El domingo cambia el ritmo de Madrid. Hay comercios que echan la persiana y barrios que amanecen más tranquilos, pero también una oferta que solo existe ese día o que, sencillamente, funciona mejor que ningún otro. Los cinco planes que siguen parten de ese criterio: son propuestas ligadas a la jornada dominical, no actividades cualesquiera a las que se les haya colocado la etiqueta del día festivo. Algunas dependen de un horario muy concreto —el Rastro se monta de madrugada y se recoge por la tarde— y otras solo abren cuando llega el fin de semana.
El segundo filtro es práctico: todos se resuelven sin coche, en transporte público, y ninguno exige gastar mucho. Se mezclan jardines históricos, paseos junto al río, mercadillos y una sesión de filmoteca por el precio de un café. Conviene consultar antes los horarios, porque hay espacios con apertura restringida a sábados, domingos y festivos, y otros que a media tarde ya han cerrado sus puertas. La idea es salir de casa con un plan cerrado y dejar el sofá para la noche.
1Rastro temprano y aperitivo en La Latina: el clásico que solo existe los domingos
El Rastro arranca a las nueve de la mañana —los puestos se montan desde las ocho y a las tres de la tarde empiezan a recogerse—, así que el plan solo funciona si se madruga. Quien llega a La Latina sobre las 9:30 se encuentra el mercadillo en su mejor versión: alrededor de Cascorro y a lo largo de la cuesta de la Ribera de Curtidores se despliegan más de un millar de puestos ante los que todavía se puede curiosear sin los empujones de media mañana, cuando la riada de visitantes hace casi imposible avanzar. Ahí está buena parte de su mérito: un mercado documentado desde 1740 en la antigua zona de mataderos y curtidurías —de ahí el nombre, por el rastro de sangre que dejaban las reses camino de las tenerías— que conserva calles temáticas con memoria gremial, como San Cayetano (los pintores), Carnero y Carlos Arniches (libros de viejo) o el Campillo del Mundo Nuevo (cromos y revistas).
El segundo acto llega al mediodía y es el que convierte el paseo en un clásico: dejarse caer hacia el corazón de La Latina a tomar el aperitivo. La costumbre es empezar con un vermú de grifo o una caña bien tirada en la zona de Cascorro, la plaza de la Cebada o las plazas de Vara del Rey y Campillo del Mundo Nuevo, y alargarlo con tapas de toda la vida. Los del barrio repiten en Casa Amadeo (Cascorro, 18), con sus caracoles en salsa y local abierto desde 1942; en el Bar Santurce, donde las sardinas a la plancha, los pimientos de Padrón y el vermú casero se despachan casi de pie; en El Capricho Extremeño o Ca' Kiko, con las tostas que provocan cola cada domingo; o en Bar Cruz, con navajas y oreja a la plancha. Un ritual que no depende del tiempo, que no cuesta entrada y que solo despliega su versión completa un día a la semana.
