El 'jet lag alimentario' de fin de semana: por qué comer a deshoras sube tu riesgo cardiovascular

Un estudio del INRAE con 104.806 adultos vincula el desfase de horarios entre semana y fin de semana con más riesgo cardiovascular. Cada hora extra de desajuste sube ese riesgo un 14% en los hombres.

Reconócelo: el sábado desayunas a las once y el lunes, a las siete. Ese vaivén tiene nombre, jet lag alimentario, y no sale gratis.

Qué es exactamente el jet lag alimentario (y cómo se mide)

Investigadores del INRAE, el Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente de Francia, han comprobado que comer a horas muy distintas entre semana y fin de semana se asocia con más riesgo cardiovascular. Lo publican en la revista Communications Medicine.

La idea es sencilla y aplica a cualquiera que madrugue de lunes a viernes. El equipo analizó a 104.806 adultos de la cohorte NutriNet-Santé entre 2009 y 2023 y comparó la hora de su primera y su última comida en días laborables y en días libres. Es decir, midieron el jet lag de las comidas igual que se mide el de un vuelo transoceánico.

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Con eso separaron a la gente en tres grupos: los que comen antes el fin de semana (adelanto, unas dos horas de media), los que mantienen horarios parecidos (regular) y los que comen más tarde (retraso, alrededor de una hora y cuarenta minutos).

Los resultados apuntan sobre todo a los hombres: cada hora extra de desfase sube un 14% el riesgo cardiovascular y un 21% el de enfermedad coronaria. Traducido a la vida real, cenar a las once y media el sábado y a las ocho y media el martes no es solo una anécdota de agenda.

Tanto el grupo del adelanto como el del retraso mostraron más riesgo que el regular, y en las mujeres no apareció una diferencia significativa. Los propios autores avisan de que hace falta más investigación para hablar de causa y efecto.

No importa solo la hora a la que cenas: importa la diferencia entre tu martes y tu sábado.

Por qué los hombres sí y las mujeres no

Aquí no hay una respuesta cerrada, solo hipótesis. Los autores hablan de dimorfismo sexual (diferencias fisiológicas entre sexos), de estilos de vida y circunstancias laborales distintos y de un detalle que pesa: el riesgo absoluto de enfermedad cardiovascular ya es mayor en los hombres de partida.

Bernard Srour, director de investigación del INRAE, lo resume así: si hace unos años la pista era cenar tarde, ahora el foco está en la regularidad. Mantener horarios parecidos entre semana y fin de semana 'puede ser igual de importante', y esas asociaciones se sostienen incluso ajustando las horas de sueño.

Y ahí está lo que más me ha llamado la atención: no es solo la dieta ni las horas de sueño. Es cuándo comes y, sobre todo, cuánto cambia ese cuándo de un día para otro.

Lo que ya sabíamos de cenar tarde (y qué añade este estudio)

Que comer de noche no le hace ningún favor a tu corazón no es nuevo. Los turnos de trabajo nocturno llevan años en el punto de mira, y los estudios sobre cenas tardías vienen de lejos. La novedad está en el enfoque: no la hora concreta, sino la irregularidad.

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Mi lectura es que este trabajo, observacional y con más de cien mil personas detrás, sirve para algo muy concreto y nada dramático. No te va a pasar nada por una paella a las cuatro un sábado. Lo que suma es el desfase crónico de cada semana: desayunar a las siete y luego a las doce, cenar a las ocho y luego a las once. Si te quedas con una sola idea, que sea esta: antes que comer temprano, come siempre a la misma hora.

🧠 Para soltarlo en la cena

Cambiar los horarios de comida el finde castiga tu corazón.