamada selló la paz. “No nos echamos nada en cara. Hubo llantos. Fue una conversación complicada porque durante los primeros minutos ninguno de los dos podíamos hablar. Ni hemos hablado de temas complicados pero lo que más me gustó, es una cosa muy importante para mí, es que era mi madre. Ya sabéis que en alguna ocasión he dicho que sentía que hablaba con la artista y no con mi madre".