El domingo cambia el ritmo de Madrid. Hay comercios que echan la persiana y barrios que amanecen más tranquilos, pero también una oferta que solo existe ese día o que, sencillamente, funciona mejor que ningún otro. Los cinco planes que siguen parten de ese criterio: son propuestas ligadas a la jornada dominical, no actividades cualesquiera a las que se les haya colocado la etiqueta del día festivo. Algunas dependen de un horario muy concreto —el Rastro se monta de madrugada y se recoge por la tarde— y otras solo abren cuando llega el fin de semana.
El segundo filtro es práctico: todos se resuelven sin coche, en transporte público, y ninguno exige gastar mucho. Se mezclan jardines históricos, paseos junto al río, mercadillos y una sesión de filmoteca por el precio de un café. Conviene consultar antes los horarios, porque hay espacios con apertura restringida a sábados, domingos y festivos, y otros que a media tarde ya han cerrado sus puertas. La idea es salir de casa con un plan cerrado y dejar el sofá para la noche.
4Matadero Madrid y atardecer en Madrid Río: exposiciones gratis y puesta de sol en el Puente de Arganzuela
Matadero Madrid, el antiguo matadero municipal reconvertido en centro de creación contemporánea, ocupa varias naves de ladrillo neomudéjar en la plaza de Legazpi (metro Legazpi), al final del paseo de la Chopera. El domingo abre de par en par con una programación en la que lo gratuito es la norma: la Nave 0 acoge 'Abierto x Obras', intervenciones site specific en la antigua cámara frigorífica, más de 800 metros cuadrados de acceso libre; la Casa del Lector y la Central de Diseño mantienen exposiciones sin coste hasta media tarde, y la fachada de la Nave 15 se ha convertido en sala con los retratos de Estela de Castro ('The Animals', hasta junio de 2026). A eso se suman las sesiones de Cineteca y los festivales que pasan por sus naves a lo largo del año, como el L.E.V. de electrónica visual o Animario.
El broche lo pone Madrid Río: basta cruzar el paseo para caminar por el parque lineal que ocupó el trazado de la antigua M-30 hasta el Puente Monumental de Arganzuela, la pasarela helicoidal de acero y madera que Dominique Perrault firmó e inauguró en 2011. Sus 278 metros de doble espiral se encuentran en una colina artificial que hace las veces de terraza-mirador: al norte queda el Puente de Toledo, del siglo XVIII, y al sur el parque de Arganzuela con su playa urbana, además de la lámina de agua y las hileras de árboles. Al atardecer la malla metálica refleja el sol y, al caer la noche, la iluminación interior convierte el recorrido en un corredor luminoso. Su integración en Madrid Río recibió en 2016 el premio Veronica Rudge Green de la Universidad de Harvard. Conviene recordar que el suelo de listones de madera resbala si ha llovido.
