2La unidad exterior: quitar hojas, polvo y obstáculos del condensador
El condensador es la única pieza del sistema que tiene que soltar al aire todo el calor que se extrae de casa, y lo hace a través de unas aletas de aluminio muy finas por las que el ventilador empuja el aire. Cuando esas aletas se cubren de polvo, pelusa, polen o restos de vegetación, la superficie útil de intercambio se reduce y el equipo necesita más tiempo y más presión para evacuar la misma cantidad de calor: el compresor trabaja por encima de lo previsto y el ventilador gira más rato para lograr lo mismo. Los datos que respaldan ese efecto son bastante elocuentes. En un estudio de ASHRAE recogido por la Universidad de Illinois, una batería que había pasado un año sin limpiar en un rascacielos de Nueva York recuperó tras el lavado un 12,5% de caudal de aire, un 13,6% de capacidad de refrigeración y un 25% de eficiencia térmica, además de reducir un 14% la caída de presión. La documentación técnica japonesa maneja cifras del mismo orden: solo limpiar las aletas de la unidad exterior rebaja de inmediato el consumo eléctrico alrededor de un 15%.
Lo que hace a este paso merecedor de estar en la lista no es solo su efecto, sino su relación entre resultado y esfuerzo: no exige herramientas, ni gas, ni abrir paneles, y se resuelve en pocos minutos. Basta con retirar hojas, ramas y residuos de la rejilla y de la base y despejar el perímetro; los fabricantes piden entre 45 y 60 centímetros libres alrededor del equipo, y conviene vigilar también macetas, muebles de terraza o setos que acaban tapando la salida sin que uno se dé cuenta. Para la película de polvo adherida, una manguera con presión suave y el chorro de arriba abajo, siempre con la corriente cortada en el cuadro y el ventilador detenido. Nunca un equipo de alta presión ni agua sobre la caja eléctrica: las aletas se doblan con facilidad y una aleta aplastada restringe el paso del aire tanto como la suciedad. Con una limpieza anual —mejor dos, tras la caída de la hoja y antes del verano— se evita que ese sobreesfuerzo acabe en averías caras: sustituir un compresor se va por encima de los 500 euros, mientras que una revisión profesional que incluya la unidad exterior ronda los 60-120 euros en España. El aparato no gana potencia: deja de perder la que tenía.
