Casi 200 millones de dólares. Esa es la cifra que, según The Wall Street Journal, maneja la película de Elden Ring que dirige Alex Garland, y supone un salto de fe considerable para A24.
El dato lo adelantó el diario neoyorquino y lo han replicado esta semana medios de medio mundo. Si se confirma, el filme se convierte en la producción más cara de la historia del estudio, muy por encima de los 70 millones que costó Marty Supreme. Estamos hablando de casi el triple.
A24 rompe su propia regla no escrita
La fórmula de A24 lleva una década funcionando: presupuestos bajos, riesgo controlado y margen amplio si la cosa sale bien. Películas de 10 o 15 millones que multiplican en taquilla y permiten financiar la siguiente rareza de autor. Con Elden Ring esa lógica se va al carajo.
Porque la aritmética del cine no perdona. Se calcula que una película necesita ingresar el doble de lo que costó para considerarse rentable, así que aquí hablamos de aspirar a unos 400 millones en taquilla antes de contar streaming, vídeo bajo demanda y ediciones físicas. No es imposible. Pero tampoco es un martes cualquiera.
El dinero no es el problema; el público objetivo, sí
Las adaptaciones de videojuegos que han arrasado en los últimos años comparten un patrón: Mario, Sonic y Minecraft iban a por el público familiar, con padres comprando entradas de más. Un nicho agradecido y rentable. Elden Ring no juega en esa liga.
El material de Elden Ring es fantasía oscura, densa y con temas adultos. No hay todavía calificación oficial, pero nadie espera un PG-13 blando. El reparto confirmado hasta ahora incluye a Kit Connor y Cailee Spaeny, dos nombres que apuntan a un drama de época oscura más que a una atracción de feria.
Gastarse 200 millones no es el problema. El problema es que la taquilla exige el doble y Elden Ring no juega en la liga familiar.
Y aquí aparece la letra pequeña que A24 conoce mejor que nadie. La compañía no está acostumbrada a apostar cantidades así, pero tampoco es ajena a los batacazos: su modelo se sostiene con muchos proyectos medianos, no con un único all-in a vida o muerte.
Backrooms, Resident Evil y la aritmética que A24 ya ha probado
El precedente más cercano dentro de la casa es Backrooms: 10 millones de presupuesto y más de 197 millones recaudados este año. Un pelotazo que demuestra que el estudio sabe rentabilizar lo barato. El otro precedente es Marty Supreme, que con 70 millones se quedó en 96, muy por debajo de los 140 que necesitaba para ser un éxito.
Fuera de A24, 2026 ha dejado un balance mixto. La adaptación de Resident Evil de Zach Cregger funcionó en crítica y taquilla, mientras que Street Fighter se pegó el castañazo y Return to Silent Hill, peor todavía. O sea: el videojuego en cines ya no es una maldición, pero tampoco una garantía.
Lo interesante del movimiento es lo que dice del sector. Hace cinco años, un estudio indie con criterio no habría tocado una IP así ni con un palo. Hoy el videojuego es la nueva mina de oro de Hollywood y todo el mundo quiere su franquicia. El problema llega cuando todas las franquicias se parecen.
El estreno está fechado para marzo de 2028 y quedan muchas incógnitas: guion, tono, si Garland apuesta por la grandilocuencia visual o por ese intimismo que le ha funcionado antes. Lo único claro es que A24 ha decidido dejar de ser el indie listo y sentarse en la mesa de los grandes. Si sale bien, cambia su escala para siempre. Si sale mal, se acuerda durante años.
Hype-O-Meter
Nivel de hype: 7,5/10. Garland detrás de las cámaras y 200 millones encima de la mesa son argumentos serios, aunque el material de FromSoftware es difícil de domar sin que acabe en un tráiler de dos horas y media. Fe moderada hasta ver un teaser de verdad (y no, una foto de un yelmo no cuenta).
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? The Wall Street Journal cifra en casi 200 millones el presupuesto de la película de Elden Ring de Alex Garland.
- 🔥 ¿Por qué importa? Es el mayor desembolso de A24 y multiplica por casi tres su récord anterior.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Si funciona, el cine de videojuegos adultos cambia de escala; si no, volvemos a los presupuestos de andar por casa.



