La anorexia y la bulimia crecen un 71% en tres décadas: el impacto en adolescentes y jóvenes

El trabajo, publicado el 28 de octubre, apunta a los adolescentes y a los jóvenes como el grupo más afectado. La bulimia sigue siendo el trastorno más difícil de detectar porque el peso puede parecer normal.

La anorexia y la bulimia han crecido un 71% en las últimas tres décadas. Lo cifra un estudio publicado el 28 de octubre en la revista JAMA Psychiatry, que señala a los adolescentes y a los jóvenes como el grupo más afectado.

El dato se suma a una tendencia más amplia. El trabajo enmarca la subida de estos trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en el aumento global de los problemas de salud mental registrado en los últimos años. Es decir, no es un fenómeno aislado ni reciente.

¿Qué ha encontrado el estudio sobre la anorexia y la bulimia?

El estudio se detiene en dos trastornos que a menudo se confunden y que, sin embargo, funcionan de forma distinta. La anorexia cursa con un peso muy bajo y miedo a engordar. Quien la padece deja de comer, adelgaza de forma visible y mantiene un temor intenso a ganar peso, según la descripción que recoge la investigación.

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La bulimia, en cambio, apenas se nota por fuera. Puede pasar desapercibida porque el peso parece normal, y por eso las señales llegan más tarde. Se caracteriza por atracones seguidos de vómitos provocados y por una preocupación excesiva por el peso y la figura, de acuerdo con el mismo trabajo.

En cuanto a la evolución, el estudio cifra en un 71% el aumento en tres décadas. La referencia son personas estimadas con estos trastornos, no diagnósticos cerrados, y el patrón se repite en los datos: más mujeres que hombres y una mayoría de casos en edades tempranas. El matiz importa.

Treinta años de subida sostenida dibujan un problema que llega antes a los jóvenes y que el sistema sanitario atiende cada vez más.

¿A quién afecta y cómo impacta en los adolescentes?

Los adolescentes y los jóvenes concentran la mayor parte de los casos, según el estudio. La diferencia por sexo también es clara: las mujeres aparecen en una proporción muy superior a los hombres en las estimaciones. Esa combinación, juventud y género, marca hacia dónde deben dirigirse la prevención y la detección precoz.

La edad complica el diagnóstico. En la adolescencia, los cambios de peso y las conductas con la comida pueden confundirse con otras señales propias de la etapa, y la bulimia, al no alterar apenas la apariencia física, puede pasar inadvertida para las familias durante meses.

El resultado es una demanda que crece. El estudio vincula el aumento de casos con más presión sobre el sistema sanitario, que atiende cada año a más personas por este motivo. Y hay un factor que pesa: cuanto antes se detecta, mejor es la evolución. Conviene saberlo.

Dos espacios concentran buena parte de la detección temprana: el escolar y el sanitario. En la práctica, eso significa que la respuesta depende de la coordinación entre pediatría, salud mental y los equipos de los centros educativos, y de que las familias sepan identificar cuándo un cambio de hábitos deja de ser pasajero.

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Treinta años de subida: qué hay detrás y qué viene ahora

La fotografía que deja el estudio no es la de un brote repentino, sino la de una tendencia sostenida durante tres décadas. Esa lentitud explica dos cosas: que el fenómeno haya pasado en parte desapercibido y que hoy no baste con medidas de urgencia. Las cifras del estudio son estimaciones, no diagnósticos confirmados, y aun así marcan una dirección clara sobre la población joven.

El impacto a corto plazo se mide en consultas y en la presión sobre los servicios de salud mental infanto-juvenil. A medio plazo, el foco está en la prevención: formación en los centros educativos, coordinación entre especialidades y herramientas para que el entorno detecte antes lo que hoy tarda en verse. No es la única lectura, pero es la que marcan los datos disponibles.

Qué viene ahora. El estudio no fija plazos ni medidas concretas; su aportación es una serie de datos que permite comparar tres décadas y sostener la alerta sobre la población adolescente. Las decisiones corresponden a las administraciones sanitarias y educativas, que son las que traducen esa evidencia en recursos. Queda camino.

📌 El foco social: las claves

  • 🔎 Qué es lo importante: La anorexia y la bulimia han crecido un 71% en tres décadas, según un estudio de JAMA Psychiatry.
  • 👥 Quiénes son los afectados: Adolescentes y jóvenes, con una presencia mucho mayor de mujeres que de hombres.
  • ➡️ Qué consecuencias puede traer: Más presión sobre la sanidad pública y la necesidad de detectar antes los casos en el entorno escolar y familiar.