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Experto dice que el deseo de una robot de ser madre no plantea nuevos problemas éticos

El director del Grupo Ciencia Razón y fe de la Universidad de Navarra, Javier Sánchez Cañizares, ha indicado que el hecho de que la robot Sophia haya manifestado un deseo de ser madre «no genera nuevos problemas éticos» porque aunque «llama la atención» que exprese «un deseo tan profundo», no deja de ser «una simulación muy buena».

«Desde el punto de vista ético quizá alguien esté preocupado por la cuestión de si pueden generar autoconciencia y pensamiento propio, lo podrían ver como un paso en esa dirección; pero si uno conoce cómo funciona la inteligencia artificial, se da cuenta de que es un resultado más para el tipo de finalidad para la que está construido ese robot. No genera nuevos problemas éticos», ha explicado Sánchez Cañizares en una entrevista.

Según precisa el experto, así es como funciona la inteligencia artificial en este tipo de robots: utilizan el ‘deep learning’ o aprendizaje profundo para simular el comportamiento humano, en el caso de Sofía, el comportamiento de una mujer.

En todo caso, ha reconocido que «llama la atención» que haya manifestado «un deseo tan profundo como el de la maternidad» lo que demuestra que es «una simulación muy buena».

Preguntado por si se debe permitir que la robot Sophia sea madre, Sánchez Cañizares invita a plantearse lo que significa que un robot tenga un hijo, pues actualmente ya existen robots capaces de construir otros robots y esos también serían padres o madres.

HUMANIDAD EN ROBOTS

Si bien, ha puntualizado que «la maternidad es mucho más que la construcción de una descendencia», aunque ha insistido en que lo que mueve ese deseo en los humanos –ampliar la familia, experimentar la paternidad con tu pareja– no es lo mismo que le mueve a Sophia pues sigue siendo una simulación y los fines le vienen dados de fuera.

«Siempre nos estamos moviendo en el terreno de la simulación pero no son motivaciones ni deseos personales porque eso falta en el robot, que está construido para un fin, en este caso, simular el comportamiento humano», ha subrayado el experto, añadiendo que detrás «hay relaciones numéricas».

Para Sánchez Cañizares, pensar que un robot va a llegar a ser humano es «un poco contradictorio en sí mismo» porque los humanos aparecen sobre la Tierra «después de un largo proceso de evolución, en el que los creyentes también creen que está la mano de Dios», mientras que «los robots se crean con fines específicos, para que solucionen problemas concretos, no para que evolucionen».

Esto es así, según dice, a pesar de que en series y películas se juega con la posibilidad de que los robots desarrollen sentimientos. «Es un recurso de la ciencia ficción pero hay argumentos fuertes para decir: ‘No es así como funciona la inteligencia artificial'», ha detallado.

En este sentido, ha señalado que «sería irresponsable» crear un robot con el fin de que evolucione y, en un futuro, se llegue a convertir en humano. De hecho, ha precisado que existen directivas europeas para que haya transparencia en los algoritmos, de forma que se sepa lo que están haciendo los robots, para que no tomen decisiones sin supervisión humana.

Así, en el caso de Sophia como en otros, el experto considera que «no hay peligro» siempre que esté «dentro de unos límites controlados y unos parámetros numéricos». «Una manera en que mejoran los algoritmos es la evolución de los algoritmos, que exploren dentro de sus posibilidades cuál es la mejor estrategia para resolver un problema», ha explicado.

De esta forma, Sophia habría evolucionado en cuanto a que ha descubierto que interacciona mejor con los humanos si manifiesta deseos profundos como ser madre, porque así empatiza. «Es fruto de una evolución interna de Sophia pero siempre está muy controlada y limitada dentro de unos parámetros numéricos y dentro de generar un lenguaje lo más parecido posible a los humanos. ¿Eso es evolucionar en el sentido biológico de la evolución? Pienso que no», ha indicado el experto.