El precio de los alimentos podría subir hasta un 15% en dos años, según el informe de Crédito y Caución. La estimación concreta es un 11,6% de encarecimiento este año y otro 4,6% en 2027.
No hablamos de un susto puntual. La presión llega desde la geopolítica, la energía y el clima, y se traduce en inflación alimentaria (la subida sostenida del precio de los alimentos).
Por qué se encarece la cesta: del estrecho de Ormuz a Ucrania
El informe apunta a la incertidumbre geopolítica como principal detonante. El cierre del estrecho de Ormuz ya ha provocado un aumento de los precios de la energía y de los fertilizantes, y ese sobrecoste viaja directo a los alimentos.
La guerra en Ucrania suma más leña. Los ataques a puertos, terminales de carga y buques han interrumpido las exportaciones de cereales de la región y reducido los volúmenes comerciales. Al mismo tiempo, los ataques contra refinerías e infraestructuras de exportación rusas impulsan al alza los precios mundiales del petróleo y los fertilizantes.
Y luego está el clima. Las temperaturas extremas de este verano pueden reducir el rendimiento de los cultivos en Estados Unidos y Europa. Un episodio intenso de El Niño añadiría más presión, porque recorta cosechas y descoloca el comercio agrícola mundial.
La energía es el tercer frente. La producción de alimentos en Europa consume mucha electricidad y gas, sobre todo en refrigeración, calefacción y procesamiento. Eso agrava los retos ya existentes en la cadena alimentaria.
El ticket de la compra no sube por casualidad: sube por la energía, los fertilizantes, la guerra y un clima cada vez más extremo.
El análisis cita además los costes laborales altos, las cargas normativas y la limitada capacidad para fijar precios. Traducido: a la industria le cuesta repercutir el aumento de costes en un mercado minorista altamente competitivo y dominado por grandes operadores.
Qué notas tú en el súper: la marca blanca y el precio por kilo
Tras la inflación de 2023, muchos hogares se pasaron a la marca blanca (los productos del propio supermercado, normalmente más baratos) y reajustaron su consumo. Un nuevo repunte fuerte puede obligar a repetir la jugada, según advierte el propio informe.
En la práctica, la subida no se reparte igual. Los productos que dependen de cereales fertilizantes o refrigeración son los que más notan el golpe. Pan, pasta, lácteos o carne procesada suelen reaccionar antes. La fruta y la verdura de temporada, en cambio, pueden aguantar algo mejor si el clima no sigue castigando.
El ticket medio no se comporta igual en todos los hogares. Quien vive solo y compra poco a poco nota más el coste por unidad; las familias con niños notan la subida en volumen. En ambos casos, la estrategia pasa por anticipar y no improvisar frente al lineal.
Por qué este golpe puede doler más que el de 2023
No partimos de cero. La inflación de 2023 ya obligó a los hogares a cambiar de hábitos. Muchos recortaron marca, compraron menos caprichos y aguantaron con lo justo. Si 2026 cierra con un encarecimiento del 11,6%, el margen de ajuste es menor, porque el colchón que quedaba ya se usó.
El informe lo dice sin rodeos: un repunte fuerte en este contexto podría tener consecuencias devastadoras para las familias. No es un adjetivo exagerado. Es el resultado de sumar años de tensión al precio del súper con salarios que no crecen al mismo ritmo.
La clave no está en gastar menos comiendo peor, sino en comprar con más lógica. Revisar el precio por kilo, las ofertas reales y no el descuento del envase. Congelar pan o verduras cuando bajan. Y sustituir caprichos procesados por alternativas de temporada, que suelen tener menos presión de costes energéticos.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 💸 ¿Qué ha cambiado? El informe prevé que los alimentos suban un 11,6% este año y un 4,6% en 2027.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? A todos los hogares, sobre todo a los que ya dependen de la marca blanca desde 2023.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Comparar precio por kilo y comprar de temporada para frenar el golpe en el ticket.



