Como nos podíamos imaginar, el verano de 2026 ha sido el más cálido en España desde 1950 en temperaturas mínimas, según los datos de Copernicus, el programa europeo de observación y monitorización de la Tierra.
No hubo tregua cuando se puso el sol. Las noches, esas horas en las que el cuerpo recupera lo que le quita el día, fueron las más cálidas de la serie histórica. Las mínimas de 18,4 grados son las más altas desde 1950 y quedan 2,6 grados por encima del periodo de referencia 1991-2020.
La marca anterior estaba a tiro, puesto que el verano de 2025 cerró con 17,8 grados de media y una anomalía de 2 grados sobre la misma referencia. El verano de 2026 ha elevado el listón medio grado más y confirma una tendencia que ya no se explica solo con episodios puntuales.
Los datos salen del sistema ERA5-land, que reconstruye el clima hora a hora sobre una cuadrícula de unos 9 kilómetros de lado y arranca en 1950. Copernicus compara así retícula a retícula todo el territorio español. Hace tres décadas era raro que una jornada superara los 20 grados de mínima; en 2026 lo ha hecho una de cada cuatro.
En concreto, 25 de los 99 días analizados entre junio y el 7 de septiembre pasaron ese umbral, el que marca cuándo una noche se considera tropical. Si se calcula por zonas, la media sube a 35,5 noches tropicales, casi 20 más (19,9) que en el periodo 1991-2020. El exceso cambia la forma de descansar en verano, y no se reparte igual por el país.
Las ciudades y el Mediterráneo, imán para el calor de las noches
Las zonas más castigadas son la costa mediterránea y las grandes ciudades. Dominic Royé, investigador Ramón y Cajal en el CSIC y secretario de la Asociación Española de Climatología, ha descrito en declaraciones recogidas por El Correo dos mecanismos que explican por qué algunas noches no bajan.

El primero es el mar, asegurando que en la franja costera mediterránea, la brisa nocturna que normalmente entra a enfriar la costa llega cargada del calor acumulado en la superficie marina durante el día. "Si el mar está anómalamente cálido, esta brisa deja de ser refrescante y pasa a funcionar casi como un radiador nocturno", afirma.
Las ciudades añaden el segundo factor. El efecto isla de calor urbana —el asfalto, el hormigón, y la falta de vegetación acumulan calor durante el día y lo liberan de noche— se suma a la actividad humana. De ahí el contraste entre el centro de las grandes ciudades y el entorno rural.
El exceso de calor no se reparte por igual: en Tarragona la noche ha sumado 45,5 jornadas más sin bajar de los 20 grados
Por provincias, el exceso más alto aparece en Tarragona (45,5 noches tropicales de más), Girona (37,4) y Barcelona (34,7), todas en el litoral. Fuera de la costa, Toledo (34,2) y Albacete (34,1) también figuran en cabeza.
El impacto directo está en el descanso. Dormir con temperaturas que no bajan de los 20 grados fragmenta el sueño, y eso se nota al día siguiente en el ánimo, la concentración y el rendimiento. Repetido durante semanas, el cuerpo pierde su ventana natural de recuperación.
Excesos térmicos en verano y décadas de calentamiento global
Hay un matiz que conviene entender para medir bien el récord. La referencia 1991-2020 ya recoge décadas de calentamiento global. Si la comparación se hiciera respecto a un periodo más antiguo, el exceso térmico de este verano sería todavía mayor, apunta Royé en El Correo.
También conviene leer los números con su letra pequeña. Miden la temperatura del aire a dos metros de la superficie, no la sensación térmica, que depende del viento, la humedad y la radiación. Y el promedio nacional esconde diferencias enormes entre una sierra y un paseo marítimo.
Sea como fuere, 2026 combina una ola de calor marina en el Mediterráneo con episodios anticiclónicos persistentes, y a eso se suma un mar con mucha más inercia térmica que la atmósfera, ya que no se enfría de un día para otro como sí puede hacerlo el aire.
Con este punto de partida, el calor nocturno deja de ser una anécdota del tiempo y se convierte en un asunto de descanso, de salud y de diseño urbano. La comparación con los próximos veranos dirá si el récord de 2026 se consolida o si es un escalón más de una serie que va cuesta arriba.



