La viuda negra de la tele: El plan macabro con insulina que Josep Maria Mainat ('Operación Triunfo') superó de milagro

La justicia dicta sentencia tras el intento de asesinato más mediático de la última década. Angela Dobrowolski cruzó todas las líneas rojas en una noche de terror doméstico. Descubre los detalles escabrosos de un plan que buscaba la herencia y terminó en prisión.

Josep Maria Mainat volvió a nacer la madrugada del 22 al 23 de junio de 2020, aunque tardó meses en asimilar que la mujer con la que compartía su vida había intentado apagar la suya para siempre. No fue un accidente, ni un error médico, sino un movimiento calculado ejecutado en la intimidad de su dormitorio mientras el productor dormía profundamente.

El caso, que parece sacado de un guion de suspense de serie B, sacudió los cimientos de la crónica social española. No solo por la relevancia del personaje —uno de los creadores de 'Operación Triunfo'— sino por la frialdad de los informes forenses que detallaron cómo se utilizó una sustancia vital para convertirla en una arma letal.

Estamos ante la crónica de una traición anunciada. Un proceso judicial que ha desnudado las miserias de un matrimonio roto y la desesperación de una mujer, Angela Dobrowolski, que veía cómo su estilo de vida se desmoronaba ante un inminente divorcio que la dejaba fuera de una fortuna millonaria.

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El escalofriante relato de la noche de los hechos

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La reconstrucción de los hechos aceptada por el tribunal es digna de una pesadilla. Aquella noche, tras una fuerte discusión, la acusada entró hasta cinco veces en el dormitorio de su marido. Bajo la excusa de administrarle vitaminas y un tratamiento para adelgazar, le inyectó dosis masivas de un compuesto que su cuerpo no necesitaba. Las cámaras de seguridad de la vivienda fueron testigos mudos de sus idas y venidas a la cocina, donde preparaba las jeringuillas mortales.

La respuesta médica que evitó la tragedia

Lo que Dobrowolski no previó fue la resistencia física de su víctima y la rápida intervención de los servicios de emergencia. El uso de la insulina como método para provocar un coma hipoglucémico es una técnica especialmente cruel, ya que busca una muerte que parezca natural o accidental por una bajada de azúcar. En el artículo de Wikipedia sobre la insulina se explica la función metabólica de esta hormona, pero en manos de Angela se convirtió en un veneno silencioso diseñado para no dejar rastro aparente en una primera inspección.

El equipo médico que atendió a Josep Maria Mainat se encontró con unos niveles de glucosa tan bajos que eran incompatibles con la vida. Fue su instinto y la rapidez de los sanitarios lo que permitió estabilizarlo antes de que el daño cerebral fuera irreversible. La frialdad de la acusada, que tardó más de veinte minutos en llamar a la ambulancia mientras veía cómo su marido se hundía en la inconsciencia, fue la clave que levantó todas las sospechas iniciales.

El juicio que desnudó a la familia Mainat

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Durante las sesiones en la Audiencia de Barcelona, el país asistió a un espectáculo dantesco. Vimos a una Angela disfrazada con pelucas, entrando y saliendo de los juzgados, mientras la defensa intentaba alegar problemas mentales o una supuesta negligencia. Sin embargo, las pruebas periciales fueron demoledoras. Se demostró que ella sabía perfectamente que su marido no era diabético y que la administración de esa sustancia le provocaría un daño fatal.

  • El móvil económico fue el motor principal del intento de asesinato.
  • Las cláusulas del contrato matrimonial excluían a Angela en caso de divorcio.
  • Se detectaron búsquedas en Google sobre cómo provocar la muerte con fármacos.
  • El glucómetro de Mainat registró mediciones manuales que él no pudo realizar.
  • La actitud errática de Dobrowolski tras el suceso delató su falta de remordimiento.
  • Las grabaciones internas de la casa fueron la prueba de cargo definitiva para el fiscal.

Las secuelas psicológicas y el legado de un genio

Mainat no ha vuelto a ser el mismo. Aunque mantiene su agudeza mental y su carácter irónico, el golpe emocional de saberse víctima de la persona en la que confiaba es una cicatriz que no cierra con sentencias. Ha tenido que blindar su vida privada y la de sus hijos, alejándose del foco mediático que él mismo ayudó a construir durante décadas en la televisión.

La relevancia de Josep Maria Mainat en la industria audiovisual es indiscutible, pero ahora su nombre va ligado a este suceso truculento. Es el precio de la fama y de una tragedia que pudo ser mucho peor. Los expertos en criminología estudian este caso como un ejemplo perfecto de "la viuda negra" moderna: alguien que utiliza la cercanía y el cuidado médico para ocultar un instinto criminal movido por la codicia.

  • La seguridad en las viviendas de lujo ha cambiado tras este suceso.
  • El protocolo de atención a hipoglucemias graves incluye ahora investigación policial si hay sospechas.
  • El debate sobre la custodia de los hijos en casos de intento de homicidio se ha reabierto.
  • La exposición mediática de los acusados puede perjudicar la presunción de inocencia.
  • Los detectores de movimiento y cámaras internas son ahora elementos de prueba comunes.
  • El testamento de los grandes patrimonios suele incluir cláusulas de exclusión por indignidad.

El escenario futuro tras la condena definitiva

El futuro de Angela Dobrowolski parece estar tras las rejas durante una larga temporada. A pesar de sus intentos por recurrir y sus constantes problemas con la justicia por otros delitos menores (como robos o intentos de fuga), la sentencia por el caso Mainat es un muro infranqueable. La justicia española ha sido clara: el plan existió, la intención de matar fue real y solo el azar evitó el funeral del productor.

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Mi opinión como periodista que ha seguido el caso desde el primer día es que estamos ante un perfil de personalidad narcisista que nunca aceptó la pérdida de poder. El escenario futuro para Mainat es de una calma tensa; podrá vivir tranquilo sabiendo que se ha hecho justicia, pero el miedo a que el pasado regrese en forma de nuevas amenazas siempre estará presente. Este caso nos enseña que, a veces, el mayor peligro no está fuera, sino durmiendo en la habitación de al lado.