En la madrugada de este sábado al domingo se vuelve a llevar a cabo un nuevo cambio de hora, reavivando de nuevo un debate que se da en España y que Europa lleva años aplazando. Este 2026 debe decidir de forma definitiva si mantener o eliminar los ajustes estacionales del reloj, pero la duda en nuestro país es con cuál quedarse.
Mientras la Comisión Europea revisa estudios y busca una posición común, la opinión pública española parece tenerlo claro. La mayoría rechaza tanto el cambio de hora como el horario de invierno y se decanta por un escenario estable de luz vespertina, al tiempo que crece la preocupación por el precio de la electricidad y por la complejidad de las facturas, según el estudio elaborado por Camby 'Hábitos y percepción del sector energético en España 2026'.
Pero vayamos por partes. Un 77 % de los españoles preferiría mantener de forma permanente el horario de verano, frente a una minoría que optaría por fijar el horario de invierno como referencia. El rechazo no se dirige solo al cambio en sí, sino específicamente a que se percibe como negativo todo lo que trae el horario invernal, asociado a tardes más cortas y a una sensación de menor aprovechamiento de la luz natural.
Asimismo, dos de cada tres encuestados (67,8 %) consideran que el cambio de hora influye en su consumo eléctrico. La percepción generalizada es que los ajustes estacionales impactan en los hábitos de iluminación, calefacción o climatización, y que cualquier medida que permita reducir el gasto energético gana relevancia en un contexto de precios volátiles y presión sobre la economía de los hogares.

Más de la mitad de los consumidores (53 %) asegura que el coste de la electricidad ejerce una presión significativa sobre su economía familiar, y un 10,1 % reconoce abiertamente que la factura de la luz le dificulta llegar a fin de mes, según la misma encuesta.
Esta preocupación se encuentra directamente con el calendario de Europa. El Parlamento Europeo ya votó en 2019 a favor de eliminar el cambio de hora, pero la falta de consenso entre Estados miembros dejó la medida en punto muerto. El calendario actual de cambios fijado por la Comisión Europea finaliza en 2026, lo que abre una nueva ventana para replantear esta práctica. En este contexto, España ha solicitado formalmente a la Unión Europea avanzar hacia la eliminación del cambio horario estacional, mientras Bruselas encarga nuevos estudios para medir el impacto en salud, transporte, energía y mercado interior y tratar de articular una posición común.
"El cambio de hora vuelve a poner sobre la mesa la importancia de optimizar el consumo energético en hogares y empresas. En un contexto de precios volátiles, adaptar las tarifas y los hábitos a las franjas más eficientes ya no es una opción, sino una necesidad. Apostar por el máximo ahorro energético es también una decisión estratégica de negocio", explica Mario Fernández, CEO de Camby.
Solo la mitad entiende la factura de la luz y una amplia mayoría cree pagar de más
Del informe se extraen también otros datos interesantes sobre el consumo de los españoles. Aproximadamente la mitad de los ciudadanos admite que apenas entiende o no entiende nada de cómo se calcula su factura de la luz. La estructura del recibo —que combina energía consumida, peajes de acceso, cargos regulados e impuestos— sigue siendo un terreno pantanoso para muchos hogares, que tienen dificultades para distinguir qué parte del importe final corresponde a su consumo real y qué parte obedece a costes regulados o fiscales.
La otra mitad de los consumidores declara que, al menos, entiende de forma general los conceptos principales de la factura y es capaz de identificar los tramos horarios o la potencia contratada.
En cualquier caso, un 74,8 % de los encuestados está convencido de que paga más de lo debido por su suministro de electricidad, prácticamente tres de cada cuatro hogares. Más de la mitad de los encuestados (alrededor del 55 %) señala la bajada del precio de la luz como la principal mejora que debería afrontar el sector, mientras que en torno al 43,7 % reclama una mejor explicación de las tarifas y de la factura y alrededor del 40 % demanda más transparencia en el recibo. La ciudadanía no pide únicamente pagar menos; exige saber por qué paga lo que paga y disponer de información comprensible para tomar decisiones.

La factura se percibe, además, como un elemento determinante del presupuesto familiar. El coste anual de la electricidad para un hogar medio con tarifa semirregulada en el entorno de los 1.000 euros en 2025, tras un incremento superior al 15 % respecto al año anterior. Y las subidas acumuladas pueden ir a más con conflictos internacionales como el de Estados Unidos e Israel con Irán.
En torno a un 63 % de los españoles estaría dispuesto a cambiar de proveedor si detecta una subida en su factura o encuentra una oferta más competitiva. Sobre esto mismo, los reguladores y el Gobierno han comenzado a reaccionar, y el Ministerio para la Transición Ecológica ha endurecido en los últimos años las obligaciones de información y protección al consumidor eléctrico, facilitando el cambio de compañía y acotando determinadas prácticas comerciales.
Por su parte, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha señalado la falta de transparencia y la información precontractual poco clara como dos de los grandes problemas del mercado minorista. La normativa obliga ya a incluir elementos mínimos de información en las facturas, como códigos QR o accesos al comparador oficial de ofertas, pero los datos muestran que buena parte de los usuarios sigue sin aprovechar estas herramientas.
Finalmente, alrededor de un 28 % de la ciudadanía reclama una atención al cliente más rápida y eficaz y mayor inversión en energías renovables, un 26,5 % pide más garantías de estabilidad en el suministro y en torno a un 24 % exige la eliminación de permanencias y cláusulas confusas.



