Ansiedad en vacaciones: por qué llega justo cuando toca descansar y cómo reconocerla, según una psicóloga

La psicóloga Raquel Beraiz explica que no fallan las vacaciones, sino que el cuerpo procesa el estrés acumulado durante meses. El cansancio intenso, la tristeza y la culpa por no ser productivo son señales habituales entre los primeros días de descanso.

Las vacaciones deberían ser sinónimo de descanso, pero a muchas personas les aparece justo en agosto una sensación de ansiedad, tristeza o agotamiento. Es lo que popularmente se conoce como 'depresión de la tumbona'.

Algunos especialistas lo llaman síndrome de estrés vacacional (una forma de describir el malestar al pasar casi de golpe de un periodo largo de presión a detenerse). No es un diagnóstico clínico reconocido, y conviene decirlo claro.

Qué es la ansiedad de vacaciones y por qué no fallan las vacaciones

Lo primero que deja claro la psicóloga Raquel Beraiz, de Psicosnet, es que no fallan las vacaciones. El cuerpo empieza a procesar el estrés acumulado de meses justo cuando por fin hay espacio para parar.

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Durante la rutina laboral, muchas emociones quedan en un segundo plano. Al bajar el ritmo, aparecen. Y aparecen con factura: dificultad para desconectar, culpa por no ser productivo y un cansancio que no se va durmiendo una siesta.

Cómo reconocerla: del cansancio intenso a la culpa por descansar

ansiedad verano

No es solo mental. El cansancio intenso, los dolores de cabeza o los cambios en el sueño se notan en el cuerpo. A nivel emocional aparecen ansiedad, tristeza o irritabilidad, mientras la mente sigue enganchada a los asuntos del trabajo.

También es frecuente sentir culpa por descansar o por no aprovechar el tiempo en algo que parezca más productivo. Y aquí llega el matiz: este fenómeno no es exclusivo del verano.

El descanso se convierte en espejo: lo que no se procesó durante meses sale justo cuando el ruido se apaga.

Surge en Navidad, en Semana Santa o después de un puente. Aparece tras cualquier pausa que rompa un periodo de estrés. Las vacaciones de verano son el escenario más drástico, porque el cambio de ritmo es mayor y las solemos idealizar.

La comparación de Beraiz es útil: cargar una mochila pesada durante horas no se nota mientras caminas, pero al dejarla en el suelo aparece el cansancio de golpe. Algo muy parecido le pasa al cuerpo cuando mantiene semanas de alerta sin desconexión real.

El trabajo tampoco termina al salir de la oficina. Los correos, los mensajes y las tareas pendientes se cuelan en el tiempo libre. 'Hoy en día muchas personas dejan de ir físicamente al trabajo, pero el trabajo no deja de ir con ellas', explica Beraiz.

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Hay perfiles más vulnerables: personas muy autoexigentes, perfeccionistas o acostumbradas a tenerlo todo bajo control. La especialista menciona especialmente a algunos profesionales sanitarios y psicólogos, que pasan meses sosteniendo la tensión de los demás.

Las redes sociales suman presión. Las fotos de viajes y planes perfectos venden una idea: las vacaciones deberían ser la mejor experiencia de tu vida. 'Parece que las vacaciones tienen que ser lo mejor de tu vida porque están siendo lo mejor de la vida de los demás', apunta Beraiz.

Lo que la psicóloga deja claro: el descanso también es cuidar la salud

En la mayoría de los casos, el malestar baja a medida que la persona se adapta al nuevo ritmo. Si es muy intenso o dura demasiado, puede afectar al descanso y a las relaciones. Y, ojo: las vacaciones también pueden hacer visibles problemas de ansiedad o depresión que ya estaban ahí debajo del ruido.

La estrategia más sensata pasa por preparar la transición y no pasar de 100 a 0 de golpe. Cerrar asuntos pendientes, reducir progresivamente el ritmo y aceptar que no todo quedará perfecto puede facilitar el cambio. Durante las vacaciones también ayuda mantener horarios razonables, limitar el móvil, salir al aire libre, hacer algo de ejercicio y reservar momentos sin ninguna obligación.

Lo remata Beraiz con una frase de la que toca aprender: 'Hay muchas personas que sienten que descansar es perder el tiempo cuando, en realidad, descansar también es cuidar nuestra salud.

Si el malestar persiste o se vuelve muy intenso, no es un fracaso personal: puede ser la señal de que algo venía de antes. Pedir ayuda profesional, sin dramatismo, también forma parte de recobrar el ritmo.

En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)

  • 🧠 ¿Qué dice la psicóloga? La ansiedad en vacaciones no es un fallo del descanso, sino la salida del estrés acumulado durante meses.
  • 👥 ¿A quién afecta exactamente? A personas muy autoexigentes, perfeccionistas y a quienes no desconectan del trabajo fuera de la oficina.
  • ¿Qué puedes hacer al respecto? Preparar la transición, bajar expectativas, limitar el móvil y reservar momentos sin obligaciones.