La guerra nos va a fastidiar las vacaciones y el nuevo problema del turismo se extiende más allá de Semana Santa

La inestabilidad internacional y los nuevos conflictos ya están teniendo impacto en el turismo, los precios y los viajes de millones de personas. Lo que parecía un problema puntual para Semana Santa empieza a convertirse en un escenario incierto para las vacaciones de todo el año.

El llamado “efecto mariposa” vuelve a actuar y esta vez afecta el bolsillo de los españoles directamente, y es que la guerra en Irán está afectando los precios del petróleo y como consecuencia, los precios de la gasolina en Europa. ¿Nos va a salir más caras las vacaciones este año? ¿Es posible que una guerra a miles de kilómetros termine afectando a algo tan cotidiano como unas vacaciones en Semana Santa o en verano? La respuesta corta es sí, y el motivo principal no es el turismo en sí, sino todo lo que hay detrás, petróleo, vuelos, incertidumbre y decisiones de última hora.

El turismo es uno de los sectores más sensibles a lo que pasa en el mundo. No hace falta que haya un conflicto en tu destino para que te afecte, basta con que suba el combustible, se cancelen rutas aéreas o la gente tenga miedo a viajar para que todo cambie. Y eso es exactamente lo que está empezando a pasar.

El problema no es solo lo que puede ocurrir en Semana Santa. El verdadero miedo del sector turístico es el verano, porque si el conflicto se alarga, el impacto en precios y en movimientos de turistas puede ser mucho mayor.

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Vacaciones: viajar será más caro si sube el petróleo

Viajar será más caro si sube el petróleo
Y cuando sube el petróleo, sube prácticamente todo lo demás. Fuente: Agencias

El primer impacto de cualquier guerra en Oriente Medio siempre es el mismo, el petróleo. Y cuando sube el petróleo, sube prácticamente todo lo demás, pero especialmente el transporte.

Sí, a nivel de usuario está la rebaja del IVA del Gobierno, pero las aerolíneas tienen en el combustible uno de sus principales costes, y cuando ese coste sube, tarde o temprano acaba trasladándose al precio de los billetes.

De momento, los precios están relativamente contenidos porque muchas compañías tienen el combustible asegurado a precios anteriores, pero si el conflicto se alarga, las nuevas compras de combustible serán más caras y eso terminará notándose. El sector hotelero ya avisa de que, si la guerra continúa, los precios podrían subir de cara al verano, sumándose a las subidas que ya se produjeron el año pasado.

El sector hotelero avisa de que, si la guerra continúa, los precios podrían subir de cara al verano

España puede salir beneficiada, pero con una condición
Si España se beneficia de la llegada de más turistas, pero hoteles y vuelos suben demasiado los precios. Fuente: Agencias

Asimismo, y aunque suene contradictorio, los conflictos en determinadas zonas del mundo suelen beneficiar al turismo español. Ya pasó con las primaveras árabes y puede volver a pasar ahora, muchos turistas que pensaban viajar a destinos del Mediterráneo oriental o de Oriente Próximo cambian de idea y buscan destinos que perciben como más seguros, y ahí España aparece como alternativa.

El problema es que este efecto refugio tiene un límite: el precio. Si España se beneficia de la llegada de más turistas, pero hoteles y vuelos suben demasiado los precios, parte de esos viajeros pueden terminar yéndose a otros países que también se consideran seguros, como Italia, Grecia o Portugal. Es decir, España puede ganar turistas, pero también puede perderlos si se encarece demasiado.

El verdadero problema: la incertidumbre y las reservas de última hora

El verdadero problema: la incertidumbre y las reservas de última hora
Cuando la economía va bien, la gente viaja. Cuando hay miedo o incertidumbre, la gente espera. Fuente: Agencias

Más que las cancelaciones, lo que más preocupa al sector es la incertidumbre. Cuando la gente no tiene claro qué va a pasar, no cancela el viaje, pero tampoco reserva. Espera. Y eso cambia por completo cómo funciona el turismo, porque obliga a hoteles, aerolíneas y agencias a trabajar con reservas de última hora, algo mucho más inestable.

Además, hay otro efecto importante, la alteración de vuelos de largo radio. Muchos vuelos entre Europa y Asia hacen escala en aeropuertos como Dubái, Doha o Abu Dabi, que funcionan como grandes centros de conexión mundial. Si esos vuelos se cancelan, se desvían o se encarecen, viajar a Asia, Australia o incluso algunos destinos de África se complica y se vuelve más caro, lo que también afecta al turismo global.

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El turismo siempre ha sido un termómetro de lo que pasa en el mundo. Cuando la economía va bien, la gente viaja. Cuando hay miedo o incertidumbre, la gente espera. Y ahora mismo, lo que hay en el sector turístico no es pánico, pero sí una palabra que se repite constantemente: prudencia.

Por eso, más que preguntarse si viajar será posible, la pregunta real es otra, cuánto nos va a costar viajar este año. Porque todo apunta a que viajar se va a poder seguir viajando, pero probablemente pagando más y decidiendo mucho más tarde que otros años. Y eso, aunque no lo parezca, cambia por completo el mapa del turismo.