Armar una lista de cinco películas para un fin de semana obliga a dejar fuera decenas de títulos que merecerían estar. Esta selección no responde a estrenos recientes ni a novedades de catálogo, sino a lo contrario: películas que llevan décadas en pie y que siguen funcionando sin la ayuda de la nostalgia. El recorrido abarca 52 años, de 1942 a 1994, y salta del Hollywood clásico al cine japonés para mezclar el drama de mafiosos con la ciencia ficción, el melodrama de guerra y la épica de samuráis.
Ninguna de las cinco es una rareza de culto: todas ocupan un lugar central en la historia del cine, y ahí está el criterio. Se han elegido por lo que cambiaron —la manera de narrar el crimen, de imaginar el espacio, de filmar una batalla— y por lo que todavía aguantan: volver a verlas no las desgasta, las agranda. El orden no es un ranking, sino un reparto del fin de semana entre cinco formas muy distintas de entender el cine, firmadas por Coppola, Curtiz, Kubrick, Kurosawa y Tarantino.
1El padrino (Francis Ford Coppola, 1972)
Pocas películas han resistido el paso del tiempo con la autoridad de El padrino. Francis Ford Coppola adaptó en 1972 la novela de Mario Puzo y firmó junto a él un guion que convirtió un relato de mafiosos en un drama sobre el poder y la familia. La Academia la nominó en diez categorías y le entregó tres Oscar —mejor película, mejor actor para Marlon Brando y mejor guion adaptado—, además de cinco Globos de Oro. Con un presupuesto cercano a los seis millones de dólares, superó los 245 millones de recaudación mundial y llegó a desbancar a Lo que el viento se llevó como la cinta más taquillera de la historia.
Su lugar en cualquier lista de visionado obligatorio no depende solo de las cifras. La película retrata a una familia inmigrante y el precio moral del ascenso: Michael Corleone, interpretado por Al Pacino, pasa de querer mantenerse al margen del negocio a encarnar todo lo que su padre representaba. Coppola lo resumió como una historia menos sobre gánsteres que sobre el poder y su sucesión. A ello se suman la banda sonora de Nino Rota y unos diálogos instalados en el lenguaje común. El Instituto de Cine Americano la situó en 2007 como la segunda mejor película de la historia, solo por detrás de Ciudadano Kane, y Rotten Tomatoes la mantiene en cabeza de su ranking con un 97% de críticas positivas.
