El precio de la cesta de la compra: por qué la inflación deja tu nevera a medias

El IPC subió un 4,3% interanual en agosto y la subyacente quedó en el 2,9%. Aunque la inflación se modere, los precios siguen subiendo y la cesta de la compra se encoge semana a semana.

El IPC subió un 4,3% en agosto y tu cesta lo nota: pagas más y metes menos.

La trampa del lenguaje económico: que la inflación baje no es que bajen los precios

Decir que la inflación baja puede sonar a que bajan los precios. No es así. Es una de las pequeñas trampas del lenguaje económico: la inflación mide cuánto sube la vida, no cuánto baja. El IPC (Índice de Precios al Consumo, lo que mide cuánto sube la vida) avanzó un 4,3% interanual en agosto, y la subyacente (la inflación sin contar energía ni alimentos frescos, la que marca la tendencia de fondo) se situó en el 2,9%, según el análisis de Expansión.

El ejemplo más claro lo explicaba el propio análisis: una clienta volvió del súper con una bolsa menos que de costumbre. Llevaba leche, huevos, tomates, café, detergente y pechugas de pollo. Lo que faltaba era una botella de vino. No la había olvidado; la dejó en la estantería porque la cesta se le iba de precio. 'La próxima vez', se dijo.

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Lo que tu cesta pierde antes de que lo notes

Primero desaparece la botella de vino. Luego dejas de comprar carne cada vez que vas al súper. El aceite de oliva virgen extra se convierte en un producto de lujo. Y llega un día en el que ya no intentas comprar barato: intentas no notar que estás comprando peor.

Y no es solo dejar de comprar. Es sustituir: la marca blanca por la de siempre, el formato grande por el mediano, el producto fresco por el envasado. La cesta se llena igual, pero rinde menos.

Los datos oficiales sostienen que los precios siguen subiendo. El IPC avanzó un 4,3% interanual en agosto y la inflación subyacente se situó en el 2,9%. Pero el consumidor tiene su propio registro de precios en la memoria. Ese registro le dice, por ejemplo, que aquella tortilla envasada costaba tres euros menos. Puede equivocarse o no, pero así se asimila la sensación de carestía.

La inflación no te arruina de golpe; te va quitando cosas de la cesta hasta que un día compras menos sin haberte dado cuenta.

El efecto acumulado: por qué sientes que compras peor, no más barato

Y hay algo extraño en estas discusiones. Cuando la inflación baja del 6% al 3% celebramos que los precios suben más despacio. Tenemos razón, pero la cesta sigue saliendo más cara. Es la otra trampa: celebrar una desaceleración que no alivia el ticket final.

A efectos prácticos, lo que importa es la acumulación. Una subida del 4,3% parece pequeña sobre el papel, pero se suma a la de 2022 y a la de 2023. La mayoría de los hogares ha interiorizado ya que comprar mejor no es lo mismo que comprar más caro: es comprar distinto. El resultado es una inflación que no se nota tanto en el dato como en el gesto de devolver un producto a la estantería.

El precedente más claro fue el aceite de oliva. En plena escalada de precios, el virgen extra pasó de ser un básico a un capricho para muchos. El consumidor no dejó de cocinar; dejó de gastar en una categoría entera. Ese es el patrón que se repite ahora con la cesta completa. La pregunta no es cuánto sube la inflación este mes, sino cuánto más se puede pedir a los ciudadanos que renuncien a su antigua sensación de bienestar. Lo que toca vigilar en los próximos meses es la inflación de los alimentos, que es la que de verdad decide cuántas bolsas llenas caben en el presupuesto.

En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)

  • 💸 ¿Qué ha cambiado? El IPC subió un 4,3% en agosto y la subyacente quedó en el 2,9%.
  • 👥 ¿A quién afecta exactamente? A cualquiera que haga la compra semanal y vea cómo la cesta se encoge.
  • ¿Qué puedes hacer al respecto? Revisar qué productos sustituyes cada semana y ajustar el presupuesto antes de que toque renunciar a más.