He encontrado los 5 trucos para que la berenjena no absorba aceite (y funcionan de verdad)

La pulpa de la berenjena actúa como una esponja, pero con un poco de preparación previa se fríe con la mitad de grasa. Te cuento los cinco gestos que de verdad marcan la diferencia.

Voy a confesarte una cosa: más de una vez he acabado con una berenjena frita que parecía un chupetón de aceite.

Por qué la berenjena se convierte en una esponja

La culpa no era ni mía ni tuya, así que respira tranquilo. La pulpa de la berenjena está llena de diminutas bolsas de aire que, al contacto con el aceite caliente, funcionan como una esponja de lo más eficaz. No es una frase bonita: es pura física. Si aún no te lo crees, puedes mirar la entrada de la berenjena en Wikipedia para ver que esa estructura es tan real como tu sartén.

Lo bueno es que no hace falta despedirse del aceite para que la berenjena quede tierna y jugosa. Basta con prepararla bien antes de girar el mando de la vitro. Con cinco gestos que se aprenden en una tarde pones fin a la berenjena aceitosa.

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Los 5 trucos para que la berenjena deje de beberse el aceite

El primero es cortar todos los trozos con un tamaño parecido. Da igual que vayan en rodajas o en bastones, pero si unos pedazos son finos como papel y otros gordos como un dedo, la fritura se descontrola. Los trozos finos se deshacen al instante y los gruesos quedan duros por dentro. Con un cuchillo en condiciones y un poco de calma empiezas a ganar la partida.

El segundo truco es salar la berenjena cruda y dejarla reposar entre veinte y treinta minutos dentro de un colador. La sal extrae parte del agua de las células y, de paso, colapsa las bolsas de aire de la pulpa. Si le pones encima un plato con un peso ligero, aceleras el drenaje y no se queda el agua ahí estancada. Lo sé, da un poco de pereza, pero funciona.

Pasado ese rato, verás que ha soltado un líquido oscuro. Tíralo y seca cada trozo con papel de cocina o con un trapo limpio, presionando con suavidad para quitar la humedad y el exceso de sal. Si dejas los trozos húmedos, el vapor retrasa el sellado y la berenjena acaba empapada igualmente. Aquí no hay atajos.

Una berenjena bien seca y salada frita se nota en el paladar: deja de ser una esponja y se convierte en un bocado suave.

El cuarto truco es el que más me costó aprender: pincela el aceite sobre la berenjena en vez de echarlo a chorro en la sartén. Si viertes un charco, los trozos que tocan el fondo absorben todo el líquido antes de que lleguen los demás. Con un pincel de cocina repartes una capa fina por las dos caras y usas la cantidad justa.

Por último, calienta la sartén a temperatura media-alta y cocina en tandas pequeñas, sin amontonar las piezas. El calor fuerte sella la superficie de cada trozo y reduce la absorción de grasa. Si llenas la sartén de golpe, se genera vapor, se baja la temperatura y el dorado se esfuma.

¿Merece la pena tanto trasteo con una simple berenjena?

Te digo la verdad: las primeras veces me daba pereza salarla y esperar media hora. Luego entendí que ese tiempo de reposo se amortiza con una berenjena mucho más ligera, que te sienta de maravilla y no te deja esa sensación de ladrillo en el estómago. En casa ya hemos jubilado el método de echar el aceite a lo loco, y no lo echo de menos.

No es magia, es física de la de andar por casa. Son cinco minutos de preparación para que una berenjena no sepa a puro aceite. Para mí, es de esos trucos de cocina que una vez que los pruebas, no hay vuelta atrás. Y si alguien en casa dice que no nota la diferencia, que fría la siguiente.

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💡 El truco del almendruco

Tiempo total: 35 minutos (contando el reposo). Nivel de dificultad: fácil. Un consejo extra: si la haces al horno, pincela la bandeja en lugar de las piezas.