Reconócelo: en tu cocina conviven una freidora de aire y las recetas de la abuela. Y un estudio español acaba de confirmar que no es una contradicción, sino la nueva normalidad.
Lo que ha mirado el estudio dentro de nuestras cocinas
El trabajo es cualitativo, se hizo en España y comparó las respuestas de 26 adultos menores de 30 años con las de 52 mayores de 59, todos sacados de una muestra inicial de 169 personas. Las contestaciones se recogieron entre noviembre de 2025 y enero de 2026.
Entre los jóvenes, el problema no es la falta de ganas, es el reloj. Estudios, trabajo, piso compartido y, de fondo, la sensación de no saber cocinar mucho más allá de cuatro cosas. La salida más habitual es simplificar: recetas cortas o, directamente, preparaciones que no manchen.
Ahí aparece la freidora de aire, junto al microondas y a los recipientes de silicona para cocinar al vapor. Los investigadores lo interpretan como una modernización de la cocina heredada, no como un abandono: se reduce la fritura y se tira más de plancha y de horno.
La sorpresa llega con los mayores. Crecieron entre guisos lentos, pero hoy muchos tienen olla a presión, inducción, microondas y también una freidora de aire en la cocina. El motivo cambia: para los jóvenes es tiempo; para ellos, esfuerzo físico.
La jubilación regala horas libres, sí. Pero algunos participantes hablaban de cansancio, de problemas de movilidad o, simplemente, de menos ganas de cocinar todos los días solo para uno mismo.
La tecnología cambia cómo cocinamos, pero el cocido sigue sentado en la mesa como si aquí no hubiera pasado nada.
El cocido no se jubila: la lista que repiten las dos generaciones
Cuando el estudio preguntó por los platos indispensables, las diferencias casi desaparecen. Entre los jóvenes salen la tortilla de patatas, la pasta de casa, las lentejas, el cocido y la paella. Uno de los participantes resumía su vínculo con las lentejas y el cocido diciendo que le parecían comidas 'de casa'.
Entre los mayores, los platos de cuchara aprietan todavía más: lentejas guisadas, cocido madrileño, croquetas, albóndigas y recetas de Navidad mezcladas con recuerdos de madres y abuelas. Los autores lo llaman ancla culinaria: el cocido y las lentejas aguantan el tirón generacional incluso cuando cambian las técnicas.
Lo que se nos olvida cuando decimos que los jóvenes no cocinan
Llevamos años repitiendo que la cocina de siempre se muere y que nadie enciende una olla. Este trabajo apunta a otra cosa: cambia el cómo, no el qué. Y hay un detalle que me parece el más interesante de todos: cocinar se sostiene cuando hay alguien al otro lado de la mesa. Jóvenes y mayores coinciden en eso.
Eso sí, cautela. Los propios autores piden no leer esto como el retrato de España: es un estudio exploratorio, con respuestas online, el grupo de mayores duplicaba al de jóvenes y el reclutamiento digital pudo atraer a gente ya interesada en alimentación. Es una foto pequeña, no el retrato de toda España.
Con todo, la foto sirve. La freidora de aire no ha venido a matar el cocido, ha venido a hacerle sitio entre semana. El domingo, olla. El martes de pereza, cesta y veinte minutos.
💡 El truco del almendruco
Tiempo total: 20 minutos, frente a la hora y media de un guiso tradicional. Nivel de dificultad: fácil. El consejo: cocina el doble el domingo y guarda raciones; la freidora de aire no arregla la falta de tiempo, te la administra mejor.




