Los divulgadores culturales ganan terreno en plena crisis de los influencers

Los perfiles de historia, arte, literatura y ciencia ganan peso como alternativa al aspiracionalismo. Las marcas ya miran más la confianza que los seguidores.

La crisis de los influencers ha abierto una rendija y los divulgadores culturales se han colado por ella. Lo que antes era aspiracionalismo puro, lujo y vidas imposibles, ahora compite con perfiles que explican Roma, el Barroco o un libro. Y ganan terreno.

La tendencia la acaba de radiografiar El Periódico con datos y voces del sector. Los divulgadores culturales ya no son el plan B de las redes: son una alternativa real para una audiencia harta de humo. En la lista aparecen perfiles como Fernando Bonete (@en_bookle), El Barroquista o Elena Herraiz.

La burbuja del influencer aspiracional se desinfla

La crisis no es un rumor. Las polémicas recientes y el hartazgo con las vidas de lujo han empujado a parte del público hacia creadores que aportan algo más que un outfit. Marisa Oliver, CEO de Hamelin Agency, lo resume: 'Un divulgador científico, cultural o educativo también puede ser influencer'.

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Para Oliver, la influencia ya no se mide solo en clics ni visualizaciones. 'Deberíamos hablar de confianza, credibilidad, conversación, impacto y huella', añade. Es el giro que planea sobre toda la industria.

Sin humo. Solo contexto.

De Roma al Barroco: los divulgadores que viven su mejor momento

La lista es larga. Néstor F. Marqués tiene casi 80.000 seguidores en Instagram hablando de la Antigua Roma, y Nuria Moliner supera los 80.000 con arquitectura. Clara González Freyre de Andrade pasa de los 220.000 con arte y Kenya Stéphanie, de los 200.000 con literatura.

La influencia ya no es cuánta gente te ve en un momento, sino si esa gente cambiaría su forma de pensar por lo que dices.

Elena Herraiz está por encima de los 500.000 con lengua y ortografía. Patricia Fernández roza los 250.000 en Instagram y suma 500.000 en TikTok con literatura clásica. Y Fernando Bonete, @en_bookle, supera los 700.000 hablando de libros en su perfil oficial de Instagram.

Miguel Ángel Cajigal, El Barroquista, empezó como blog hace más de una década. Hoy tiene cerca de 60.000 seguidores en Instagram, más de 230.000 en X y tres libros publicados. El Barroquista ha construido una autoridad basada en el conocimiento, no en el hype.

La influencia ya no se mide en seguidores (y las marcas lo saben)

Sergio Barreda, CEO de Keepers y presidente de APIDE, lo tiene claro: 'Influir no significa necesariamente conseguir que alguien compre un producto'. Habla de cambiar la percepción, aprender algo o interesarse por la ciencia. La autoridad construida a través del conocimiento vale más que un millón de views vacíos.

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El precedente es obvio. Antes, los creadores con millones de seguidores acaparaban campañas. Ahora las marcas preguntan por la comunidad, la credibilidad y la coherencia. No quieren llegar a todo el mundo, sino a las personas adecuadas. El pódcast, el vídeo largo o las newsletters ganan peso.

Aquí va el matiz que no todos cuentan. El Barroquista advierte de los peligros de la divulgación triturada: 'Siempre va a haber cosas que se te van a escapar'. Los vídeos ofrecen píldoras adaptadas al gusto. Menos crítica a veces. Por eso su objetivo no es ser influencer, sino dar herramientas de pensamiento.

La responsabilidad, insiste Oliver, debería crecer con la capacidad de influir. La visibilidad es un medio, no el fin. Las marcas ya miran la capacidad creativa y la coherencia. No solo quién tiene más seguidores.

El Salseómetro

Nivel de salseo: 3/10. No hay beef entre streamers ni clip polémico, pero el malestar de fondo con los influencers aspiracionales da para debate largo. Las cifras de los divulgadores son reales y la tendencia no es humo (otra cosa es que termine cambiando el algoritmo, ya se verá).

📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)

  • 👤 De quién hablamos: De los divulgadores culturales que crecen en redes.
  • 📲 En qué red social ha pasado: Sobre todo en Instagram y TikTok.
  • 🔥 Por qué es viral: Porque el hartazgo con el lujo inflado empuja a la audiencia hacia el conocimiento.