Reconócelo: has sacado el jersey de lana y ahí estaba el agujero. Las polillas en el armario que ves volar por el pasillo no tienen nada que ver con eso.
El cambio de temporada es el momento exacto para cortarles el paso. Las culpables no son las mariposas grises que se pegan a la pared, sino sus larvas, que llevan meses comiendo a oscuras. Según recoge Mejor con Salud, cada hembra adulta pone entre 40 y 50 huevos diminutos sobre los tejidos y ahí empieza el desastre.
Las que comen no son las que vuelan
Toda la culpa es de la queratina, la proteína de la que están hechas las fibras de origen animal. Lana, cachemir, seda, fieltro, cuero y plumas son su menú. El algodón y el poliéster no les interesan tanto, y por eso el jersey bueno siempre se lleva la peor parte.
¿Dónde ponen? En sitios oscuros, tranquilos y sin movimiento. Costuras, cuellos, puños y pliegues son sus favoritos, igual que los armarios cerrados, los cajones poco ventilados y cualquier rincón que no abras en semanas.
También campan a sus anchas en altillos, trasteros, sótanos, zócalos y grietas, debajo de las alfombras, detrás de cortinas gruesas y entre las mantas apiladas. Cuidado con esto: la ropa guardada sin lavar, con restos de sudor, grasa o comida, les parece un banquete.
Las polillas adultas no comen ropa: ponen los huevos y se van. El daño lo firma una larva que lleva meses trabajando sin que la veas.
La bolsa no es la barrera: el lavado sí
Antes de guardar nada toca vaciar el armario. Aspira baldas, cajones, zócalos y grietas, también los bordes de las alfombras y la parte de atrás de los muebles, porque el aspirado se lleva larvas, pelo y pelusa. Tira la bolsa de la aspiradora enseguida y limpia el interior con agua y jabón neutro. Déjalo abierto hasta que seque del todo. Así de simple.
Revisa prenda por prenda buscando agujeros pequeños o restos de seda, que delatan a las larvas. Si algo está infestado, sepáralo y no lo mezcles con el resto. Se puede lavar a más de 50 °C si la tela lo aguanta; las prendas delicadas, a la tintorería o al congelador entre 24 y 48 horas.
Aquí llega el matiz que casi nadie cuenta. Una bolsa hermética solo protege si la prenda llega limpia: si cierras una prenda infestada, las larvas siguen comiendo dentro y lo que parecía una barrera se convierte en un criadero. Y la lavanda o el cedro ayudan, pero no son suficientes por sí solos ni alcanzan la concentración necesaria.
Qué guardar en bolsas y por qué una tarde lo cambia todo
Lo que más les gusta: jerséis y prendas de lana o cachemir, ropa de seda, abrigos de lana o con piel, mantas de fibra natural, y cualquier prenda que vayas a usar poco durante la temporada.
La regla es la misma para todas: lavar o tintorería antes de guardar, secado completo y después bolsa con cierre o caja con tapa. Mejor fundas de algodón o cajas de tela que el plástico que no transpira. Y si usas bolsas herméticas, que la prenda esté seca del todo antes de sellar.
He visto armarios enteros reorganizados en enero, con dos jerséis agujereados y la sensación de haber llegado tarde. No hace falta comprar nada raro: aspirar, lavar y cerrar bien resuelve más que cualquier producto milagroso. Lo que no revises ahora lo descubrirás en diciembre, cuando el daño ya esté hecho.
🧠 Para soltarlo en la cena
Las polillas adultas no comen lana: lo hacen sus larvas.



