El regreso de Oasis ha sido uno de los momentos más importantes de la cultura pop en el siglo XXI. Para muchos, incluso con ofertas económicas multimillonarias de por medio, la posibilidad de que Liam y Noel Gallagher firmaran la paz se hacía más distante con cada día, cada disco en solitario y cada concierto del grupo. Por tanto, el anuncio de su gira mundial de 2025 fue visto como un gran motivo de celebración.
No es para menos. Los dos primeros discos de la banda de Manchester son tan importantes para entender el rock en los noventa como los de Nirvana, y son el hogar de algunas de las melodías más importantes de la década, como «Wonderwall», «Supersonic», «Don't Look Back in Anger» o «Live Forever». La idea de un documental que deje registro de su reunión, de cómo se fraguó, del complejo proceso de volver a ensayar como banda y de cómo llegaron los Gallagher a firmar la paz podía ser interesante, pero eso no es lo que se cuenta en Don't Look Back in Anger.
El documental consiste en dos horas explicando por qué Oasis es la mejor banda de rock de todos los tiempos, al menos según Oasis, lo mucho que significa para sus fans y lo bien que suenan en directo (esto último es indiscutible). Es, en resumen, otro documental de bandas y artistas pop que se sumará al catálogo de una plataforma de streaming, en este caso Disney+, y será olvidado excepto por algún fanático especialmente pasional, lejos del genial y revelador Supersonic o del experimental Moonage Daydream, que retrataba la etapa dorada de David Bowie.
El problema es que cae en un ciclo demasiado repetitivo. Tras un primer segmento, con diferencia el más interesante, en el que se permite ver parte de los ensayos previos y a Liam y Noel dar forma a los nuevos arreglos de algunas de sus canciones más icónicas, simplemente se muestra una nueva ciudad, con el testimonio de algún fanático explicando lo mucho que significa el grupo y alguna frase de los propios Gallagher hablando de lo mucho que simbolizan estas canciones.
El carisma de los Gallagher
Pero esto no quiere decir que no haya nada interesante en el documental. Aunque dos horas son demasiado tiempo, la entrevista central en la que ambos hermanos se permiten hablar con cariño uno del otro es lo más valioso de la pieza, sobre todo tras años de insultos en redes sociales y declaraciones cruzadas. Pero al separar las respuestas durante las dos horas de documental, esta se diluye demasiado. Ojalá en algún momento Disney decida colgarla completa.

Por otro lado están las grabaciones de la gira de reunión. Lo cierto es que es difícil no emocionarse al ver a Liam cantar «Live Forever» en cualquier estadio del mundo, o ante la explosión que aún hoy generan canciones como «Supersonic» o «Cigarettes & Alcohol». Pero también dejan claro que una película de concierto, al estilo de Shine a Light o El último vals, las de Scorsese, podría haber sido más interesante de ver. En lugar de eso, hay que escuchar al club de fans global de la banda repetir en cada destino lo emocionados que están por verlos.
Escuchar a Oasis fuera del estadio
Por otro lado, el documental, casi por accidente, termina siendo un testimonio del doloroso estado al que empresas como Live Nation, encargada de la gira, o Ticketmaster han llevado la música en directo. Hay varios vídeos de fanáticos escuchando al grupo fuera de estadios como el Allianz Arena de Múnich o colándose en el Heaton Park de Manchester para ver al grupo y escucharlo desde fuera del concierto.
El propio Liam lo reconoce durante una canción en el concierto de su ciudad natal, aunque la banda no ha hecho nada al respecto. Es el primer documental de una gira que captura este fenómeno que también se ha hecho evidente en eventos como la gira Debí tirar más fotos de Bad Bunny o los conciertos de Linkin Park en Madrid, con la montaña cercana al recinto Miguel Ríos. Es una realidad difícil de ignorar, y que se hará más evidente a medida que aumente el precio de las entradas, hasta el punto de que en algún momento cobren también por estar cerca del estadio mientras toca el grupo.




