¿Cómo leer la letra pequeña del envase? Los 3 aditivos de la marca blanca que conviene evitar

3
E450, E451 y E452 (y la familia E338-E341): los fosfatos que casi nadie mira

Los E450 (difosfatos), E451 (trifosfatos) y E452 (polifosfatos) son las sales más complejas del ácido fosfórico (E338), del que también derivan los fosfatos de sodio (E339), potasio (E340) y calcio (E341). Su función es discreta y muy eficaz: retienen agua en la carne, que gana peso y jugosidad, funden el queso en lonchas, evitan que los refrescos se separen y sostienen la textura de salsas y postres. Por eso aparecen en refrescos de cola, leche en polvo, queso fundido, jamón cocido y embutidos, surimi, pescado congelado, rebozados, bollería, patatas procesadas y complementos alimenticios, con límites que la EFSA sitúa entre 500 y 20.000 mg/kg según el alimento y sin tope fijado en chicles y suplementos. En la etiqueta se camuflan bajo categorías genéricas —estabilizantes, sales fundentes, reguladores de acidez— y el fósforo natural no se distingue del añadido.

El fósforo es un nutriente esencial, pero el de los aditivos es inorgánico y se absorbe casi por completo (90-100%), frente al 40-60% del de origen animal y al 20-40% del vegetal. En 2019 la EFSA fijó por primera vez una ingesta diaria admisible conjunta de 40 mg de fósforo por kilo de peso (unos 2.800 mg en un adulto de 70 kg), más estricta que los 70 mg/kg manejados antes, al estimar que los aditivos aportan entre el 6% y el 30% del fósforo total de la dieta, y advirtió de que lactantes, niños pequeños y niños superan ese umbral incluso con consumos medios. Ese valor no protege a las personas con función renal reducida, y un exceso de fosfato en sangre se asocia a calcificación vascular, riesgo cardiovascular y alteraciones óseas. La cohorte francesa NutriNet-Santé, con 92.000 adultos, vinculó en 2024 una mayor ingesta de E450 con un 45% más de riesgo de cáncer de mama premenopáusico.